• 29-nov-2020.

Un tranvía llamado Tennessee Williams llega a México

Tennessee Williams y Seki Sano en el teatro mexicano

Ricardo Lugo Viñas. Historiador

Es 1940, el compositor y escritor norteamericano Paul Bowles lleva dos años en nuestro país. Vive en Acapulco. Había venido a México buscando al enorme Silvestre Revueltas, por recomendación del compositor Aaron Copland. Por su parte, Tennessee había regresado a México con la idea de establecerse temporalmente aquí, “para retirarse del comercialismo de Broadway” y consagrarse al trabajo de algunos proyectos escriturales. Sabiendo esto, Bowles lo invitó a su casa en el puerto guerrerense.

 

Llegó por Veracruz y antes de dirigirse al Pacífico se detuvo en la capital. Visitó, “el Bar Tenampa, San Juan de Letrán, Los jardines flotantes de Xochimilco, el palacio de Maximiliano, la capillita nostálgica de la demente Carlota, Nuestra Señora de Guadalupe, el monumento a Juárez, las reliquias de la civilización azteca, la espada de Cortés, el penacho de Moctezuma” y los murales de Diego Rivera, como lo plasmaría.

En Acapulco, entre hamacas, albercas, alcohol y conversaciones con otros amigos escritores –como Andrew Gun y la pareja Bowles, Jane y Paul–, Tennessee obtuvo varias ideas e imágenes narrativas que posteriormente desarrollará en dos de sus obras más representativas: Camino Real y La noche de la iguana. Esta última quizá sea la que más alude a México, particularmente a Acapulco. Comienza: “La acción transcurre en el verano de 1940, en un hotel bastante rústico y bohemio situado sobre una montaña, que se eleva desde ‘La caleta’, la ‘Playa matutina’ de Puerto Barrio”.

Cuatro son las obras en las que Tennessee hace constantes, entusiastas y a veces acerbas y prejuiciosas referencias a nuestro país: Camino real (1953), Un tranvía llamado deseo (1947), Summer and Smoke (1948) y La noche de la iguana (1948). Aunque el primer texto que publicó sobre su estancia en México fue un breve poema intitulado “El cristo de Guadalajara”, fechado en 1941. Volvió en 1945, se instaló en el lago de Chapala –a la manera de D. H. Lawrence– donde escribió parte de Un tranvía llamado deseo y Summer and Smoke, título probablemente inspirado en un poema de Crane.

Su estilo decadente y su método de escritura llamada “sicológico-realista” influenció y marcó a toda una generación de dramaturgos mexicanos entre 1950 y 1960, entre los que destacan Hugo Argüelles, Emilio Carballido, Sergio Magaña y Luisa Josefina Hernández. Murió el 25 de febrero de 1983, en su suite del Hotel Elyseé, en Nueva York. La causa fue una sobredosis de barbitúricos. En 1983, se estrenó en México otra versión de Un tranvía…, ahora de José Emilio Pacheco, bajo la dirección de Martha Luna y con Jaqueline Andere, Humberto Zurita y Diana Bracho en los estelares.

 

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