• 18-jul-2019.

¿Qué avenida es un paseo por el siglo XIX en México?

La avenida Paseo de la Reforma en Ciudad de México
Joaquín E. Espinosa Aguirre

 

Pocas vialidades tienen la posibilidad de ser no solo testigo sino también protagonista del devenir de nuestro país como Paseo de la Reforma, por cuyas aceras han caminado los más notables personajes de los procesos que marcaron el correr de México a través de los siglos. Desfiles triunfales, caminatas imperiales, héroes reformistas y hasta una palma han adornado el paisaje de esta avenida de la capital mexicana tan cargada de historia.

 

 

El legado reformista

 

Las calles, monumentos y glorietas de esta imponente avenida sirven como muestra de que la historia de México está viva y que se puede caminar a través de ella. Así, es posible recorrer de la mano de Cuauhtémoc el pasado mesoamericano, con Cristóbal Colón el trauma de la Conquista, con el Ángel la lucha por la independencia, con las glorias patrias la defensa del territorio en 1847 ante Estados Unidos y en la década de 1860 frente a los franceses… En fin, pasear con la palma que el emperador Maximiliano mandó colocar, con cada defensor de la república, con cada héroe y heroína que ha forjado la historia de la que somos resultado.

 

Paseo de la Reforma honra la victoria definitiva de la república sobre su acérrimo enemigo: el grupo conservador que representaban Juan N. Almonte, Miguel Miramón y Tomás Mejía, pero también sobre las aspiraciones extranjeras de intervenir en México. Con el triunfo sobre el emperador Maximiliano en 1867, Benito Juárez y compañía acabaron con casi medio siglo de fragilidad de la soberanía de la nación, que padeció invasiones y guerras contra las potencias internacionales que casi acabaron con la unidad de la federación y la existencia del país. Triunfó una ideología, triunfó una doctrina: la liberal, la reformista, por encima de la conservadora, la monárquica.

 

Además, esta avenida es con frecuencia escenario de festejo. En ella se reúnen los habitantes de la capital mexicana para celebrar los triunfos deportivos más variados, se realizan eventos políticos y sociales de grandes dimensiones, e incluso hay espacio para manifestar el sincretismo entre el culto a lo europeo y el orgullo indígena nacional.

 

Un camino natural hacia Ciudad de México

 

En 1778 el virrey Bernardo de Gálvez ordenó la construcción de un palacio de verano que emulara al que tenían los reyes de Castilla en Aranjuez, España, donde se retiraban a reposar y despejar sus mentes en las épocas de altas temperaturas. Diez años después, el castillo en las alturas del cerro del Chapulín vio terminada su primera etapa constructiva y sirvió además para delimitar Ciudad de México por el poniente. Tanto lujo representó este palacio, que durante los primeros años del siglo XIX hospedó al barón Alexander von Humboldt en su visita a la capital novohispana.

 

A partir de ese momento, el camino natural de Chapultepec hacia el primer cuadro de la ciudad quedó enmarcado por la traza de la calzada que llegaba hasta la Alameda para dar vuelta y dirigirse a la Plaza de la Constitución, llamada así a partir de la jura de la carta suprema de Cádiz en 1812. De principal interés resultó este trayecto, ya que por la entrada del ya representativo Bosque de Chapultepec se daba un flujo constante de los productos introducidos al país.

 

No obstante lo anterior, el camino se mantuvo como una calle sin modernizar. Fue hasta el efímero gobierno del presidente Mariano Arista, en 1852, que se ordenó la pavimentación y mejoras a la traza vial del que llamarían a partir de entonces Paseo Nuevo.

 

Imperial y republicana

 

Mucho se habla de que durante el imperio de Maximiliano de Habsburgo (1864-1867) se diseñó dicha avenida para conectar el Castillo de Chapultepec, residencia de los emperadores, con el palacio de gobierno capitalino; sin embargo, lo que realmente se verificó fue una serie de mejoras a su recorrido, ya que sus calles alcanzaron entonces los dieciocho metros de ancho con unas banquetas de nueve metros. Además, se le dio el nombre de Paseo de la Emperatriz, ya que justo sobre él se trasladaba Carlota a Palacio Nacional.

 

Luego del fugaz imperio, esta avenida fue renombrada por el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada, esta vez como calzada Degollado en honor al liberal reformista caído a manos del Tigre de Tacubaya, Leonardo Márquez, en las postrimerías de la Guerra de Reforma. En este periodo su anchura aumentó para quedar en calles de veinticinco metros con banquetas de diez, además de alcanzar tres y medio kilómetros de extensión: de la Puerta de los Leones del Bosque de Chapultepec hasta la Alameda. Más adelante sería denominada calzada Chapultepec.

 

Durante el mismo gobierno de Lerdo, en 1872 se decidió honrar a los defensores de la república y las leyes de Reforma, por lo que se decidió nombrarla Paseo de la Reforma. También se ordenó que para flanquearlo fueran enviadas estatuas de todos los héroes de la Guerra de Tres Años. Los estados de la República deberían aportar sus “glorias patrias”, ya fueran de bronce o de mármol, y tendrían que completar 38 personajes ya muertos. No obstante, en algunos casos se incluyeron próceres de la guerra de independencia y la defensa de 1847. La mayoría de las piezas enviadas se concentraron en tres días patrios: el 5 de mayo (8), el 16 de septiembre (10) y el 2 de abril (6). Entre las primeras estatuas figuraron personajes de la talla de Ponciano Arriaga, Francisco Zarco, Leandro Valle, Ignacio Ramírez y Ramón Corona.

