• viernes, 24 de mayo de 2019.

Extranjeros perdidos en México: La aventura de Julio Verne de 1851

Viaje al centro de México
Por: Ricardo Lugo Viñas

 

El francés Jules Verne (1828-1905), gran representante de la literatura universal, es uno de los padres de la ciencia ficción por obras como Viaje al centro de la Tierra y Veinte mil leguas de viaje submarino.

 

 

Portentosos y bellos murales descansan sobre las paredes del antiguo Palacio del Ayuntamiento (hoy Palacio de la Cultura) de Chilpancingo de los Bravo, en Guerrero. En ellos se narra parte de la historia, geografía y cultura de la región y del estado: el río Balsas, las cadenas montañosas que atraviesan la entidad, personajes como Ignacio Manuel Altamirano, la lucha independentista de Vicente Guerrero o la literatura de Juan Ruiz de Alarcón, son algunos temas que configuran esta obra iridiscente trazada por Jaime A. Gómez del Payán, muralista y paisajista aquicalidense nacido en 1940 y habitante distinguido de Tixtla, Guerrero.

 

Pero un fragmento del mural sorprende: la alegoría de dos personajes de la cultura europea con sus rostros dibujados en el paramento de una montaña de la Sierra Madre del Sur: Alexander von Humboldt y Julio Verne. Conocido es el viaje que el barón alemán emprendió a la entonces Nueva España en 1803, su arribo a través de Acapulco y su estancia en Taxco y Chilpancingo. ¿Pero qué hace el autor francés Julio Verne representado en este mural intitulado Pintura Humboldt?

 

Todo comenzó con el general francés Jean Arago, que en 1817 se había incorporado a las tropas insurgentes de Xavier Mina, durante la lucha por la independencia de México. Tras el nacimiento del nuevo país, Jean se convirtió en general del ejército mexicano y fue testigo de muchas aventuras, como la del origen del primer barco de la Armada nacional, Congreso Mexicano, que había pertenecido a España bajo el nombre de Asia.

 

Resulta que al final de la Guerra de Independencia, la Corona envió navíos para apoyar los últimos intentos por mantener la posesión de su colonia. Pero la revolución insurgente triunfó y los barcos españoles Asia, Aquiles, Constante y Clarington zarparon rumbo a Manila en 1825. En el trayecto se detuvieron, como parte del protocolo, en las islas Marianas. Allí estalló un motín. Los capitanes y oficiales fueron abandonados en el lugar y el buque Clarington resultó incendiado. Los amotinados –en su mayoría americanos– tenían un plan: volver por el Pacífico para ofrecer en venta las tres embarcaciones a los nuevos gobiernos independientes del continente. Y así sucedió: el bergantín Aquiles fue vendido en Chile y los buques Asia y Constante fueron ofrecidos a México. De hecho, uno de los amotinados al mando era de este país: el teniente José Martínez, quien desde Acapulco emprendió el camino hacia la capital para negociar las naves.

 

Para 1851, Julio Verne –recién egresado de la carrera de leyes y novel escritor– escucha esta historia en algún cenáculo parisino de la voz de un anciano ciego: el respetado escritor y explorador Jacques Arago, quien quizá conoció la anécdota por su hermano Jean. Verne queda maravillado con esa aventura y trabaja en ella hasta convertirla en su primera novela breve, originalmente titulada América del Sur. Estudios históricos. Los primeros navíos de la Marina mexicana, publicada ese mismo año por intermediación de Alejandro Dumas hijo. Terminará llamándose Un drama en México y narra el periplo del teniente José Martínez. Verne describe, como si hubiera estado allí, “la inmensa llanura de Chilpancingo donde reina el más hermoso de los climas de México”; igualmente recrea con maestría Acapulco, Iguala, Taxco y Cuernavaca.

 

Así, el escritor francés, más que perderse en México, encontró a esta nación –aun a la distancia– magnífica y aventurera.

 

 

El artículo "Viaje al centro de México" del autor Ricardo Lugo Viñas se publicó en Relatos e Historias en México número 125. Cómprala aquí