• 12-dic-2019.

¿Hernán Cortés asesinó a su esposa?

Nora Ricalde Alarcón

 

¿Hernán Cortés mandó traer a la Marcayda amorosamente a Nueva España o ella impuso su llegada reclamando el lugar y la fortuna que le correspondían por la conquista? ¿Qué sucedió realmente la noche de su muerte?

 

Poco se sabe de las esposas de Hernán Cortés. Mucho menos de la primera, famosa, sin embargo, debido a la sospecha de su asesinato que por siglos ha pesado sobre el conquistador. Cuando Bernal Díaz del Castillo introdujo a Cortés en el capítulo XIX de su magna obra Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, nos introdujo también a Catalina Suárez, conocida como la Marcayda, de quien dice: “Hernando Cortés […] poco tiempo había que se había casado por amores con una Señora que se decía doña Catalina Xuarez Pacheco […] y sobre este casamiento de Cortés le sucedieron muchas pesadumbres y prisiones; porque Diego Velázquez favoreció las partes della”. Pero beneficios también le trajo, porque dice Díaz del Castillo que precisamente una de las razones por las que Velázquez, gobernador de Cuba, nombró a Cortés capitán de la armada que llegó a México-Tenochtitlan, fue su matrimonio con Catalina Suárez.

 

¿Quién era la Marcayda?

 

Señala el historiador Francisco Fernández del Castillo que, en 1509, Diego Suárez y María de Marcayda formaron parte del séquito con el que llegó desde España a la isla La Española (hoy República Dominicana y Haití) la esposa de Diego Colón, doña María de Toledo. Con ellos venían sus cinco hijos: la famosa doña Catalina y también doña Constanza, doña Leonor, doña Francisca y don Juan. Después de permanecer unos años en La Española, don Diego Suárez decidió migrar a Cuba buscando un buen futuro para sus hijas.

Por su parte, el historiador Esteban Mira Caballos señala que en realidad fue don Juan Suárez de Peralta, el hermano de doña Catalina, quien llegó a La Española con fray Nicolás de Ovando en 1502, para participar en la conquista de la isla, y lo hizo con tales méritos que recibió una encomienda de indios.

Sin importar la génesis de la llegada a tierras americanas de la familia Suárez Marcayda, ambos historiadores coinciden en que posteriormente habría emigrado a Cuba con la flota del adelantado Diego Velázquez. De nuevo en este territorio, don Juan Suárez participó de forma activa en las batallas de ocupación y colonización de la isla y Catalina fungiría como dama de compañía de María de Cuéllar, esposa de Velázquez.

Los Suárez Marcayda se avecindaron en la ciudad de Santiago, donde lograron estabilidad económica y ascensión social, a pesar de que la zona se encontraba aún en proceso de pacificación.

Compañero de batallas de don Juan Suárez fue Hernán Cortés, con quien este se asoció para explotar una encomienda de ganado. Grandes amigos fueron desde entonces y hasta muy entrada la colonización de México. Debido a la relación entre ellos, Cortés conoció a doña Catalina, con quien pronto entabló tratos cercanos.

Los vínculos entre la pareja se fueron estrechando cada vez más hasta hacer obligada la boda; pero don Hernán, siempre un conquistador, no quería casarse. Por tal razón, la familia de Catalina recurrió a su amigo el gobernador Velázquez, a fin de que presionara a Cortés para cumplir con el matrimonio que había prometido. Como el hombre eludía el compromiso, Velázquez lo apresó. Prisiones y presiones lo convencieron finalmente: se casó con Catalina, en Cuba, alrededor de 1517.

De esos tiempos hay información de que fueron felices, que Cortés la llenaba de regalos y que, al salir de Cuba, dejó a Catalina y a Juan como encargados de la administración de su encomienda, sus bienes y el pago de sus deudas.

