• martes, 26 de marzo de 2019.

Los Camisas Doradas, una organización de la derecha radical en el cardenismo

Xenofobia y antisemitismo
Por: Alicia Gojman de Backal

 

La Acción Revolucionaria Mexicanista (ARM), conocida como los Camisas Doradas, fue fundada en 1934, proclamando tener cuarenta mil miembros distribuidos en toda la República. Su objetivo fue combatir a los judíos, chinos y a toda clase de extranjeros que consideraban indeseables, valiéndose de elementos como el boicot, la propaganda oral y escrita, la manifestación pública y la gestión legal.

 

 

Esta organización, al igual que otras de derecha radical, estuvo integrada por elementos de la llamada clase media, inconformes con los cambios económicos y políticos de los regímenes emanados de la Revolución. Sus manifestaciones propiamente antisemitas comenzaron a presentarse en una coyuntura política al conjuntarse el inicio del cardenismo, el fin del Maximato, el incremento del nacionalismo como política estatal, las secuelas de la crisis mundial y la penetración ideológica germano-nazi.

 

La asociación estuvo encabezada en su inicio por Roque González Garza, seguido en la dirección por el general Nicolás Rodríguez, quien había luchado en el ejército villista durante la Revolución. Una de sus características más evidentes era su uniforme que consistía en “un sombrero de cowboy con las alas volteadas y camisas doradas con la insignia ARM bordada en ellas”. El saludo oficial era levantar el brazo con el puño cerrado, usando además un garrote que recordaba las armas de los antiguos mexicanos, con una cinta de cuero que llevaban en la mano izquierda. Además del llamado Jefe Supremo, el movimiento estaba conformado por el secretario de Prensa y Propaganda, Antonio F. Escobar, y el inspector general, que era el general Miguel Martínez.

 

Contra las “razas exóticas”

 

La ARM se basó en los principios que emanaron del Comité Pro-Raza que decía: “nuestra lucha no es ofensiva contra extranjeros, sino defensiva de los interesas nacionales”. Desde 1933 el Comité había solicitado al gobierno de la República que impidiera la entrada al país de razas “exóticas” que solo traían miseria al país y egoísmo. Sostenía que en buena medida su ingreso era responsabilidad de los empleados de migración que no habían puesto un alto, especialmente a la entrada de judíos, los cuales eran acusados de invadir el comercio y ocasionar el desastre de la industria nacional.

 

En grandes carteles, el Comité Pro-Raza injuriaba y calumniaba a los extranjeros al decir que “debemos seguir el ejemplo de las naciones civilizadas, expulsando de nuestro país a los elementos indeseables, judíos, polacos, lituanos, sirios y otros”. Esta organización atacaba constantemente a los comerciantes judíos, contando con el apoyo de la ARM y utilizando métodos como el boicot, atentados, robo, asalto y rapto, entre otros.

 

Por su parte, la ARM desde su fundación se propuso luchar contra el comunismo y los judíos establecidos en México. Y así lo hicieron, actuando como rompehuelgas, asaltando oficinas de organizaciones obreras, las del Partido Comunista Mexicano (PCM), y luchando contra el Socorro Rojo Internacional (SRI).

 

La propaganda

 

La ARM difundía sus ideas y hacía propaganda a través de libelos, manifiestos, periódicos, panfletos, manifiestos y folletos que recordaban los mecanismos nazis y se daban a conocer a la población de las entidades donde existía una asociación de los Dorados.

 

Los encamisados publicaron el periódico Defensa, en el cual abundaba la propaganda anticomunista y antisemita; este hecho atrajo el apoyo de Alemania al Jefe Supremo de la organización. De esta manera, pronto definieron su actitud e hicieron propaganda a favor de los nazis.

 

De igual manera, estaban al frente de la publicación de folletos acerca de qué era el comunismo, Los protocolos de los sabios de Sion, los peligros del judaísmo y en general propaganda nazi-fascista elaborada en español en ciudades como Frankfurt y Berlín y enviada en grandes cantidades a la embajada alemana en México o a diversas compañías o negocios germanos en el país.

 

Otra forma de lucha de los Dorados fue la ostentación pública de la disciplina militar, su garbo y uniformes. Esa indumentaria llevaba las insignias de grados militares, algunos obtenidos desde la Revolución se trataba de excombatientes, y otros que la propia organización otorgaba.

 

A pesar de que en México estaba prohibido portar armas, los Camisas Doradas siempre las llevaban. Los desfiles militares que organizaban generalmente se realizaban en la Alameda de la capital, donde “pasaban revista de sus fuerzas” ante Rodríguez y González Garza, quien fuera presidente por la Convención Revolucionaria de Aguascalientes.

 

Pogromos en México

 

En 1936, una noche los encamisados asaltaron comercios judíos, destrozándolos y atacando a sus propietarios. Las protestas no se hicieron esperar, destacando las de la embajada estadounidense, el PCM y el SRI. Todos calificaron el hecho como un pogrom.

