Era la noche del 14 de noviembre de 1789 cuando los habitantes de la ciudad de México empezaron a ver, asombrados, luces extrañas en el cielo. Don Antonio de León Gama, un científico de aquel entonces, escribió que como a las ocho y media se registró en el horizonte una luz roja oscura que permaneció un rato y luego dio lugar a una luz blanquísima, de la que se desprendía un arco de tonalidades verdes, azules y moradas…