Eran los años en que el box estaba en el corazón de los escenarios deportivos en México y el mundo. Los cambios estaban a la orden del día y muy pronto se vivirían momentos en los que la juventud se apoderaría del primer plano de la historia. Pero la vida continuaba y la supremacía del deporte de los puños había convertido las arenas de México, Los Ángeles, Manila, Tokio, Nueva York, por mencionar las más connotadas, en catedrales del espectáculo que atría la atención de millones de personas.