• 20-oct-2019.

¡Vamos al cine! Les recomendamos “Subida al cielo!”

México, 1951
Marco Villa

 

Dirigida por Luis Buñuel, esta cinta recrea algunas de las fascinantes tradiciones de la costa guerrerense, expresadas por un puñado de sus pobladores durante un viaje en autobús, donde comparten sus entrañables historias.

 

 

Dechados de pintorescas costumbres y tradiciones, la costa y montaña guerrerenses han dado a sus pobladores un modo de vida profundamente fraterno, donde la frescura de su personalidad se funde con la calidez del ambiente y el jolgorio es ineludible incluso frente a la muerte. Es el caso de San Jeronimito, un rústico poblado alejado del trajín de las ciudades y puertos de esta entidad del Pacífico mexicano, mas no de la escasez, que era la moneda de cambio frente a la obtención de los servicios básicos más elementales en una provincia que todavía buscaba ser moderna a mediados del siglo XX.

 

Ahí, el joven Oliverio, recién casado con Albina, interrumpe su viaje de bodas a la isla adonde por tradición van los nuevos esposos, ya que su madre está a punto de morir y debe hacer su testamento mientras sortea el acoso de sus dos hijos mayores, quienes la presionan en busca de la mejor tajada. Entonces ella pide a Oliverio que vaya a Petatlán a buscar al licenciado Figueroa para que se ocupe de repartir sus bienes.

 

Oliverio emprende el viaje a bordo del destartalado Costeño, el autobús conducido por Silvestre. Durante el hostil trayecto que provoca que el transporte avance bamboleándose sobre la montaña, se atasque en el río o sufra averías en medio de la tormenta, el joven enfrenta el acoso de la sensual Raquel.

 

El guion de la película –contaría Luis Buñuel en sus memorias– “se inspiraba en algunas aventuras acaecidas al productor de la película, el poeta español [Manuel] Altoaguirre, viejo amigo de Madrid, que se había casado con una cubana riquísima”, quien aportó el capital para su realización, aunque “antes del final del rodaje se acabó el dinero”.

 

La filmación comenzó el 6 de agosto de 1951 en los estudios Tepeyac de Ciudad de México y también se hizo en locaciones de Cuautla, Acapulco e Iztapalapa. Ni para Altoaguirre ni para Buñuel algunos de los personajes les eran del todo ajenos, pues durante su residencia en México habían advertido ya su esencia: un candidato a diputado que aprovecha cualquier ocasión para dar sus zalameros discursos mientras alardea que usará su pistola; un chofer borracho; un cojo metiche y sarcástico; una madre que sufre por controlar a sus dos hijos; un anciano porfiriano que anhela que le sean devueltas sus tierras y hasta un vendedor de gallinas por catálogo. Todos acompañando a Raquel y Oliverio; la primera interpretada por Lilia Prado, futuro ícono de la época de oro del cine nacional, y el otro encarnado por Esteban Mayo, conocido también por ser el astrólogo de cabecera de algunos programas de televisión en los años ochenta y noventa, además de florista y prestigioso diseñador de modas (fueron sus clientas Jacqueline Kennedy y Grace Kelly, entre otras).

 

La película, galardonada en el Festival de Cannes de 1952 con el premio de la crítica a la mejor película de vanguardia, bien puede considerarse una de las mejores que Buñuel hizo en México, pero será usted quien validará tal juicio, así que se la dejamos aquí para que la disfrute.

 

 

La reseña de la sección "Vamos al cine", titulada “Subida al cielo!” del autor Marco Villa se publicó en Relatos e Historias en México, número 121. Cómprala aquí