• 9-dic-2021.

Iturbide y el inicio de la contrainsurgencia

Joaquín E. Espinosa Aguirre

Con el grueso de las filas virreinales, Iturbide participó en la batalla de Monte de las Cruces, último bastión de la capital ante Hidalgo y sus hombres. Por su desempeño, el joven realista fue ascendido a capitán.

 

Cuando estalló la revolución en el pueblo de Dolores, Iturbide se encontraba “con licencia de tiempo indefinido” para restablecerse de los “males graves de que adolecía”, retirado en su hacienda de San José de Apeo, en Maravatío, al oriente de Michoacán. Del levantamiento se enteró el 20 de septiembre, por lo que se puso de inmediato a las órdenes del recién llegado virrey Francisco Xavier Venegas, quien lo destinó a la persecución de “los cabecillas Luna y Carrasco”, que estaban en Acámbaro, hacia donde se dirigió el 5 de octubre con “toda la gente y auxilios” que tuvo a su alcance. Fue en ese punto donde, luego de doce horas de resistencia, venciendo a una turba de alrededor de 150 rebeldes, obtuvo su primer triunfo para la causa virreinal.

“Por octubre del mismo año de diez –señalaría el propio Iturbide algún tiempo después–, se me ofreció un salvoconducto para mi padre y mi familia, e igualmente que las fincas de este y mías serían exentadas del saqueo, y del incendio […] con la sola condición de que me separase de las banderas del rey y permaneciese neutral”. No hay más testimonio de que ello sucediera que el “Manifiesto al mundo” escrito por Iturbide en 1823, lo cual hace muy cuestionable la autenticidad de dicho señalamiento, pues cuando lo escribió, la guerra había terminado y el fallido emperador ya se dirigía al destierro.

Ya en la capital del virreinato, Iturbide fue puesto a las órdenes del comandante Torcuato Trujillo, debido a lo cual participó en la batalla que se sostuvo en Monte de las Cruces frente a Miguel Hidalgo e Ignacio Allende, fungiendo como ayudante de campo de José de la Cruz. Su desempeño fue tan notable que, gracias a las recomendaciones por parte de sus superiores, el 17 de noviembre de ese mismo año fue promovido al grado de capitán.

En junio de 1811, el virrey lo destinó a la división de Taxco en calidad de segundo comandante, pero un padecimiento generado por las condiciones del clima de esa parte de Tierra Caliente le impidió mantenerse ahí y se vio obligado a pasar algún tiempo en recuperación de los males de salud que desarrolló.

Pero 1812 significó un gran cambio en la carrera del comandante, ya que fue destinado al cuidado de los cargamentos que cruzaban el camino de la plata, de la ciudad de Guanajuato hacia el corregimiento de Querétaro y la población de Acámbaro. La labor no sería fácil, pues su cometido se vería amenazado por los miembros de la Junta Nacional Americana, fundada en Zitácuaro en agosto anterior, ya que hostigaban a los convoyes en busca de hacerse de los recursos que transportaban.

A partir de entonces, Iturbide se enfrentaría a personajes cuyas intenciones giraban en torno al robo y saqueo, como Albino el Manco García y Julián Chito Villagrán, así como a los miembros más reconocidos de la dirigencia insurgente centrada en el gobierno de la Junta, y principalmente a uno de sus tres vocales: José María Liceaga.

Ante el Manco García y su hermano Francisco, cuya zona de acción eran los alrededores del Valle de Santiago, Iturbide pudo salir airoso el 5 de junio de 1812, cuando logró emboscarlos y capturarlos, arrebatándoles además un gran botín de armas, municiones y caballos. Por su parte, Chito Villagrán operaba principalmente en la región de Querétaro y Guanajuato, y en agosto de ese mismo año amagó a Iturbide, quien escoltaba el convoy que se transportaba a Guanajuato. No pudo apresar a Villagrán, pero Iturbide había sorteado su asedio con fortuna.

No obstante, fue ante los vocales de la Junta de Zitácuaro que Iturbide logró las victorias más notables de esta etapa de su carrera. Al primero al que enfrentó fue a José María Liceaga, quien había sido designado comandante de la provincia de Guanajuato y cuyo cuartel general se encontraba en una isla de la laguna de Yuriria, que fue rebautizada con su nombre. Iturbide dio muestras de su capacidad táctica al lograr evacuarlo a él y a José María Cos en noviembre de 1812; sin embargo, no pudo apresarlos, pues escaparon en medio de la contienda.

Tuvo una suerte similar en la isla de Jaujilla, cercana a Zacapu, cuando se apoderó de su gran fortificación el 24 de febrero de 1813. El sitio y bombardeo tuvieron éxito, ya que los rebeldes liderados por el mismo Liceaga también tuvieron que huir, dando la oportunidad a Iturbide de conseguir un gran botín, además de representar una victoria sobre un punto de resistencia muy importante, el cual significaba la entrada por el noroccidente a la ciudad de Valladolid.

Hacia abril de 1813, los hermanos Francisco y Ramón López Rayón planearon atacar Acámbaro, de lo que Iturbide se enteró oportunamente, aprestándose para interceptarlos en el camino. El encuentro se llevó a cabo la noche del 16 de abril en Salvatierra, que se encuentra cerca de Tlalpujahua, donde estaba el apoyo principal de los López Rayón. Y aunque la empresa de Iturbide era otra, tuvo por “necesidad atacarles, tanto por asegurar el éxito feliz de la comisión que se me ha encargado, como por impedir a los perversos cualquier golpe que proyectasen”.

Los “Rayones” se fortificaron en el puente de Batanes, pero el temor se apoderó de sus soldados, principalmente del ayudante de campo Pedro Páez, quien huyó a media contienda, facilitando la fuga de sus compañeros. Las pérdidas materiales constaron de toda su artillería y unos 170 efectivos entre muertos, prisioneros y dispersos; sin embargo, la mayor derrota fue la pérdida de ese centro de operaciones.

Al margen de una carta a Ignacio López Rayón, Carlos María de Bustamante escribiría: “Berdusco cumplió la palabra, vio que Iturbide batía a Rayón en Salvatierra, y se mantuvo espectador pasivo y sereno; este fue el principio del engrandecimiento de Iturbide”. Bustamante estaba en lo cierto, pues como recompensa por el triunfo, el virrey mandó grabar una medalla de honor con la inscripción “Venció en el Puente de Salvatierra”, mientras que otorgaba a Iturbide el ascenso al grado de coronel.

 

Si desea leer el artículo completo, adquiera nuestra edición #153 impresa:

Iturbide. Versión impresa.

 

Recomendaciones del editor:

Si desea saber más sobre la Guerra de Independencia y los personajes protagonistas de este periodo, dé clic en nuestra sección “Agustín de Iturbide”

 

Title Printed: 

Agustín de Iturbide, de defensor del orden virreinal a independentista