• 7-dic-2019.

¡Vamos al cine! Les recomendamos “Mecánica nacional”

(México, 1972)
Marco Villa

Considerada una de las mejores de la historia del cine mexicano, esta película presenta un extenso catálogo de personajes urbanos que con sus carencias y virtudes reflejan las ríspidas formas de ser, pensar y relacionarse del mexicano de los años setenta.

 

En medio del caos urbano de una Ciudad de México que ya padecía los estragos de la explosión demográfica, además de que se encontraba a las puertas de una profunda crisis económica y política cuando recién comenzaba el sexenio echeverrista (1970-1976), don Eufemio se encuentra haciendo las diligencias previas para atestiguar, junto con su familia y amigos, la Carrera Panamericana. En esa edición, el espectacular evento deportivo cruzaría de costa a costa el país, específicamente sobre la ruta Acapulco-México-Veracruz.

 

Aficionado a las carreras de autos, Eufemio (interpretado por Manolo Fábregas) es el respetado experto automotriz del barrio y dueño del taller “Mecánica Nacional”, el de las “afinaciones científicas” y “especialidad en escapes y bocinas levantacueros” que solo “da servicio a clientes muy machos”. Como muchos adultos de su generación, le preocupa perpetuar la decencia y las buenas costumbres aprendidas a lo largo de su vida, aunque generalmente llevadas a la práctica por la vía del machismo y un patriarcado envalentonado dentro y fuera de casa que no pocos calificarían de retrógrada en esta época, pero que para entonces era el habitual tenor.

 

Estos aspectos son para él un importante pilar del desarrollo social y el impulso del progreso de México, según dice; sin embargo, al querer aleccionar a los más jóvenes, termina por confrontarlos dado que es una época en la que estos y otros valores tradicionales están sufriendo una rápida transformación. Es un tiempo de marcada ruptura social debido a las desavenencias entre los adultos y los jóvenes, cuyas mentalidades están cada vez más distantes, pues los primeros ya no “agarran la onda”, pero que en su defensa comprenden mejor las circunstancias de lo que ha de ser bueno para México.

 

Pero con todo y su pregón moralista, Eufemio es protagonista de una fiesta cuyo punto de encuentro es el campamento que se monta en las inmediaciones del circuito por donde pasará la carrera, por cierto patrocinada por la empresa petrolera estadounidense Standard Oil, en operaciones desde fines del XIX. Ahí, departen con decenas de aficionados y curiosos el convite y el sexo, enganchándose en un festejo que termina por salirse de control, dando lugar a los más variopintos excesos: su esposa (Lucha Villa) se involucra con otro hombre, su madre (Sara García) muere de una congestión estomacal y él coquetea con la amante del mayor Gregorio (Héctor Suárez), entre muchos otros casos que dan cuenta del carácter, conductas, emociones y pasiones de aquellas generaciones de mexicanos que lidiaban con profundos cambios sociales no del país sino también del mundo.

 

Estrenada en diciembre de 1972, esta comedia costumbrista escrita y dirigida por el español Luis Alcoriza, avecindado en México algunas décadas atrás, desnuda sin pudor y sí profunda ironía las actitudes y valores de ciertos sectores de la clase media capitalina.