 

Las glorietas conmemorativas

 

La distribución original sobre Paseo de la Reforma constó de cinco glorietas a lo largo del mencionado tramo de Chapultepec a la Alameda, con medio kilómetro de distancia entre cada una de ellas. Su dimensión constó de 110 metros de diámetro y 120 en el caso de la glorieta central, que corresponde al Monumento a la Independencia. El orden de su aparición fue el siguiente: la Palma (1864), el Monumento a Colón (1877), el Monumento a Cuauhtémoc (1887), el Monumento a la Independencia (1910) y la Diana Cazadora (1942).

 

La Palma

 

Fue colocada por orden del emperador Maximiliano, pero con carácter temporal, ya que ahí se planeaba la construcción de un monumento –quizá el de la Independencia–. Tras la derrota del imperio, la glorieta se quedó sin monumento. La enorme palmera que tiene al centro data al menos de 1920, década en la que se tiene su primer registro fotográfico.

 

Monumento a Colón

 

También encargado por el emperador Maximiliano, pero concluido hasta la República restaurada, fue elaborado en Francia y enviado a Veracruz. Al personaje lo escoltan cuatro frailes: Diego de Deza y Juan Pérez de Marchena, principales intercesores entre Colón y los Reyes Católicos; Pedro de Gante, uno de los primeros franciscanos en Nueva España, donde fue evangelizador y educador en náhuatl, y Bartolomé de las Casas, cronista dominico y obispo de Chiapas que escribió su Historia de las Indias y se destacó como protector de los indígenas. En 1992 fue dañada por protestantes indigenistas que se manifestaron por los quinientos años de la llegada de Colón a América.

 

Monumento a Cuauhtémoc

 

Su primera piedra fue colocada en 1878 por Francisco María Jiménez, quien se basó en la arquitectura de los sitios arqueológicos de Mitla, Uxmal y Palenque. Tras morir Jiménez, fue sustituido por Ramón Agea, el arquitecto que tuvo a su cargo la remodelación de Palacio Nacional durante el imperio de Maximiliano. Su construcción fue retomada por la iniciativa indigenista del Porfiriato que promovió Vicente Riva Palacio para honrar al último tlatoani mexica, con un estilo nacionalista similar al que se presentaría en la Exposición Universal de París de 1889. Fue movida algunos metros en 1949 y en 2004 fue devuelta a donde se ubica actualmente, que es su lugar primigenio. Su peso es de trescientas toneladas, pues mayormente está conformada por piedra volcánica.

 

Monumento a la Independencia

 

El encargado de su construcción fue Antonio Rivas Mercado, arquitecto y restaurador que estudió en Inglaterra y Francia, lo que lo hacía idóneo para tal encomienda. El proyecto fue comparado con las columnas de Trajano y Antonina en Roma, y la de Julio en la Plaza de la Bastilla parisina, pero principalmente fue influido por el Monumento a los Girondinos en Burdeos, que se erigió en esa misma época (1902) en Francia.

 

Su construcción inició el 2 de enero de 1901. Su lento camino continuó hasta que en 1906 la cimentación colapsó y obligó a recomenzar desde cero. Finalmente, se construyó el basamento con cuatro esculturas: la Justicia, la Ley, la Paz y la Guerra, más un león con laureles que representa la voluntad del pueblo. Arriba de ello, la figura de Miguel Hidalgo, rodeado por José María Morelos, Vicente Guerrero, Xavier Mina y Nicolás Bravo. Corona el monumento la Victoria alada que simboliza la Independencia, con sus 6.7 metros de bronce hueco forrado con laminilla de oro y un peso de siete toneladas. En la mano derecha tiene una corona de laurel dedicada a los héroes, y en la izquierda una cadena rota que alude al fin del dominio español en México.

 

Diana Cazadora

 

Originalmente llamada Flechadora de la Estrella del Norte, fue construida entre 1938 y 1942, durante la presidencia de Manuel Ávila Camacho, y luego colocada en la Puerta de los Leones de Chapultepec. Grupos ultraconservadores como la Liga de la Decencia le colocaron telas sobre su cuerpo desnudo y obligaron al escultor Juan Fernando Olaguíbel a ponerle una pantaleta. En 1967, en vísperas de las Olimpiadas, fue retirada de la vista pública. Se decidió entonces fundir una nueva de acuerdo con la idea original, en tanto que la vieja, que había resultado con daños después de las protestas, fue donada al pueblo de Ixmiquilpan, en Hidalgo.

 

En la película Los caifanes (Juan Ibáñez, 1967) aparece la Diana en una escena en la que tres de los protagonistas, el Azteca, el Mazacote y el Estilos, la visten con prendas robadas de un tendedero. El escritor del argumento, Carlos Fuentes, seguramente lo hizo en clara mofa a aquella tan criticada desnudez.

 

 

Esta publicación sólo es un fragmento del artículo "El paseo de la Patria" del autor Joaquín E. Espinosa Aguirre que se publicó en Relatos e Historias en México número 129. Cómprala aquí