• 27-nov-2021.

¡Vamos al cine! Les recomendamos “Pedro Páramo”

(Carlos Velo, 1967)

Marco Villa

Aunque ya existía el color, la cinta fue filmada en blanco y negro en un par de meses de 1966.

 

“Ve a Comala, Juan. Allá vive tu padre. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme, y nunca me dio. El abandono en el que nos tuvo, cóbraselo caro. Se llama Pedro Páramo”. Dolores está ya en su lecho de muerte debido a las fiebres que alcanzaron a los sayulenses, pero puede decirle a su hijo Juan Preciado estas palabras. Es el inicio del filme Pedro Páramo, basado en la novela homónima que el escritor jalisciense Juan Rulfo publicó en 1955.

Aunque ya existía el color, la cinta fue filmada en blanco y negro en un par de meses de 1966, más de un lustro después de que su director Carlos Velo le propusiera al productor Manuel Barbachano Ponce su realización, y se estrenó en 1967. Era una época en la que comenzaba a cincelarse un prestigioso periodo de cine independiente mexicano. Exiliado en nuestro país desde 1939, el cineasta gallego fue vecino de Rulfo, por lo que quizá ahí le platicó sus intenciones de llevar su obra al cine. Recorrerían el sur de Jalisco en 1961 buscando locaciones, pero el escritor no se involucró más en este primer largometraje de Velo.

Pedro Páramo levantó altas expectativas, al punto de que en la prensa se fue informando de su proceso. Una nota de marzo de 1966 publicada en Esto, mencionó: “quizás sea la cinta más ambiciosa de toda la historia del cine mexicano”. Pero a pesar de su quisquillosa dedicación por adaptar a la perfección la obra de Rulfo –se hicieron nueve versiones del guion entre 1960 y 1965–, Velo lamentó el resultado diciendo que la culpa era suya por haber aceptado ideas y sugerencias que hicieron híbrido y frío el filme, cuando contaba con un guion magnífico y actores estupendos. La aparición del estadounidense John Gavin en el protagónico fue también objeto de duras críticas. Al que luego fuera embajador de EU en México, dijeron, le faltó comprender y sentir la atmósfera de la obra de Rulfo y de la vida rural en aquella región.

Pedro Páramo concursó en Cannes en 1967. Sin éxito. Así lo contó López Tarso, quien dio vida a Fulgor Sedano: “la proyección fue horrible. El público salía en grandes oleadas y si no hubiera sido porque estábamos muy a la vista, creo que todos los de la delegación nos hubiéramos ido al hotel a llorar”. En esa comitiva estuvo también Carlos Fuentes, corresponsable del guion de la cinta, y Gabriel Figueroa, el director de fotografía. Rulfo, por su parte, expresó: “Fue muy mala película. La hizo un biólogo”, refiriéndose a Velo, a quien “de pronto, se le ocurrió hacer cine y me agarró a mí de chivo expiatorio”.

A más de medio siglo de la polémica en torno a su fracaso, vale la pena ponderar si en realidad el motivo fueron las altas expectativas que generó o si en definitiva carece de calidad y distorsiona la obra de Rulfo. De paso, deleitarse de nuevo con los hermosos paisajes del Occidente mexicano o de la otrora hacienda pulquera Tetlapayac, ubicada en el municipio hidalguense de Almoloya, el detallado vestuario del ambiente rural, así como con las actuaciones memorables de Pilar Pellicer e Ignacio López Tarso.

 

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Pedro Páramo