• domingo, 26 de mayo de 2019.

¡Vamos al cine! Les recomendamos “El cofre del pirata”

Fernando Méndez, México, 1958
Por: Marco Villa

 

Con la actuación de Tin Tan y las jóvenes Sonia Furió e Irma Dorantes, esta cinta refleja el impulso turístico dado al puerto de Acapulco, al entretenimiento popular y a un tipo de cine abocado a consumar la alegría de los espectadores

 

 

En la época de oro de la piratería acontecida entre los siglos XVII y XVIII, quien tampoco podía faltar era ni más ni menos que Germán el Terrible, aquel temerario bandido de los mares y las costas del Pacífico mexicano que tuvo a mal enfrascarse en una disputa con su par de compinches para hacerse de un mapa que les daba la noticia de una inmensa fortuna, lo que le costaría la muerte. Sin embargo, en la víspera de su deceso, logra romper el mapa en dos partes y lanzarlo al mar dentro de una botella, con la intención de que sus traicioneros compañeros no lo encuentren… o no les sea tan fácil.

 

Más de dos siglos después, el linaje de Germán el Terrible sigue dando de qué hablar, ahora representado por el desparpajado pero arruinado aristócrata que, a pesar de su precaria situación, no pierde la categoría ni en los modales o en el trato hacia su servidumbre, a quienes les debe “hasta la camisa”. Y como muchas veces se sueña que llegue un golpe de suerte cuando se es aventurero y despilfarrador, la salvación a su ruina tocó, literalmente, a la puerta de su departamento en la capital del país. Una extraña visita apareció entonces para informarle sobre el tesoro y también del mapa que su ancestro arrojó al mar hacia varios siglos. Pero, para seguir su rastro, debe trasladarse a Acapulco. Por supuesto que la misión no resultará nada fácil, dado que una de las mitades del mapa está en posesión de una bella mujer que protagoniza espectaculares actos de circo, a quien defienden un par de secuaces que no cejarán en su intento de arrebatar a Germán la otra mitad del mapa.

 

Comienzan así las aventuras de Tin Tan en Acapulco, el pujante puerto del Pacífico que para mediados del siglo XX seguía en el pináculo de la geografía turística nacional y quizá del mundo, dada la gran cantidad de extranjeros que no solo lo visitaba, sino que optaba por residir o trabajar ahí temporal o definitivamente, como la propia Rita Hayworth en la década de los cuarenta (ver Relatos e Historias en México, núm. 62, de octubre de 2013). Si bien el puerto aún tenía regiones agrestes y aroma de pueblo en algunas partes a las que posiblemente también se accedía desde la jocosa costera Miguel Alemán, estos años fueron los del auge y el derroche al que marcaron la vida del otrora pachuco Topillo Tapas.

 

La Chiva –como también le decían de joven a Germán– amó Acapulco y allá llevó su gran capacidad de autoparodiarse y parodiar las historias y personajes populares, incluso de carácter universal, como es el caso del pirata protagonista de esta cinta dirigida por el michoacano Fernando Méndez García. Y es que además de El cofre del pirata, Tin Tan filmó en Acapulco la exitosa Simbad el mareado (1950); El tesoro del Rey Salomón (1962), Tintansón Crusoe (1964), entre otras de los años setenta. Conocido es también que en la mayoría de ellas puso al servicio de la producción alguno de sus tres yates, nombrados Tintavento (I, II y III), en alusión al Sotavento que poseyera el entonces expresidente Miguel Alemán, quizá el primer máximo impulsor del puerto como destino turístico.

 

Otra prueba de su eterno romance con Acapulco y con lo que este representaba para la sociedad de su tiempo, el histrión, en su papel de Tintansón, expresó con su ronca pero amigable voz: “¡Acapulco! La capital mundial del paisaje. […] Paz, quietud, descanso natural. Rehabilitación del espíritu. Motivo principal de la afluencia del turismo de todas partes del mundo. ¡Acapulco! Cordialidad, amabilidad, envuelta en tacos de palmeras. […] ¡Acapulco! donde la tranquilidad hace que se calmen toda clase de nervios. Esos nervios que hacen fracasar a los de mente débil”.

 

Fue la época también de los primeros grandes monstruos hoteleros como Las Américas o el Casablanca y su Beachcomber –el bar con la alberca de las carreras de tortugas–, pero también de El Satélite de Tin Tan, el bar del cómico administrado por su entrañable carnal Marcelo en el que pocos pagaban y los más firmaban porque lo conocían.

 

Un sinfín de historias se cruzan en esta cinta que bien parece hecha para el lucimiento del fantástico Tin Tan y sus aficiones, pero tampoco queda a deber en cuanto al humorismo familiar que encanta incluso a los niños, ni tampoco en exhibir la capacidad del cómico para mostrar un universo erótico, sensual, junto a las consideradas mujeres más atractivas de la época. Será su opinión la que valide el éxito que alcanzara en su tiempo, así que se la dejamos para que la disfrute.

 

 

El artículo "El cofre del pirata" del autor Marco Villa se publicó en Relatos e Historias en México número 118. Cómprala aquí