 

La Cámara Israelita de Industria y Comercio (CIIC), que había sido fundada oficialmente en 1931, entre otras cosas, para ofrecer una respuesta conjunta ante los embates de los movimientos nacionalistas, padeció por la ola de ataques que llegaron a afectar incluso a su presidente, Jacobo Landau, a quien una noche los Camisas Doradas golpearon con cadenas y hubiera muerto si no llega la policía.

 

Sin duda el caso que causó más revuelo fue el del poeta Jacobo Glantz, quien el 26 de enero de 1939 fue atacado por Edmundo Salas y una multitud que empezó a arrojar piedras contra el negocio de modas de su esposa, luego de que, durante un mitin de un grupo de simpatizantes de los Dorados, uno de los manifestantes dijo que había que hacer un pogrom y matar a los judíos. La masa excitada se encaminó por las calles donde sabían que había negocios de ellos y luego se trasladó a Tacuba 15, sede de algunas organizaciones judías, las cuales también fueron lapidadas. El señor Glantz logró ser salvado gracias a la llegada de la policía y los bomberos.

 

Después de estos acontecimientos, la CIIC pidió a la presidencia de la República que se otorgaran las garantías consagradas en la Constitución a los judíos establecidos en México y que se llevara a cabo una investigación y se castigara a los culpables.

 

Entonces ya los judíos hablaban de pogromos mexicanos, mientras el Socorro Rojo Internacional hacía un llamado para desenmascarar la propaganda patriotera que desviaba la atención sobre el descontento de las masas explotadas. A su vez, el Comité Pro-Raza acusó al SRI de estar patrocinado por judíos.

 

Las agresiones

 

Los ataques a sus comercios y extorsiones fueron cotidianos. En los documentos relativos a la ARM encontrados en el Archivo Múgica en Jiquilpan (Michoacán), pudimos constatar el envío de cartas que los Dorados hacían a ciertos judíos de Ciudad de México, en las que los intimidaban y presionaban para que dejasen que “México sea para los mexicanos”, así como una lista bastante larga de nombres y direcciones de ellos que parece que fue enviada a todos los jefes de zona.

 

Un ejemplo de ello ocurrió en 1934, cuando fue asaltado el comercio de los señores Bekman y Salzberg por treinta individuos que pertenecían a los Camisas Doradas. En ese año también dos judíos fueron atacados en un mitin en la plaza de Santo Domingo por ser considerados comunistas.

 

Para boicotear a dichos comerciantes se usaban tácticas similares a la de los nazis con la consigna: “No compren a los judíos, compren a los mexicanos”. Asimismo, los encamisados apoyaron la protesta que presentó la Cámara Alemana de Comercio en contra de la Cámara Israelita por “fomentar el boicot en contra de los comerciantes alemanes”. En sus manifiestos, los Dorados señalaban que su “organización combate con la mayor energía a los judíos que se han apoderado de todo el pequeño comercio del país”.

 

También en provincia se articularon diversos grupos de derecha que se proclamaban defensores de la patria. En Morelia, Michoacán, por ejemplo, se pintaron paredes y aparadores de comercios judíos con injuriosas inscripciones; en Mexicali, Baja California, se les dio a los judíos un plazo de sesenta días para abandonar la ciudad, amenazándolos de “tomar acción directa en su contra”; en San Luis Potosí fueron las propias autoridades las que les instaron a marcharse. El antisemitismo era cada vez más patente entre caciques y presidentes municipales, así como entre un buen número de simpatizantes de los Dorados.

 

En cuanto a las agresiones contra comunistas, uno de sus actos de violencia se dio cuando asaltaron las oficinas del PCM en la calle de Cuba del centro de Ciudad de México, donde armados con pistolas amagaron a los trabajadores que se encontraban ahí y destruyeron e incendiaron el mobiliario. Este ataque perpetrado por quince Dorados despertó de nuevo las protestas del movimiento obrero. El Partido pidió su disolución y amenazó que rechazaría las agresiones de la misma manera y con las mismas armas.

 

La disolución de los Camisas Doradas

 

Las múltiples críticas de diferentes grupos de izquierda, la reprobación de la sociedad civil y las protestas de las legaciones extranjeras como la checa, la estadounidense, la polaca y la china, obligaron al gobierno cardenista a restringir las actividades de la ARM.

 

De igual forma, la Gran Logia del Valle de México, la Maimónides Núm. 71, la Madero, así como la Universal 101, se dirigieron al presidente para solicitar su intervención en contra de los ataques que “se vienen dando contra elementos judíos, los cuales tienen tintes fascistas”.

 

Finalmente, el 27 de febrero de 1936 Cárdenas giró un acuerdo con el que expulsó del país al general Rodríguez, quien fue detenido y trasladado en avión a la frontera con Estados Unidos, además de ordenar la disolución de la agrupación.

 

 

Esta publicación sólo es un fragmento del artículo "Xenofobia y antisemitismo" de la autora Alicia Gojman de Backal, que se publicó en Relatos e Historias en México, número 115