• 25-nov-2020.

El cannabis llegó con los españoles

José Domingo Schievenini

 

No hay evidencia documental sólida para afirmar que el cannabis se cultivó en el continente americano previo a la llegada de los españoles en el siglo XVI. Toda afirmación en contrario peca de folclórica y poco documentada. Los españoles trajeron consigo el cannabis, lo llamaban cáñamo y lo cultivaban para obtener fibra textil de su tallo. No conocían –o no les interesaban– sus propiedades psicoactivas.

 

Diversos autores, de manera casi unánime y probablemente errónea, consideran que Pedro Cuadrado (uno de los conquistadores que conformaba la expedición de Pánfilo de Narváez) fue el primero en cultivar esta planta. Existe certeza de que, en algún punto de 1537, estando en Ciudad de México, Cuadrado conocía ya el oficio del cultivo de cáñamo (esta evidencia proviene de documentos originales reunidos por el historiador Francisco de Icaza). Sin embargo, pudo haber sido Hernán Cortés, o bien, fray Juan de Zumárraga o Sebastián Ramírez de Fuen Leal quienes impulsaron este cultivo originalmente.

Para sustentar la hipótesis relacionada con Hernán Cortés podemos argumentar que ya desde su “Tercera carta de relación”, de 1522, el conquistador manifestó deseo por desarrollar un proyecto naval para emprender hacia la “Mar del Sur”, tarea apoyada por la Corona española, y para la cual serían necesarios textiles de “cáñamo” con el fin de elaborar cordaje y velas. Cortés viajó a España en 1530, regresando a territorio novohispano –convertido en marqués del Valle– en 1532. De ese viaje, además de con cientos de barriles de vino, retornó con abundantes semillas, entre las cuales muy probablemente se encontraban algunas de cannabis. Tres años después de su regreso a la Nueva España –en 1535– Cortés emprendió hacia “la Mar del Sur”. Es posible, entonces, que en esa expedición mandase sembrar cáñamo en diversos puntos en las costas del océano Pacífico, para así disponer material necesario con el fin de construir la deseada armada naval.

La intención de Cortés por promover el cáñamo fue secundada por quien parece haber sido otro gran impulsor del cultivo de cannabis: el obispo fray Juan de Zumárraga. Son varios los documentos en los que este menciona la necesidad de sembrar cáñamo. En uno de ellos se puede leer que “si los indios tuviesen lino y cáñamo, y manera de labrarlo, ellos y los españoles serian ricos […] porque venderían, para llevarla a Castilla, lienzos, cañamazos, colonas para navíos, y por tanto sería menester proveer que venga de Castilla mucha semilla de lino y cáñamo, y personas que introduzcan y enseñen el arte de sembrarlo y perfeccionarlo y tejerlo entre los indios”. En este sentido, en otro documento posterior, Zumárraga reitera la necesidad de “que viniesen algunos labradores de cáñamo para que lo labrasen y criasen, mayormente en la costa del sur, para los navíos que allí se pueden hacer en cantidad”.

Así pues, no se puede descartar la posibilidad de que Hernán Cortés o fray Juan de Zumárraga fuesen pioneros en el cultivo de cáñamo, antes de la repentina aparición de Pedro Cuadrado con la semilla en 1537. Sin embargo, la evidencia más sólida apunta a que el religioso y jurista español, Sebastián Ramírez de Fuen-Leal, al llegar a la Nueva España en 1530, fue quien dio la orden de fomentar este cultivo y también el que orquestó las primeras plantaciones alrededor de Ciudad de México. En palabras de Torquemada, entre 1530 y 1535, Ramírez de Fuen-Leal “puso diligencia en plantar muchas frutas de Castilla en todas partes e hizo sembrar cáñamo y lino”.

 

Durante trescientos años se sembró libremente

Más allá de quien fue el primero en cultivar el cannabis en el actual territorio mexicano, resalta el hecho de que durante un largo periodo (siglos XVI-XVIII) esta planta se cultivó con el nombre de cáñamo, y no fue objeto de ningún tipo de prohibición. Desde 1530 y hasta 1796, la Corona española emitió una importante serie de disposiciones oficiales destinadas a impulsar su siembra.

