Durante los primeros años de vida novohispana en la vetusta Antequera, hoy Oaxaca, el suministro de agua no fue del todo eficiente, pese a estar rodeada por los ríos Jalatlaco y Atoyac. Prácticamente durante dos siglos hubo varios intentos por construir un ducto que solventara las necesidades del líquido a la población. Del último de ellos subsisten los restos arqueológicos y, con ayuda de mapas actuales y de otros siglos, es posible reconstruir su trayecto definitivo.