En la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) se abrió una brecha entre México y Japón. Primero se retiró a los miembros diplomáticos mexicanos tras el ataque nipón a Estados Unidos y más tarde, como aliados del país vecino del norte, se declaró la guerra a los países del Eje, al que pertenecía Japón; incluso se bombardeó a su ejército con nuestros aviones. La rendición japonesa y su posterior reincorporación a la comunidad internacional fue sumamente celebrado por México, que fue una de las primeras naciones en restablecer relaciones diplomáticas plenas: primero por medio del escritor Octavio Paz como enviado diplomático y en 1952 con el establecimiento del embajador Manuel Maples Arce en Tokio. Esta conciliación continuó durante una década mediante enviados oficiales y diversos convenios, hasta que en 1962 el presidente Adolfo López Mateos solicitó permiso al Congreso para realizar una visita de Estado al renaciente aliado en el Pacífico.