• 16-may-2021.

Cómo Texas fue arrebatado a México

William Jay*

La visión de un político estadounidense que se opuso al esclavismo y al expansionismo.

 

La Luisiana fue cedida por Francia a España en 1762 y devuelta a la primera potencia en 1800. Tres años después Francia la cedió a los Estados Unidos. En ninguna de estas transmisiones de dominio se especificaron claramente los linderos del territorio. Era este una extensa e indefinida región situada al Oeste del Misisipí, y, salvo en puntos excepcionales, desprovista de habitantes civilizados. La Luisiana quedó, por supuesto, contigua a los dominios mexicanos de España y resultaba difícil señalar la línea divisoria.

A medida que se iban extendiendo las colonias norteamericanas en la Luisiana, fue ineludible que surgiera la cuestión de límites entre los gobiernos de España y de los Estados Unidos. Finalmente se tuvo un arreglo en 1819, mediante un tratado que se hizo con el Gobierno español, en el que las potencias contratantes se cedían mutuamente todo derecho sobre territorios que se extendiesen más allá de determinada línea.

En 1820, el Estado de Misuri, que se formó con territorio de la Luisiana, fue admitido en el seno de la Unión norteamericana como Estado esclavista. Para facilitar su admisión y vencer la oposición formidable de los Estados del Norte que no querían admitir la incorporación de otro Estado esclavista en el grupo confederado, los dueños de esclavos propusieron y efectuaron el celebrado “Arreglo de Misuri”, que era una ley en la cual se establecía que en lo futuro quedaba prohibida la esclavitud al Norte del paralelo 36° 30’ de latitud norte.

Pronto se puso en claro, a pesar de ello, que el Arreglo de Misuri, agregado a la fijación del límite Sur de los Estados Unidos por el tratado español de 1819, había reducido a una extensión relativamente pequeña el área de que se dispondría en lo futuro para formar Estados esclavistas. Excluyendo a la Florida, el territorio que quedaba al Sur de la línea fijada por el pacto de Misuri probablemente bastaría apenas para formar dos nuevos Estados.

Separaba el Estado de Luisiana de la provincia española de Texas el Río Sabinas, y su suelo, su clima y su posición geográfica hacían su adquisición muy deseable para los intereses esclavistas. De cuando en cuando se concibieron planes para apoderarse de tan codiciado territorio; tomarlo por la fuerza, colonizarlo, comprarlo, provocar su independencia y efectuar después su anexión. El primer procedimiento se intentó poco después de que el tratado español puso fin a las pretensiones de los Estados Unidos sobre Texas como parte supuesta del territorio de la Luisiana.

Cierto individuo llamado James Long, con unos setenta y cinco aventureros enemigos de la Ley, salió de Nátchez el 17 de junio de 1819 y se lanzó sobre Nacogdoches, que está a cuarenta millas de la frontera de Texas, dentro de este territorio. El 23 del mismo mes, Long lanzó una proclama que puede considerarse como el primer paso en la carrera de fraudes, falsedades y violencias que condujeron finalmente a la anexión de Texas y a la guerra con México. En ese documento, que probablemente se preparó en el Estado de Misisipí, Long, dándose a sí mismo el título de presidente del Consejo Supremo de Texas, declaraba que:

“Los ciudadanos de Texas habían abrigado por mucho tiempo la esperanza de que al ajustarse las fronteras de las posesiones españolas de América y los territorios de los Estados Unidos, se incluyese su región dentro de los límites de este último país.”

Como esta esperanza se había perdido por obra del tratado reciente, la proclama anunciaba que, en consecuencia, “se declara independiente la República de Texas”. Este manifiesto tenía por objeto naturalmente invitar a los ciudadanos americanos a que se alistaran en las fuerzas de Long y participaran con él en el despojo que se proponía realizar. Poco después se publicó esa proclama en el periódico Louisiana Herald, que se editaba en Nueva Orleans.

No tardó mucho en dispersarse aquel grupo, cuando algunos de sus miembros fueron muertos y otros capturados por los españoles.

En seguida se adoptó el plan de la colonización. Moisés Austin, de Misuri, consiguió permiso en 1821 de las autoridades españolas, para llevar a Texas trescientas familias de colonos con determinadas condiciones. Obtúvose la concesión, según se dijo, porque basó Austin su solicitud en que los católicos estaban siendo perseguidos en los Estados Unidos, y convino en que todos los colonos que llevara a Texas serían miembros de esa religión oprimida. Al morir Austin, renovose el permiso de colonización en favor de su hijo, en 1823, y este inició desde luego la formación de una colonia en Brazos, con inmigrantes de Tennessee, Misisipí y la Luisiana. Según la concesión renovada, los colonos tendrían que ser exclusivamente católicos; pero cualquiera que fuese su credo en otros respectos, los colonos de Austin creían en el derecho del hombre a ejercer dominio sobre otros hombres, y por lo tanto llevaron consigo a sus esclavos.

 

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* N. de la R. Este texto proviene de la obra Revista de las causas y consecuencias de la guerra mexicana (IAEPEM, 2013), publicada por primera vez en Estados Unidos en 1849, bajo el título A Review of Causes and Consequences of the Mexican War. Disponible para su descarga gratuita en: https://bit.ly/2JGMFgH.

 

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