• 22-sep-2019.

Los últimos días de don Porfirio

Tomás F. Arias Castro

Crónica de los días que vivió Porfirio Díaz desde su salida de México hacia el exilio en Europa, en mayo de 1911, hasta su fallecimiento en la ciudad de París, en julio de 1915

 

En 1911 habían transcurrido 44 años desde que, en 1867, el general Porfirio Díaz se enfrentó por última vez a las tropas francesas en México, con motivo de la invasión que aquel país propició para instalar el fallido imperio de Maximiliano de Habsburgo. Pero los avatares del destino le tenían dispuesto a Díaz un nuevo y significativo encuentro con soldados de la nación gala, solo que en circunstancias muy distintas a las sucedidas el siglo anterior y como consecuencia de su exilio a razón de la triunfante revolución maderista.

En julio de ese año el expresidente recibió un peculiar ofrecimiento para que visitase el emblemático museo militar del Palacio Nacional de los Inválidos, sitio en el que se conservaban los más importantes objetos militares de la historia francesa y que servía de sepulcro a sus más destacados personajes castrenses, incluyendo, por supuesto, la tumba del afamado general Napoleón Bonaparte.

Fue entonces cuando, para sorpresa de Díaz, un contingente de antiguos combatientes franceses que se habían enfrentado a él y al ejército mexicano le ofreció un sentido homenaje por su egregia trayectoria militar. El anfitrión del episodio fue el director del museo y veterano de la guerra contra México, general Gustav Noix y cuyo más significativo hecho fue la visita a la tumba de Bonaparte. Noix tomó la espada de Napoleón y entregándosela a Díaz, dijo: “En nombre del pueblo y el ejército de Francia, pongo esta gloriosa espada en las honorables manos de vuestra excelencia”. Ante esto, Díaz respondió: “No soy digno de tener esta espada en mis manos”, lo cual le fue replicado por Noix: “Desde la muerte del Emperador, nunca ha estado en mejores manos”.

 

Esta publicación es un fragmento del artículo “Los últimos días de don Porfirio” del autor Tomás F. Arias Castro y se publicó íntegramente en la edición de Relatos e Historias en México, núm. 84.