• domingo, 26 de mayo de 2019.

Enemigos de la vagancia

El combate a la ociosidad en la primera mitad del siglo XIX
Por: Oscar Ibarra Espinoza

La nueva nación mexicana que surgió en 1821 al separarse de España… adoptó el ideal del ciudadano respetuoso de la propiedad privada, trabajador y productivo, lo que provocó el rechazo al ocio, el juego y la falta de oficio… La idea del inútil social resultó ser la justificación para perseguir a quienes no cumplían con el estereotipo ceñido a las reglas de comportamiento, honorabilidad y las virtudes del trabajo. Así, pudo recluirse a quienes no tenían oficio o un modo de ganarse la vida aceptable para la época.

De este modo, el Tribunal de Vagos vio la luz a partir del 3 de marzo de 1828 por el Despacho de Justicia y Negocios Eclesiásticos, que estableció un sistema nacional de tribunales para definir quiénes eran vagos, aplicar castigos y acelerar las causales. De estas últimas, las más comunes para ser detenido, acusado y procesado estaban dedicarse a los juegos de azar en tabernas durante el horario de trabajo; obtener recursos mediante el robo; pedir limosna o caridad; consumir demasiado tiempo en paseos o actividades ociosas; abandonar el empleo; no tener un modo conocido de subsistencia; gastar el dinero y el tiempo en pulquerías o cualquier otro sitio considerado inmoral; dedicarse a tocar instrumentos en la vía pública; presentar desnudez o aspecto desaliñado; mostrar actitudes soeces o vulgares en público; vivir en casa de los padres teniendo edad para dedicarse a una actividad laboriosa y productiva; aprendices de obrajes o labranza que abandonaran su instrucción y abandonar las casas de corrección y orfanatos. También se multaba con cantidades que iban de diez a cien pesos a quienes los albergaran en sus casas a ociosos o vagos…

La aprehensión de vagos se dio también de acuerdo con las necesidades de mano de obra de las clases acomodadas capitalistas, ya que entre los castigos que se aplicaban a los procesados por ese delito estuvo el trabajo en fábricas textiles, ferreterías o en el campo, en obrajes y haciendas; además, podían ser ingresados al servicio militar o llevados a auxiliar en obras públicas. Todo ello con el afán de que los “viciosos” pudieran convertirse en personas útiles.

 

Esta publicación es un extracto del artículo “Enemigos de la vagancia” del autor Oscar Ibarra Espinoza y se publicó íntegramente en la edición de Relatos e Historias en México, número 96.