• 17-ago-2019.

José Guadalupe Zuno

La cabeza del poder regional en el Jalisco de la posrevolución
Jaime Tamayo

El 23 de marzo de 1926, muy temprano, el secretario general del gobierno de Jalisco, Silvano Barba González, le envió un telegrama urgente desde la ciudad de México a su jefe, el gobernador José Guadalupe Zuno Hernández, en el que le comunicaba: “Tenemos conocimiento exacto maniobras enemigas para hacer desaparecer poderes Jalisco. Acordamos que esta misma mañana solicites licencia y proteste interino inmediatamente avisando poderes federales y telegráficamente”.

La respuesta fue inmediata: “Ya procedimos en el sentido que deseas y en estos momentos está protestando el licenciado Clemente Sepúlveda como Gobernador interino, te transcribiré dentro de un momento mi solicitud de licencia, y te ruego entre tanto si debe ser por tiempo ilimitado o renuncia absoluta del cargo o licencia limitada”.

Un poco después, Zuno hacía llegar un nuevo telegrama a Barba en el que le informaba: “Me decido por la renuncia para que se complique la situación ilegal de nuestros enemigos”. Con ello, impidió la consumación del proyecto del presidente Plutarco Elías Calles que pretendía desaparecer los poderes en Jalisco, con el consecuente nombramiento desde el centro de un gobernador afín a él.

Asimismo, los diputados que formaban la mayoría zunista en el Congreso jalisciense habían solicitado licencia, ya que, al igual que el gobernador, se había pedido su presencia ante el Congreso de la Unión para ser consignados, aunque este órgano legislativo se encontraba bajo el control de un operador de Calles: el cacique potosino y senador Gonzalo N. Santos, quien había instalado la comisión instructora de un gran jurado para destituirlos al igual que a Zuno, y así poder declarar desaparecidos los poderes en Jalisco.

De esta manera, el gobierno central buscaba tener la mano libre para nombrar al mandatario estatal, vía el Senado de la República. Esto ya lo había hecho en otros estados, como San Luis Potosí, donde defenestró al gobernador obregonista Aurelio Manrique. Sin embargo, gracias a la solicitud de licencia de los diputados procesados, entraron en su lugar los suplentes, igualmente zunistas, quienes garantizarían el nombramiento de un gobernador de su grupo en sustitución de Zuno.

 

El Centro Bohemio

Pero, ¿quién era José Guadalupe Zuno? Librepensador y humanista, universitario y obrerista, pintor y agrarista, historiador y caricaturista, educador y ecologista, bohemio y revolucionario... En fin, dejó una profunda y multifacética huella en su paso por la vida.

Nació el 18 de abril de 1891 en la hacienda de San Agustín, entonces parte del cantón de La Barca, Jalisco, aunque hoy se ubica dentro del municipio de Jamay. Al poco tiempo la familia se trasladó a Guadalajara, en donde el niño José Guadalupe hizo la primaria y después ingresó al Liceo de Varones para estudiar la preparatoria. Entonces comenzó a descollar como artista, particularmente en la caricatura.

Hacia 1909 se vinculó a la candidatura vicepresidencial de Bernardo Reyes al ilustrar las páginas del periódico El Perico, que respaldaba a este general jalisciense para ser el segundo en el poder en el gobierno de Porfirio Díaz. Más tarde, encabezó una manifestación de estudiantes reyistas que repudiaban la reelección a la vicepresidencia del porfirista Ramón Corral, lo que le valió su expulsión del Liceo. En ese tiempo también se inició en la masonería, la cual no abandonaría jamás.

Iniciado en la política como líder estudiantil del reyismo en Jalisco –fuerte bastion del movimiento anticorralista–, en ese mismo año se mudó a la ciudad de México, donde se vinculó al periódico maderista El Constitucionalista. También se acercó a los artistas que se organizaban alrededor del Dr. Atl (Gerardo Murillo), como José Clemente Orozco, y a otras destacadas figuras de la época.

Luego del triunfo maderista en 1911 y de regreso en Guadalajara, fundó un taller de pintores con Xavier Guerrero y Carlos Stahl. Este trío constituyó el núcleo del Centro Bohemio, al que se sumarían en diversas épocas numerosos artistas, varios de ellos también destacados políticos o líderes sociales, como David Alfaro Siqueiros, Rafael Buelna, Salvador Escudero, Amado de la Cueva, Manuel Hernández Galván, Juan de Dios Robledo, Roberto Pérez Reyes y Alfredo Romo; personajes que jugarían un importante papel en la política jalisciense durante la década de los veinte.

En 1920 el joven Zuno resultó electo como diputado al Congreso de la Unión junto con otros Bohemios, todos ellos de la corriente obregonista. Desde ahí comenzaría a gestar una amplia red de relaciones que culminó con la consolidación de una fuerza política regional de tal magnitud que lograría resistir los embates del poder central a lo largo de casi una década.

El 28 de febrero de 1923 Zuno asumió la gubernatura de Jalisco. Desde ahí estrechó la alianza con los movimientos obrero y campesino. Además, le comunicó a Obregón: “Nosotros hemos excitado el sentimiento provincionalista, porque creemos que sólo el día que todos los estados sean provincionalistas como Sonora y Jalisco, podremos resolver los asuntos nacionales con todo tino”. En respuesta, el presidente le expresó su respeto por “la independencia que usted desea conservar”.

Apenas iniciado el gobierno zunista, el ambiente político nacional se sacudió con motivo de la sucesión presidencial. Si bien Zuno no simpatizaba con el general Plutarco Elías Calles, lo apoyó cuando éste se constituyó como el candidato de Obregón para sucederlo y luego de que Adolfo de la Huerta se levantó en armas en respuesta a la postulación oficial, a finales de 1923, combatió a sus huestes en Jalisco y fue un factor importante en la derrota de los rebeldes.

No obstante, su relación con Calles no sólo no mejoró, sino que se agudizaron las diferencias. Y es que Zuno representaba al obregonismo regional, además de que su política radical en materia agraria y sindical lo habían acercado tanto a los líderes del Partido Nacional Agrarista, encabezado por Antonio Díaz Soto y Gama, como a los sindicalistas comunistas –entre los que estaba David Alfaro Siqueiros–, confrontados con la política colaboracionista y corrupta de la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), de Luis N. Morones, una de las piezas políticas más importantes de Calles.

Finalmente llegó el día en que el callismo logró sacarlo de la gubernatura. El 23 de marzo de 1926, Zuno presentó su renuncia como “un acto de defensa de Jalisco, pues voy a demostrar que el pueblo de Jalisco es suficientemente viril y consciente para impedir a los centralistas el logro de sus ambiciones bastardas. No necesito fuero ni poder para ello”.

Cuando la noticia llegó al Congreso de la Unión ese mismo día, mientras sesionaba en secreto el gran jurado que pretendía declarar desaparecidos los poderes en el estado, Antonio Díaz Soto y Gama dijo a los callistas: “Una vez más Zuno los ha derrotado. Ya fuera del poder, los seguirá derrotando, pues todo esto lo hará muchísimo más popular”.

 

Esta publicación es sólo un resumen del artículo “José Guadalupe Zuno”, del autor Jaime Tamayo, que se publicó íntegramente en la edición de Relatos e Historias en México, núm. 97.