La crisis económica: de la devaluación al “efecto tequila”

Arno Burkholder

La hiperinflación de años anteriores llevó al peso mexicano a cifras estratosféricas. El 1 de enero de 1993 entró en circulación el “nuevo peso”, al que le quitaron tres ceros para generar otra percepción y simplificar las transacciones comerciales

 

A Ernesto Zedillo, junto con Diego Fernández de Cevallos y Cuauhtémoc Cárdenas, le tocó protagonizar el primer debate presidencial en la historia de México. El 12 de mayo en el museo de la Comisión Federal de Electricidad, los candidatos del PRI, PAN y PRD se reunieron ante los medios y el país para discutir sus proyectos de gobierno. Al final, el ganador del debate fue Fernández de Cevallos. Tiempo después, este dijo que, ante el temor del gobierno por la posibilidad de que Zedillo perdiera las elecciones, le ordenaron a Televisa y TV Azteca que limitaran lo más posible las menciones sobre el candidato del PAN.

No fue la única irregularidad durante las elecciones de 1994. Diversos analistas señalaron que el gobierno aplicó “dos modelos electorales” (por así llamarlos) para ganar la presidencia: en el primero, destinado para los votantes urbanos, mayoritariamente de clase media e interesados en la política, lo que hubo fue una creciente “ciudadanización” del proceso electoral.

Se establecieron una serie de regulaciones que fueron muy importantes para las elecciones de 1994 y en los años por venir. El Código Penal ya castigaba con multa o cárcel a los servidores públicos que obligaran a sus subordinados a votar a favor de un partido o candidato; por primera vez hubo observadores internacionales. En las siguientes elecciones el Instituto Federal Electoral ya no fue presidido por el secretario de Gobernación.

Sin embargo, en las áreas rurales y empobrecidas del país las elecciones fueron como siempre: con votantes acarreados, compra de votos y coacción a quienes no apoyaran al candidato oficial.

Las elecciones se llevaron a cabo el 21 de agosto y la afluencia a las urnas superó el 77% del padrón electoral. Ganó Zedillo, pero con poco menos del 49% de los votos. Fernández de Cevallos obtuvo casi el 26% y Cárdenas poco más del 16%. El PAN exigió que terminara el monopolio informativo que solo beneficiaba al candidato del partido oficial y Cárdenas convocó a un gran diálogo nacional, pero al final el triunfo de Zedillo fue irrebatible y no provocó una crisis como en 1988. El candidato ganador aceptó que los recursos oficales otorgados a los partidos habían sido inequitativos, respecto al peso político de cada uno, y que los del PRI fueron mucho mayores. El país estaba atemorizado por la sublevación zapatista y el asesinato de Colosio. Al parecer, los electores prefirieron apoyar al PRI y de ese modo garantizar la estabilidad. No podían saberlo, pero a finales de 1994 el país reventaría por un aspecto que supuestamente estaba asegurado: la economía.

El gobierno de Carlos Salinas se empeñó en abrir más la economía mexicana a las inversiones de otros países. Luego de los años de decrecimiento por la deuda externa, Salinas aplicó un amplio programa de reformas económicas. Mantuvo la privatización de empresas públicas y de la banca comercial, modificó el sistema de propiedad ejidal y estimuló la entrada de inversiones al país. Todo eso permitió que surgieran o se consolidaran fortunas como las de Carlos Slim y Ricardo Salinas Pliego.

La joya del proyecto económico salinista fue el Tratado de Libre Comercio. La creación de ese enorme mercado de productos que unió a Canadá, Estados Unidos y México permitió que las exportaciones crecieran de 60,000 millones de dólares en 1994 a casi 400,000 millones en 2013. En 1993 la inversión extranjera directa en México era de 4,400 millones de dólares. Al año siguiente ya era de 11,000 millones.

El TLC parecía la solución a la falta de empleo en el país y a la migración indocumentada a Estados Unidos, además de que la entrada de mercancías permitiría que el país se enfocara en producir aquellos productos que le permitieran competir en el mercado internacional. Crear el TLC llevó, entre otras cosas, a replantear la relación histórica entre México y Estados Unidos. Si durante décadas el vecino fue visto como una amenaza a la soberanía nacional, ahora se convertía en un socio que nos ayudaría a salir por fin de nuestra centenaria pobreza.

El TLC representaba el triunfo del proyecto salinista en un mundo que había abandonado el modelo de economía cerrada y ahora impulsaba el libre comercio, los gobiernos pequeños y que el mercado influyera cada vez más en las sociedades.

Para 1994 México era la vigésima economía exportadora y la décimo novena importadora de todo el mundo, además de que era el principal país importador y exportador del subcontinente. En ese año México suscribió un tratado de libre comercio con Costa Rica y mantuvo negociaciones similares con Colombia y Venezuela. Todo esto provocó, entre otras cosas, que la temida inflación descendiera a menos del 10%, algo que no se había visto en el país durante varios años. El precio promedio del dólar durante el sexenio salinista estuvo cercano a los tres pesos (luego de que en 1993 le quitaron tres ceros a la moneda) y México ingresó a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, en la cual estaban los países más ricos del planeta. Era la época en la que Salinas y su equipo de economistas acudían a las reuniones del Foro de Davos en Suiza y todos los alababan por la manera en que habían modernizado la economía mexicana.

 

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