• 24-nov-2020.

“¡Recuerden Goliad!”

José Medina González Dávila

En octubre de 1749 se refunda la misión de Nuestra Señora del Espíritu Santo de Zúñiga, y poco tiempo después se establece un presidio y guarnición militar, siendo este su último movimiento geográfico y donde permanece hasta nuestros días. Para 1758 ya era un asentamiento permanente y las poblaciones regionales de indios aranamas, piguique, manos de perro, tamique, tawakoni y tonkawa fueron parte de la conversión feligresa de los misioneros.

 

Su desarrollo regional fue lento pero persistente, y para 1804 era sede de una de las dos únicas escuelas en todo el territorio que ahora es Texas. Durante el periodo de la Independencia de México, esta misión y presidio fue testigo de ataques, zafarranchos, enfrentamientos, escaramuzas y proveeduría logística y de suministros tanto para fuerzas leales a la Corona como de independentistas.

En 1829 su nombre cambia a Goliad, como todavía se le conoce hasta nuestros días. Como parte de la Independencia de Texas en 1835, en ese mismo año el asentamiento y misión pasaron a nueva soberanía, y pocos meses más tarde sería el escenario de un cruel y brutal enfrentamiento entre texanos y tropas del general Antonio López de Santa Anna. Tras el sitio y la batalla de El Álamo que tuvo lugar del 23 de febrero al 6 de marzo del 1836, las tropas mexicanas al mando de Santa Anna se encontraban en franca persecución de los rebeldes texanos.

El 19 de marzo de ese mismo año, el general del ejército mexicano José de Urrea se dispuso a atacar un contingente texano de aproximadamente trescientos elementos en las inmediaciones de la Bahía, enfrentamiento que duró aproximadamente dos días y es recordado como la batalla de Coleto. Para el día 21, los texanos fueron derrotados y los supervivientes tomados prisioneros y enviados al presidio que se encontraba en las inmediaciones. Urrea avanzó con sus tropas, dejando al mando al coronel José Nicolás de la Portilla, quien siguiendo expresas órdenes de Santa Anna, llevó a cabo la ejecución de los cautivos al considerarlos rebeldes y traidores a la patria.

El 27 de marzo de 1836, Domingo de Ramos, entre 425 y 450 soldados texanos fueron fusilados y sus cuerpos mutilados y quemados sin benevolencia. Lo anterior motivó aún más a los rebeldes texanos y, apenas un mes después, Antonio López de Santa Anna fue derrotado en la batalla de San Jacinto. Los restos de los soldados texanos ejecutados fueron enterrados posteriormente por sus camaradas en “camposanto”, en las inmediaciones de la misión, con plenos honores militares.

Goliad sería recordado por la historia de Texas y de Estados Unidos como una de las grandes abominaciones de la guerra con México. Todavía el grito de “¡Recuerden Goliad!” (“Remember Goliad!”) se puede escuchar en el sur de Texas como un llamado a la cohesión entresus pobladores.

Estos sucesos llevaron a que, en 1931, la misión de Nuestra Señora del Espíritu Santo de Zúñiga fuera reconocida como parque estatal, y a partir de la década de 1940 se realizaron importantes obras para regresarla a su estado original y preservar su legado. En 1977 fue declarada Patrimonio Histórico Estatal y quedó bajo la jurisdicción del Departamento de Parques y Vida Silvestre de Texas.

 

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José Medina González Dávila. Doctor en Antropología Social por la Universidad Iberoamericana, maestro en Estudios Internacionales por el ITESM y licenciado en Relaciones Internacionales por esta misma universidad. Especialista en etnología de Norteamérica y antropología aplicada.

 

Title Printed: 

Una historia olvidada del virreinato en Texas