Tras el registro relativo a los cultivos de Sebastián Ramírez de Fuen-Leal entre 1530 y 1535, la primera disposición documentada sobre el cannabis en Nueva España se remonta a 1545. Fue expedida en Ponferrada, España, por Carlos V. En esta ley se puede leer: “Encargamos á los Virreyes, y Gobernadores, que hagan sembrar, en las Indias lino y cáñamo, y procuren que los indios se apliquen a esta granjería”. De igual forma, el cultivo de cáñamo fue impulsado por la Corona en Chile, en 1545, y en Perú en 1553.

Entre 1550 y 1564 la Corona dictó varías instrucciones al virrey Luis de Velasco, las cuales ordenaban se cumpliera en Nueva España la referida ley de 1545. No obstante, la intención de estas instrucciones, salvo en Atlixco, Puebla (donde se sembró cáñamo a partir de 1587), no tenemos prueba de cultivos de cannabis que hubiesen prosperado en territorio novohispano durante los siglos XVI y XVII.

La evidencia documental relacionada con Atlixco proviene de dos informes. En el primero de 1642, “Informe del ilustrísimo señor Don Juan de Palafox, Obispo de la Puebla, al excelentísimo señor Conde de Salvatierra, Virrey de esta Nueva España”, Palafox menciona que “es muy conveniente fomentar lo que yo he comenzado, que se labre cáñamo y lino en Atlixco y otras partes para la fábrica de los navíos de la armada, porque […] en campaña no se halla la lona, que no sea comprándola a nación extranjera y tal vez enemiga, y aquí se da el cáñamo y lino, con tanta fecundidad”.

El segundo documento que constata aquellos prósperos cultivos en Atlixco es el “Informe de Juan Francisco del Valle al Virrey Bucareli”, emitido en 1777. En él se puede leer: “Desde el siglo pasado una Familia nombrada de los Hernández, originaria de esta villa consiguió licencia de ese superior gobierno para sembrar y beneficiar la semilla”. Además, especifica que en las tierras cultivadas, en las faldas del Popocatépetl, “se daba el cáñamo muy abundante, y frondoso y de él hacían cordeles para lámparas, tirantes para coches, cinchas y otros encargos de los mismos cordeles que les pedían”. El cáñamo se cultivó en Atlixco hasta 1761, cuando falleció el último miembro de aquella familia, Juan Joseph Hernández. Con esa muerte parece haber desaparecido la producción exitosa de fibra de cannabis, no solo en Atlixco, sino en todo México.

Ya entrado el siglo XVIII, ante la ausencia de cultivos de cáñamo y en el contexto de las reformas borbónicas, la Corona española decidió emitir al menos veinte disposiciones más destinadas a fomentar esta empresa en territorio novohispano. Resultado de estos nuevos ordenamientos (emitidos entre 1777 y 1796) se logró cierta eficacia en varios de los intentos de cultivo, pero estos acabarían por perecer rápidamente. Primero funcionaron algunos plantíos en California y Michoacán; luego en Papantla (Veracruz), San Miguel el Grande (Guanajuato), Cholula (Puebla), Monte Albo (Guerrero) y San Blas (Nayarit). En las inmediaciones de la capital, hubo en Tacuba, Texcoco, Xochimilco, San Juan Teotihuacan, y las más abundantes en Chalco, donde se creó la Real Fábrica de Cáñamo y Lino en 1781. Llama la atención que es en Chalco donde, dos siglos y medio antes, fray Juan Zumárraga pudo haber sido quien cultivara cáñamo por primera vez en territorio novohispano.

Al final ninguno de esos cultivos prosperaría. Los problemas con el riego y en la adecuación de las superficies al sembrar, complicaciones técnicas al crecer las plantas y al transformarlas en fibra, y principalmente la carencia de semillas de buena calidad, fueron las razones detrás de estos fracasos. Así, sin los insumos técnicos necesarios para producir fibra y sin un mercado inmediato que demandase el producto, es posible que algunas de estas plantas no fuesen destinadas a producir insumos textiles, sino que se destinaran, más bien, a utilizar las flores del cannabis, las cuales contienen una resina psicoactiva que por mucho tiempo y en diversas culturas se ha consumido como droga recreativa o medicinal.