• 10-abr-2020.

¿Quién es el Rey del Churro?

Vida y obra del cineasta Juan Orol
Javier Bonilla

 

El cine mexicano popularizó las películas de charros y rumberas que dominaron la taquilla a mediados del siglo XX. Fueron raras las ocasiones en que dos géneros se unían para el regocijo de todos, como en las comedias rancheras. Pero ¿qué sucedería al combinar más de dos géneros y darles un giro inesperado a los personajes típicos? Solo una persona logró esa titánica tarea: el gallego Juan Rogelio García García, mejor conocido por su nombre artístico de Juan Orol.

 

 

La película Gangsters contra charros sería el pináculo de su visión única del místico mundo criminal y la belleza de las rumberas provenientes del Caribe. La producción que se estrenaría en la primavera de 1949 fue escrita, dirigida, producida y estelarizada por él mismo, y unió a los tres géneros más populares del cine nacional: gánsteres, charros y rumberas, algo no se había visto en la pantalla grande.

 

Andanzas del Rey del Churro

 

Pese al éxito en taquillas que alcanzó Orol, la falta de calidad en sus películas se notaba. Se decía que iniciaba los rodajes con guiones sin terminar o incluso sin ellos. Su filmografía fue duramente criticada por su poco valor artístico y por los incontables errores de continuidad que, si bien son recurrentes en la industria, en el mundo oroliano era uno de los sellos distintivos.

 

Su forma de dirigir también fue muy especial. Sin importar lo que sucediera, cada escena debía filmarse en una sola toma. Esa era la regla de oro del director, productor, guionista y actor. El elenco y la producción debían seguir al pie de la letra dicha indicación; de no hacerlo, serían víctimas de su ira, pues no podía darse el lujo ni deseaba usar cinta de más a causa de los errores o el perfeccionismo de sus actores, ya que para él representaban gastos innecesarios. Por ello se ganó el título de Rey del Churro, en referencia a los filmes de bajo presupuesto y dudosa calidad.

 

La obra de Orol en la época de oro del cine nacional, a mediados del siglo XX, era considerada como lo peor de lo peor, una desgracia para la industria, y proyectar una película de su casa productora España Sono Films era lo más bajo que podía caer una sala de cine. La crítica especializada trataba a toda costa de desacreditar su trabajo y desalentar al público de pagar un boleto para ver un churro.

 

A pesar de tener a casi toda la industria en su contra, Orol se rodeó de incondicionales que conocían el medio y creían en el tipo de cine que hacían, sin importar el descrédito. Así logró cautivar a una gran parte del público y sus obras dejaron buenas ganancias en la taquilla, hasta que la industria cinematográfica dejó de ser redituable.

 

El estilo oroliano

 

Las creaciones del Rey del Churro van más allá de lo aparente y la lógica. En sus obras se contemplan situaciones inverosímiles creadas por la mente de un amante de las mujeres exuberantes, quienes al ritmo de sus movimientos de cadera desatan el deseo carnal, al tiempo que presentan una alegoría de los mitos del mundo criminal de los gánsteres, con diálogos acartonados y la mala actuación de un actor en el mejor papel de su vida.

 

Orol se convirtió en una leyenda dentro y fuera de los sets, a veces odiado y otras idolatrado. La forma de ver sus películas es tratar de disfrutar aquellos defectos y descuidos, pues estos se pueden convertir en virtudes en el mundo donde Juan es rey. Sus películas tienen una trama sencilla para todos: gánsteres vistiendo finos trajes oscuros y una mujer que desata pasiones al bailar ante la cámara.

 

Actuaciones del nivel de Fernando Soler, Arturo de Córdova, Pedro Armendáriz, Marga López o Sara García, diálogos y una trama que estremece el alma o la mirada profunda y la ceja levantada que cautiva a los cinéfilos, no eran el estilo del Rey del Churro. Cuando disfrutaba del retiro y de una creciente admiración por sus obras en México y España, le hicieron entrevistas en las que habló sobre su forma de hacer cine.

 

Una de ellas fue en este tono:

 

—Señor Orol: ¿por qué durante la balacera está usted vestido de blanco y en la siguiente secuencia está usted vestido de negro?

—Creo que después de matar a tanta gente tenía que salir de luto.

 

Y en otra explicó:

 

—Don Juan, ¿cómo es posible que en una escena usted ametralle a todos sus enemigos, que están sentados ante una mesa y de espaldas a un amplio ventanal, y no se rompa un solo vidrio por el impacto de las balas?

—¿Y qué? ¿Me iba usted a pagar los vidrios rotos? Y además, ¿cree usted que el público va a ver vidrios rotos al cine?

 

 

Continúa leyendo sobre la vida y obra del cineasta Juan Orol en el artículo completo “El Rey del Churro” del autor Javier Bonilla, que se publicó en Relatos e Historias en México número 116. ¡Cómprala aquí!