• 22-nov-2019.

¡Vamos al cine! Les recomendamos “Rashomon”

(Japón, 1950)
Marco Villa

 

Dirigida por el legendario director japonés Akira Kurosawa, esta cinta tuvo en el estelar a Toshiro Mifune, quien en 1961 viajó a nuestro país para dar vida al indígena oaxaqueño Ánimas Trujano en la exitosa cinta homónima.

 

Con el matiz de un cuento o una leyenda basada en el siglo XII japonés, en una tierra habitada “por señores feudales y hombres libres que vivían al margen de la ley”, había un templo en ruinas llamado Rashomon. Ahí, tres personajes que se resguardan de un aguacero, un monje, un leñador y un extraño más, comentan la violación de una mujer y el asesinato del hombre que la trasladaba por el medio del bosque. A estas confesiones se suma el espíritu del samurái asesinado. Y a pesar de las diferentes perspectivas de los relatos, coinciden en dos aspectos: la mujer del samurái no despreció al violador después de consumado el acto, y el samurái cayó abatido por una espada o puñal que lo atravesó. Aunado a ello, los tres se atribuyen la autoría de la muerte. Pero no se sabe cuál es la verdad y será labor del espectador reflexionar en ello.

 

En homenaje a su genio artístico en su 31 aniversario luctuoso, y para recordar también el magistral trabajo de Mifune en México, protagonista de Rashomon, rememoramos aquí esta cinta dirigida por Akira Kurosawa. Nacido en Tokio en 1910 y proveniente de una familia de comerciantes descendientes de un clan samurái, el realizador pudo ser pintor, pero se decantó por el cine. Se dice que admiraba a Charles Chaplin. Trabajando para Kajiro Yamamoto, director de películas bélicas, fue reconocido públicamente por su buen manejo y creación de escenografías. Lo que vino después fue el inicio de una exitosa carrera cinematográfica alejada de las costosas producciones y con profundo sentido humano.

 

En cuanto a Toshiro Mifune, su visita a México no quedó solo en la filmación en Oaxaca, su interpretación que le valió la nominación al Oscar o su convivencia con las actrices y el equipo dirigido por Ismael Rodríguez. Para cuando bajó del avión a finales de abril de 1961, el nipón era ya una estrella mundial de la pantalla grande y la gran expectación generada sobre él lo demostró. “Vestido con el traje de gala de su país natal, llamado allá montsuki” –según decía al pie la imagen publicada por El Universal–, el actor arribaba a la capital para filmar por primera vez fuera de su país. Una nota del 2 de mayo agregaba: “Dirigió […] una especie de pintoresco discurso, breve y gracioso, en un español especialísimo, salpicado de expresiones japonesas”. El histrión también mencionó que filmaría la cinta en honor a Pedro Infante, pues él hubiera hecho el papel del ambicioso, iracundo y bebedor indígena oaxaqueño que aspira a ser mayordomo de su pueblo. También se reunió con el mandatario Adolfo López Mateos y le regaló una vistosa pistola japonesa con incrustaciones.

 

Kurosawa continuó con su carrera detrás de cámaras, pero ya sin el éxito alcanzado en la década anterior, sobre todo con Los siete samuráis, El trono de sangre y La fortaleza escondida. Para diciembre de 1971 quiso suicidarse, pero no logró su cometido. Falleció el 6 de septiembre de 1998, a la edad de 88 años. El saldo final de su obra: más de una treintena de cintas, varias de ellas calificadas como obras maestras. Le dejamos aquí Rashomon, filme ganador del León de Oro en el Festival de Cine de Venecia en 1951, misma que le permitió al director japonés darse a conocer a nivel mundial.