• 24-nov-2020.

Una historia olvidada del virreinato en Texas

La colonización del norte novohispano

José Medina González Dávila

El Virreinato de la Nueva España no solo fue un destacado periodo de la historia de nuestro país, sino también un referente social y cultural sin precedentes que definió el curso de nuestro pasado y también el de nuestro porvenir.

 

En aquellas áridas y extremosas tierras del norte de la Nueva España, en la región noreste que ahora conocemos como Texas, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, los peninsulares e hidalgos vasallos de la Corona en el siglo XVII y XVIII se encontraban en un dilema complejo: por un lado, estaban en una coyuntura internacional en la cual el virreinato seguía en un proceso de expansión y consolidación de su territorio en las inexploradas y agrestes tierras al norte.

Por otro lado, emprender tal empresa implicaba asumir cuantiosos riesgos, gastos y aproximaciones cuya estrategia no estaba del todo definida. Al norte novohispano, los franceses se encontraban en pleno proceso de exploración y expansión, y para hacer frente a tales condiciones era necesario establecer una presencia española –ya sea peninsular o hidalga– sobre la cual reclamar soberanía territorial.

Pero esto era más fácil decirlo que hacerlo. Aquellos aventurados a semejante empresa, ya sea por fe, convicción o interés, debían hacer frente a un terreno inherentemente hostil, extremoso, inexplorado y controlado por grupos amerindios caracterizados por no ser particularmente receptivos a los foráneos.

Apaches lipanes, tarankawas, karankawas, coahuiltecos, carrizos y posteriormente comanches dominaban este territorio con fiero y aguerrido empeño; y mientras era innegable que buena parte de estos grupos eran pacíficos y dedicados al comercio, también existían sociedades guerreras, hostiles con todos aquellos que no hablaran su lengua; incluso, hay evidencias de que algunos grupos practicaban la antropofagia ritual. Era evidente que este escenario era potencialmente disuasorio entre aquellos que vieran en estas tierras un futuro promisorio en aquel momento.

Pero esto no influyó negativamente en la mente de los misioneros novohispanos, quienes aferrados a una convicción de llevar el Evangelio a tierras remotas y convertir a los nativos alejados de la fe, idearon estrategias eficaces para llegar a estos territorios y superar los obstáculos que enfrentaban. Sin duda, la Corona española vio con buenos ojos esta empresa, ya que consideraba que, si dichos misioneros eran acompañados por un pequeño contingente militar, era posible establecer presidios y fuertes.

En conjunto, militares y misioneros podían establecer asentamientos que eventualmente convirtieran a los indios y los sometieran a un vasallaje a la Corona. Ambos eran requisitos indispensables para la ciudadanía; con ello también era posible establecer soberanía y de esta forma hacer frente a la expansión francesa desde el norte.

 

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José Medina González Dávila. Doctor en Antropología Social por la Universidad Iberoamericana, maestro en Estudios Internacionales por el ITESM y licenciado en Relaciones Internacionales por esta misma universidad. Especialista en etnología de Norteamérica y antropología aplicada.

 

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