MICROCOSMOS EN LA NUEVA ESPAÑA: VER LO INVISIBLE CAMBIÓ LA HISTORIA

“Un poderoso elemento para levantar el velo con que antes ocultaba la naturaleza sus misterios”

MARCO ARTURO MORENO CORRAL Y CONSUELO CUEVAS CARDONA

Desde sus orígenes en la Europa medieval —cuando simples lupas ayudaban a monjes a copiar manuscritos— el microscopio transformó para siempre la manera de observar el mundo. Pero su historia no se limita a grandes nombres europeos: también en la Nueva España hubo curiosidad, ingenio y ciencia.

A mediados del siglo XVII, un religioso poblano escribió a Europa solicitando pequeños lentes para construir sus propios microscopios. Cuando finalmente llegaron, el asombro fue tal que su casa se llenó de personas deseosas de ver aquello que hasta entonces era invisible. Pulgas, insectos y estructuras diminutas se convirtieron en espectáculo… y en conocimiento.

Poco después, figuras como Carlos de Sigüenza y Góngora comenzaron a utilizar estos instrumentos no sólo por curiosidad, sino para estudiar fenómenos naturales. Durante una crisis agrícola en el siglo XVII, logró identificar diminutos organismos responsables de enfermedades en los cultivos y del ganado, adelantándose a su tiempo.

En el siglo XVIII, el interés científico creció. Intelectuales novohispanos como José Antonio Álzate y Ramírez o José Ignacio Bartoloache, observaron insectos, describieron fenómenos naturales e incluso imaginaron máquinas inspiradas en lo que veían al microscopio. Algunos instrumentos eran tan costosos que equivalían a meses —o años— de salario, lo que muestra su enorme valor en la época. En efecto, varios ilustrados, aprendieron incluso el arte de armar los microscopios y se jactaban de ello con satisfacción. 

A finales de la época novohispana, destacó el proyecto de José Antonio Álzate, quien dedicó buena parte de sus esfuerzos y recursos a difundir entre los novohispanos, mediante la edición de varios periódicos, como la Gazeta de México y la Gazeta Literaria, los avances de la ciencia. Al revisar algunos de ellos, hemos encontrado un largo trabajo que tituló Memoria en que se trata del insecto grana o cochinilla, publicado en 1777 en la Ciudad de México. Entre sus observaciones publicadas a lo largo de varios años, anotó:

“Pensé luego [que] era el insecto 
que estaba allí depositado para salir
de aquel cascarón transformado 
en hormiga; mas los experimentos 
reiterados, variados y el uso del microscopio
me manifestaron que lo 
que tenía por un solo insecto era 
un conjunto de millares que unidos 
componían aquella mole”

Cabe destacar también que, las indagaciones del microcosmos en la Nueva España, llevaron a este ilustre personaje  a diseñar un aparato que pudiera servir en los humanos, la posibilidad caminar sobre la superficie del agua. ¿Quieres saber qué observación detonó esta idea? Descúbrelo en el artículo completo dentro de la revista 209. 

Ya en el siglo XIX, con la fundación de sociedades científicas en México, el microscopio se convirtió en una herramienta clave para estudiar enfermedades, plagas agrícolas e incluso los microorganismos presentes en bebidas tradicionales como el pulque. Lo invisible empezaba a explicar lo cotidiano. José Barragán, Alfredo Dugés,  Antonio Peñafiel y José Ramírez, fueron algunos de los científicos decimonónicos que usaban el microscopio como herramienta imprescindible de sus hallazgos. Este último, por ejemplo, señaló que el microscopio podía utilizarse para realizar una identificación más certera de las plantas de las que podrían extraerse medicamentos. Él estudió particularmente a la Lobelia laxiflora, una planta cuya raíz se utiliza para tratar el asma, aliviar la tos y provocar vómito ante la ingestión de sustancias dañinas. Con ayuda del microscopio, describió las células que conforman las diferentes capas de la raíz de  esa planta, con el fin de compararla con las raíces de otras. 

Hoy, los avances han llevado la microscopía a niveles impensables: desde observar células hasta explorar átomos. Sin embargo, el asombro sigue siendo el mismo que en aquella casa poblana del siglo XVII: descubrir un universo oculto a simple vista.

¿Cómo se vivió este proceso en México? ¿Quiénes fueron sus protagonistas y qué observaron exactamente?
Descubre la historia completa en nuestro artículo dentro de la revista número 209.