• 29-nov-2020.

La danza de los desheredados

Waldeen Von Falkenstein Broke

Ricardo Lugo Viñas. Historiador

La Coronela es una obra musical y escénica cuyo tema es un homenaje a la gesta revolucionaria de 1910. No cuenta una historia, son cuadros escénicos que narran el movimiento popular nacionalista y el triunfo de la clase oprimida. Además, hay una clara intensión de plasmar o dibujar “lo mexicano”.

 

Waldeen Von Falkenstein Broke trazó el libreto y la coreografía con asesoría de Gabriel Fernández Ledesma –quien además diseñó el vestuario y aportó la investigación artística e histórica–; Efraín Huerta escribió el coro para el movimiento La danza de los desheredados; la escenografía corrió a cargo del Taller de Gráfica Popular –integrado por Luis Arenal, Leopoldo Méndez y Pablo O’Higgins–, inspirada en la obra de José Guadalupe Posada; el diseño de las máscaras fue de Gabriel Cueto; la dirección escénica estuvo a cargo de Seki Sano y la asistencia de dirección de Gabriel Retes; la música fue compuesta por Silvestre Revueltas, que solo logró componer tres de los cuatro episodios de la coreografía, pues la muerte lo tomó por sorpresa. Finalmente, el cuarto lo compuso Blas Galindo y la orquestación la realizó el maestro Candelario Huízar.

Dividida en un total de cuatro cuadros escénicos ("Damitas de aquellos tiempos", "Danza de los desheredados", "La pesadilla de don Ferruco" y "Juicio final"), La Coronela se estrenó en el Palacio de Bellas Artes el 23 de noviembre de 1940, bajo la dirección orquestal de Eduardo Hernández Moncada. El recibimiento por parte de la crítica fue contundente. Se opinaba que había nacido una nueva danza, la danza moderna mexicana. La investigadora Margarita Torajada subraya al respecto: “La Coronela recuperó a la mujer como centro de la historia, como el actor social fundamental de la lucha armada y como vehículo de transformación, a través de la expresión de sí misma, de su propio cuerpo”.

En cuanto a la música, la partitura estuvo extraviada muchos años y la obra permaneció en silencio por décadas. Fue hasta 1957 que el director de orquesta José Yves Limantour la reconstruyó a partir del archivo personal de Revueltas y pidió a Hernández Moncada una nueva orquestación. La Coronela se reestrenó en Bellas Artes en 1962.

Waldeen salió del país poco después de que concluyera el sexenio de Lázaro Cárdenas. Volvió a finales de los cincuenta, por invitación del entonces secretario de Educación Pública Jaime Torres Bodet, y se estableció en México de manera definitiva. Trabajó en algunos proyectos –aunque ninguno volvió a alcanzar la cumbre de La Coronela–, fundó el Ballet Waldeen en Cuernavaca y posteriormente el Centro de Danzas y Artes Escénicas, de la mano de Rodolfo Valencia. Además, escribió y reflexionó de forma permanente sobre la danza mexicana.

Es indudable el significativo aporte de Waldeen –y también de Anna Sokolow– a la escuela moderna de la danza mexicana. Algunos de sus alumnos, como Amalia Hernández, Guillermina Bravo, Josefina Lavalle, Guillermo Arriaga o Evelia Beristáin, protagonizarían la Época de Oro de la danza nacional, que coordinaría desde los cincuenta Miguel Covarrubias y a la que se sumaría el aporte del bailarín mexicano-estadounidense José Limón.

 

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