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  • martes, 19 de junio de 2018.

¿Cuándo se grabó el primer disco de jazz en México?

El primer disco de jazz en México lo grabó la Orquesta de las Estrellas en 1954
Por: Yonathan Amador

 

Nueve músicos mexicanos de distintas geografías, la mayoría integrantes de la exitosa orquesta de Luis Arcaraz, participaron en 1954 en la histórica grabación del primer disco de jazz en nuestro país.

 

 

Eran años difíciles para la vida nocturna de Ciudad de México a consecuencia de las políticas de la administración del regente Ernesto P. Uruchurtu (1952-1966), quien a través de la “cruzada por la decencia teatral”, liderada por el escritor Luis Spota, inició una cacería que derivó en el cierre de varios cabarets, teatros de revista y centros nocturnos que, según ellos, corrompían conciencias y carteras, por lo que se decretó que la diversión debía terminar a la una de la mañana.

 

Sin embargo, algunas crónicas, fotografías y películas de la época dejan ver que, pese a las restricciones impuestas, por las noches las calles del centro eran un hervidero de gente que salía a divertirse.

 

En paralelo, en el Estados Unidos de la posguerra, la corriente bebop del jazz sonaba con fuerza y en 1954 se realizaba la primera edición del festival de ese género más antiguo del que se tiene registro, el Newport Jazz Festival.

 

En un Estados Unidos con gran actividad jazzística y una Ciudad de México azotada por el llamado Regente de Hierro, se realizó la primera grabación formal de jazz mexicano, en la que participó, entre otros, el contrabajista Víctor Ruiz Pasos, Vitillo. Originario de Veracruz, él cuenta que los músicos en aquella época llegaban a trabajar a los centros nocturnos o teatros de revista de la capital mexicana entre las ocho y las nueve de la noche, y salían con los primeros rayos del sol: “a la una de la madrugada se cerraban las puertas, pero la gente se quedaba adentro y nosotros seguíamos tocando”. De esta manera, los locales burlaban las restricciones impuestas por Uruchurtu.

 

En estos sitios satanizados por la “buena conciencia” del señor regente se podían ver y escuchar a orquestas como las de Rafael de Paz, Juan Bruno Tarraza, Gonzalo Curiel, Pérez Prado o Luis Arcaraz, en las cuales tocaban los músicos que comenzaron la historia fonográfica del jazz en México.

 

Solo los mejores

 

Los ensambles jazzeros tienen presencia en México desde inicios del siglo XX, sin embargo estuvieron al margen de la industria discográfica dominada por géneros como el bolero, el mambo, la música vernácula o la afroantillana, salvo cuando se trataba de tocar con alguna orquesta, acompañar a los cantantes del momento o participar en películas, en ocasiones sin crédito.

 

No obstante, músicos como Héctor Hallal, el Árabe en el saxofón alto, Tino Contreras en la batería, Vitillo con su contrabajo, César Molina y su trompeta, Tommy la Negrita Rodríguez en el saxofón tenor, Pepe Solís en el corno francés, Román López con su sax barítono, Mario Patrón y Pablo Jaimes en el piano, no cejaron en su intento de tocar jazz.

 

Vitillo recuerda que durante los ensayos de la orquesta era común que improvisaran por mera diversión; de igual manera, Tino Contreras rememora que, al final de cada tocada, algunos de sus músicos se quedaban sobre el escenario para una jam session, es decir un palomazo o tocada informal, en el que con todo y público interpretaban sus versiones de conocidos estándares del jazz.

 

El periodista Roberto Ayala –conductor del programa de radio Jazz Session en la XEQ a finales de los años cuarenta del siglo pasado– disfrutaba de esos palomazos y fue quien tuvo la idea de llevarlos a un estudio y producir el primer disco de jazz mexicano, a decir del contrabajista y promotor de jazz Roberto Aymes. Ayala se acercó a Héctor Hallal, arreglista principal de la orquesta de Arcaraz, para compartir su inquietud y le encargó reunir al mejor grupo de jazzistas del momento.

 

El Árabe no lo pensó dos veces e invitó a los músicos que ya conocía y con quienes lo unían largas horas de palomazos, pero sobre todo de amistad. Tres días en un estudio en la esquina de Balderas y Victoria, en el centro de Ciudad de México, fueron suficientes para hacer historia.

 

Se graba: 3, 2, 1...

 

Las sesiones se realizaron por la mañana, platica Tino Contreras, por lo que no resulta difícil pensar que algunos de ellos se pasaban directamente de sus trabajos y tocadas nocturnas al estudio, que era utilizado principalmente para grabar comerciales.

 

No hubo ensayos previos, no había tiempo que perder; los nueve músicos llegaron con ideas, propuestas de temas, mucho talento y entusiasmo. “Lo hicimos con tantas ganas, que nadie pensó que nos pagaran algo por ir a grabar”, añade Tino a 63 años de distancia. Y en efecto, ninguno de ellos vio un solo peso por dejar este testimonio.

 

Además, nunca antes se habían grabado temas originales de jazzistas mexicanos. De los veintiocho cortes que conforman la sesión, uno es de Héctor Hallal (Viernes a las nueve), otro de Mario Patrón (Mambo en blues), tres de Tino Contreras (Minueto en La, Rumbola y Vacilando, atribuida erróneamente en los créditos a Arcaraz), y uno más de Vitillo (Cuerdas tristes).

 

Los músicos seleccionaron, adicionalmente, dos temas de Mario Ruiz Armengol (Silenciosa y Casbah); uno de Arcaraz (Prisionero de mar), en el que se lucen con formidables solos; uno más de María Grever (Volveré), y el clásico de Consuelito Velázquez, Bésame mucho. La sesión se completó con versiones de temas de George Gershwin, Cole Porter, Jerome Kern o Benny Goodman.

 

¿Quiénes formaban La Orquesta de las Estrellas?

 

Los músicos que participaron en la grabación del primer disco de jazz en México fueron:

 

Mario Patrón, piano.

Pablo Jaimes, piano.

Víctor Ruiz Pasos, contrabajo.

Tino Contreras, batería.

César Molina, trompeta.

Héctor Hallal, tenor.

Tomás Rodríguez, sax tenor.

Román López, sax barítono.

Pepe Solís, corno francés.

 

 

Esta publicación sólo es un fragmento del artículo "¡La Orquesta de las Estrellas!" del autor Yonathan Amador, que se publicó en Relatos e Historias en México, número 115