• domingo, 9 de diciembre de 2018.

¡Vamos al cine! Les recomendamos “Yo fui novio de Rosita Alvírez”

México, 1955
Por: Marco Villa

 

En una época en la que se explotaba con gran éxito comercial a los íconos y símbolos de lo mexicano en la industria del entretenimiento, Zacarías Gómez dirige al Gallo Giro y a Andrés Soler en esta historia basada en el legendario corrido de la Alvírez.

 

 

A la bella Rosita Alvírez le gustaba la galantería y también se daba su tiempo para elegir con cuál hombre estar, sin importar si estaba o no comprometido. Lo malo fue que enamoró a dos de ellos que al momento en que tuvieron que disputar su amor eran cercanos y próximos parientes: Miguel e Hipólito. A este par se suman Serapio, que apenas tuvo un instante para hacerle ver el amor que le profesaba, y Guillermo, quien sorpresivamente se la lleva.

 

Alvírez (interpretada por Chula Prieto) llega a un rústico poblado donde los problemas y chismes se aclaran a golpes, debido a un robo que la deja sin pertenencias, por lo que tiene que hospedarse en el hotel atendido por Romeo (Alfonso Pompín Iglesias). Del pueblo son oriundos el alcalde don Serapio (Andrés Soler), Hipólito (Luis Aguilar) y Miguel (Raúl Martínez), quien en primera instancia se ocupará de los gastos de la presunta incauta.

 

En este lugar, la mujer convive con las venturas y desventuras de sus pretendientes, quienes se desbordan en adulaciones y obsequios hacia a ella, hasta que termina por comprometerse, lo que agrava la situación. Por si fuera poco, la bella Rosita tiene que enfrentar a Susana (Guillermina Téllez), hermana de Hipólito y exprometida de Miguel, quien le va a buscar la cara a la “intrusa” para reclamarle su proceder a punta de golpes.

 

Todo apunta a que el pleito acabará en un fatídico suceso cuando Romeo le advierte a Miguel que Hipólito y don Serapio “le pueden tirar a dar”, luego de que este es señalado como el culpable de su desazón. “Contra las muchas penas, las copas llenas; y contra las penas pocas, llenas las copas”, sentencia Hipólito, previo al sorpresivo desenlace de esta comedia de charros dirigida por Zacarías Gómez Urquiza, la segunda basada en el afamado Corrido de Rosita Alvírez, una de cuyas versiones más famosas es interpretada por Eulalio González Piporro.

 

El ídolo sonorense Luis Aguilar había estelarizado Yo maté a Rosita Alvírez, la primera cinta basada en el popular corrido, del que por cierto sobrevive uno que otro mito que bien vale la pena traer a cuento: que si existió o no Rosita, toda vez que algunas versiones de cronistas locales señalan que no hay registro oficial de su muerte allá por el 1900, tiempo que refiere la canción; que si la historia es de Múzquiz, Ramos Arizpe o Allende (Coahuila), según la letra del Piporro, o de la meritita capital Saltillo, del barrio Águila de Oro; que si la canción es obra del connotado compositor norteño Felipe Valdés Leal, como lo avala la Sociedad de Autores y Compositores de México, y finalmente si está inspirada en aquel corrido que cuenta la muerte de Belén Galindo ocurrida en Saltillo de 1883, con el que guarda sorprendentes similitudes.

 

Lo que sí es una realidad es que el corrido forma parte del imaginario colectivo y que seguramente perdurará por muchos años más.