• 20-jul-2019.

¡Vamos al cine! Les recomendamos “Un día con el diablo”

México, 1945
Marco Villa

 

Estelarizada por el célebre Cantinflas, esta comedia recrea aquellos días de 1942 en los que México ingresó a la Segunda Guerra Mundial apoyando al bando Aliado. Se llegó a decir que la cinta sirvió como instrumento de propaganda en nuestro país.

 

 

Afuera del cabaret El Gavilán sucede un homicidio. Su ejecutor planea eludir el crimen desapareciendo por un tiempo, para lo cual decide su enrolamiento en el ejército. Sin embargo, esto solo sería de nombre, pues en realidad un voceador (interpretado por Cantinflas) lo suplantará en el regimiento luego de engatusarlo en una noche de copas, tras la cual el periodiquero termina durmiendo en la calle, inconsciente. Literal: cerró los ojos como civil, pero amaneció como militar y con el nombre de Juan Pérez.

 

El ahora soldado contra su voluntad debe enfrentar al tribunal militar en calidad de desertor. Sin embargo, su juicio es pospuesto por no hallarse las pruebas de que en realidad se trata del raso Pérez. Finalmente es enviado a cumplir sus tareas militares, en un momento en que su país se encuentra en guerra.

 

Después de algunos fracasos durante su adiestramiento, es designado asistente del general en jefe, hasta que el conflicto se recrudece y debe volver al campo de batalla, donde muere. La odisea no acaba ahí para el supuesto Juan, pues, como dicta la tradición católica, va al cielo. Ahí espera a que San Pedro le abra la puerta, pero antes decide darse un paseo por el infierno, donde conoce a Satanás, interpretado por otra leyenda de la pantalla grande: Andrés Soler.

 

Esta comedia protagonizada por un joven Mario Moreno Reyes inicia la madrugada del 29 de mayo de 1942, cuando los periódicos reproducían a ocho columnas la noticia de que el presidente de México, Manuel Ávila Camacho, declaraba la guerra contra la Alemania nazi, el reino de Italia y el Imperio japonés, luego de una serie de desencuentros en los que hasta muertos hubo tras el hundimiento de dos barcos nacionales a manos de los alemanes.

 

La historia no solo da cuenta de los avatares de la guerra en los que Juan Pérez combate incluso contra los japoneses, sino que también alude al fervor patriótico –involuntario o no– de muchos mexicanos de la época y la intención del Estado de convencerlos de sumarse a la causa, habida cuenta de que no todos estaban de acuerdo con el ingreso de México en el conflicto mundial. Para muestra de lo anterior, queda para la historia el cómico discurso en el que Cantinflas, haciendo gala de su malabarismo verbal, llama a la unidad nacional con una hilarante proclama que bien podría intitularse “Patriotas de la patria”.

 

Este divertido filme dirigido por Miguel M. Delgado Pardavé también retoma otros elementos propios de la época, como el caciquismo urbano, las jerarquías disparatadas que las autoridades ostentan en relación con el ciudadano común, el bien y el mal desde la perspectiva de la religión, las funciones e infraestructura militares en los años cuarenta, entre otros, por lo que resulta una atractiva apuesta de entretenimiento que aquí recomendamos a nuestros lectores.

 

 

El artículo breve "Un día con el diablo" del autor Marco Villa se publicó en Relatos e Historias en México número 126. Cómprala aquí