 

Llega la Marcayda

 

Tras esperar a que Cortés finalizara su aventura y regresara a Cuba, y a casi un año de finalizada la conquista de México (1521), doña Catalina decidió ir a buscar a su marido –sobre quien recibía todo tipo de noticias– y embarcarse hacia la tierra prometida. Cuando llegó a Veracruz acompañada de su madre, hermanas y hermano –quien había participado también en la conquista de Tenochtitlan, pero que a petición de Cortés había ido por Catalina a Cuba–, fue recibida con honores y acompañada hasta Coyoacán, donde se encontraba Cortés. Este, según Díaz del Castillo, la recibió con grandes fiestas, aunque con pesar en el fondo:

 

“Había entrado un navío en el río de Ayagualulco […] en el que venía de la Isla de Cuba la señora Doña Catalina Xuárez, “La Marcaida”, que así tenía el sobrenombre, mujer […] de Cortés, y la traía un su hermano Juan Xuarez […] y venía otra señora, su hermana […] y otras muchas señoras casadas […] y cuando Cortés lo supo, dijeron que le había pesado mucho de su venida, puesto que no lo demostró y les mandó salir a recibir; y en todos los pueblos les hacían mucha honra hasta que llegaron a México, y en aquella Ciudad hubo regocijos y juegos de cañas; y dende [sic] a obra de tres meses que hubieron llegado oímos decir que esta Señora murió de asma; y que habían tenido un banquete el día antes, y en la noche, y muy gran fiesta.”

 

Poca gracia debe haberle hecho a Cortés la llegada de su esposa cuando se encontraba disfrutando de su triunfo y del tórrido romance con la Malinche. Luego, por causas no lo suficientemente aclaradas y a pocos meses de su llegada, la joven Catalina murió.

 

La versión del asesinato

 

Por el juicio que se le hizo a Cortés debido a la muerte de su primera esposa, sabemos que, al llegar a Nueva España, a doña Catalina le fue otorgada una encomienda y que, el 1 de noviembre de 1522, los esposos atendieron las celebraciones religiosas en la iglesia y por la noche ofrecieron una fiesta en su casa. Nos dice Fernández del Castillo que, en el momento de la cena, doña Catalina se dirigió a Solís Casquete, capitán de la artillería del ejército de Cortés, y le dijo:

 

“—Vos Solís, no queréis sino ocupar a mis indios en otra cosa de la que yo les mando e non se face lo que yo quiero.

—Yo señora no los ocupo, allí está su merced que los ocupa y manda —contestó Solís señalando a Cortés.

—Yo vos prometo que antes de muchos días haré yo de manera que nadie tenga que entender con lo mío. A estas palabras dijo Cortés en son de chanza:

—Con lo vuestro Señora, yo no quiero nada de lo vuestro."

 

De estas palabras se rieron damas y caballeros presentes, lo que molestó aún más a doña Catalina, quien se retiró a su recámara al terminar la cena. Cortés la alcanzó al finalizar el festejo, pero cerca de la media noche despertó a los familiares de su esposa con fuertes gritos, diciéndoles que se encontraba enferma. Cuando llegaron a verla ya estaba muerta.

La imaginación popular, bien manejada por los numerosos enemigos de Cortés, imputó la muerte de doña Catalina al conquistador: que la ahorcó con sus trenzas, que con sus propias manos; que hubo huellas de manos y dedos en el cuello y la cara del cadáver. Era 1522 y don Hernán no dio importancia a las habladurías y acusaciones, pero en 1529 su gran amigo y cuñado, don Juan Suárez de Peralta, a nombre de su madre doña María de Marcayda, lo acusó del asesinato de Catalina.

De acuerdo con las declaraciones de los testigos en el juicio, existieron pruebas de que el homicidio efectivamente pudo haber ocurrido, debido a que doña Catalina no mostró síntomas de ninguna enfermedad durante la fiesta; a que realmente ocurrió una disputa entre marido y mujer; a que cuando Cortés avisó acerca del estado de Catalina, ella ya estaba muerta; a que los testigos observaron en el cadáver cosas raras y sospechosas, como que tenía moretones en el cuello; a que se encontraba despeinada, como si hubiera peleado con alguien, y a que en el suelo estaban tiradas las cuentas de un collar. Dicen también que, a la mañana siguiente a la muerte de la Marcayda, las mujeres que la arreglaron para recibir cristiana sepultura hallaron señales de ahogamiento y de resistencia en el cadáver.