REGRESAN LOS SEXENIOS PRESIDENCIALES

24 de enero de 1928

Gerardo Díaz Flores

Pese a las constantes reelecciones de Porfirio Díaz, el espíritu de la Constitución de 1824 prevaleció en el transcurso de su gobierno en cuanto al periodo presidencial de cuatro años. En teoría, el pueblo podía dar continuidad al proyecto del mandatario en turno o prescindir de él en cada elección, aunque en la práctica, y dados los mecanismos del voto durante el Porfiriato, tal proceso tenía poco de democrático. Ya fuese por la avanzada edad del presidente o para prolongar su mandato, los allegados al poder modificaron la carta magna para las elecciones de 1904, a fin de que los periodos presidenciales pasaran de cuatro a seis años. Una vez consumado un nuevo triunfo de don Porfirio, las nuevas elecciones se realizarían en 1910.

Ese proceso electoral, que supuestamente tendría el beneplácito de Díaz para dar paso a una transición en el poder, culminó trágicamente en un levantamiento armado que, tras años de guerra, no solo afectó quién gobernaría en el futuro, sino también cómo lo haría, incluyendo la duración del periodo. Así, la Constitución de 1917 retomó la presidencia de cuatro años y la no reelección. Sin embargo, las complicaciones de la sucesión, que llevaron al asesinato del mandatario Venustiano Carranza en 1920 y a la hegemonía de un grupo encabezado por el general Álvaro Obregón, transformaron las reglas a conveniencia, retomando la idea de las reelecciones y los periodos más largos en el poder.

En 1928, bajo el amparo de la legalidad, la mayoría de los congresistas, de corriente obregonista, modificaron la Constitución, indicando que sus acciones correspondían al deber patriótico de permitir que un legítimo “servidor a la patria” pudiera ejercer sus funciones por más tiempo, a fin de prevenir el peligro de que una oposición reaccionaria tomara el poder y revirtiera los logros obtenidos durante la Revolución, o que se detuvieran las reformas puestas en marcha “al servicio del pueblo”.

Al final, estas disposiciones no fueron puestas en práctica por el caudillo, pues si bien Obregón resultó reelecto en 1928, fue asesinado ese mismo año antes de ejercer su segundo mandato, y los siguientes personajes en el poder, en el periodo conocido como Maximato gobernaron apenas dos años cada uno. Fue hasta la presidencia de Lázaro Cárdenas, en 1934, que la disposición de un periodo de seis años se pudo ejercer, además de que nuevamente se había prohibido la reelección de los mandatarios. En efecto, en México llevamos casi cien años de contabilizar sexenios continuos.

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