• 29-nov-2020.

Un japonés en el teatro de Bellas Artes

Tennessee Williams y Seki Sano en el teatro mexicano

Ricardo Lugo Viñas. Historiador

Voces. Cuchicheos. Rumores. Así inició la leyenda en el seno del medio actoral mexicano de la década de 1930. Se corría la voz de que un extraño japonés impartía clases en un galerón del tercer piso del Palacio de Bellas Artes. Los incrédulos asistían para comprobarlo. Forrado en un oscuro traje, cojo de una pierna, lento y puntual. Detrás los negros anteojos de pasta, unos ojos rasgados y un rostro bilioso, proclive a la explosión. Mordisqueaba un pipa eternamente humeante.

 

En efecto, se trataba del célebre, malhumorado y estricto teatrista nipón Seki Sano, y en aquel sórdido salón fundó en 1939 su afamado Teatro de las Artes, a la manera del Teatro de Arte de Moscú, donde se había formado.

El revolucionario director había llegado a México apenas el 26 de abril de este año. Meses atrás había conocido a Rufino Tamayo en Nueva York, durante la presentación de la obra Fuenteovejuna, de Lope de Vega, que Seki había montado en un teatro de Broadway. Sano pidió a Tamayo interceder ante el gobierno mexicano para poder llevar a cabo un ambicioso proyecto teatral en nuestro país, que incluía el montaje de varias obras y la fundación de una escuela de arte teatral. Tamayo hizo lo propio, escribió a Celestino Gorostiza, entonces titular del Departamento de Bellas Artes (DBA), para presentarle la propuesta de Sano. La respuesta de Gorostiza fue: “Como el presupuesto del DBA es tan limitado, pienso que sería inútil intentar una actividad como la que propone el Sr. Seki”.

Sin embargo, Tamayo y otros intelectuales mediaron ante le presidente Lázaro Cárdenas por aquel militante del Partido Comunista, sólido y exitoso dramaturgo formado tanto en su natal Japón –en el conocido Teatro de Izquierdas– como con los mejores maestros de teatro de Moscú –Konstantín Stanislavski, el importante pedagogo teatral ruso y con su discípulo Vsévolod Meyerhold, cultivador de la llamada biomecánica del cuerpo en el teatro–. Sano había sido exiliado y purgado tanto del Japón como de la URSS por su mirada crítica y su clara postura antifascista y antimilitarista. El gobierno del presidente Cárdenas accedió y le otorgó una visa con carácter de refugiado político.

Seki Sano nació en 1905, estudió derecho y teatro en la Universidad Imperial de Tokio, a la par que inició su carrera en los escenarios. Desde muy joven creció convencido de la función social que debía ejercer el arte teatral; creía que este existía para expresar el sentir del pueblo y como vehículo educativo. Salió de Japón en 1931, acusado de liberal y de apoyar a China. Llegó a Estados Unidos, luego pasó algunos años en Europa hasta instalarse en la URSS. En Moscú desarrolló una nueva concepción artística, conceptual y política alrededor del arte escénico, con la influencia del movimiento del conocido como Teatro de Arte.

Sano introdujo todo aquello a nuestro país. Una nueva escuela de las formas teatrales. Teorizó y se ocupó por el arte de la producción teatral y sobre todo por la formación de actores, inspirado en la escuela de su maestro Stanislavski. En agosto de 1939 fundó, gracias a la intermediación de Xavier Villaurrutia y Vicente Lombardo Toledano, el Teatro de las Artes (en la calle Artes Nº 45) bajo el auspicio del Sindicato Mexicano de Electricistas. Lamentablemente este proyecto solo duró hasta el final del sexenio cardenista.

Después de ello, la vida de Seki en nuestro país fue turbulenta; se le admiraba y se le repelía. Fundó su llamado Teatro Experimental, el cual tuvo varias sedes, aunque siempre un mismo letrero en su entrada con las palabras de Stanislavski: “Ama el arte en ti mismo y no a ti mismo en el arte”. Algunos años después, Salvador Novo y otros intelectuales, cegados por la xenofobia y la inquina, lograron su temporal expulsión del país.

 

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Extraños, pioneros y revolucionarios