• 7-dic-2019.

La esgrima a caballo, de estrategia de guerra a deporte de caballeros

Gerardo Díaz

 

Todas las actividades deportivas tienen como meta derrotar a un adversario. Este puede ser un contrincante, una marca establecida por alguien más en algún punto cercano o lejano, o incluso uno mismo al querer superar lo logrado anteriormente. Es la herencia de la rivalidad del hombre que en el caso de la esgrima se remonta a los combates, a la guerra misma.

Las grandes civilizaciones se sirvieron de diferentes armas para dominar territorios. En este punto es notable la sencillez y versatilidad de una herramienta que prácticamente fue universal y que hoy conocemos como espada, con todo y sus diferentes variantes que la transforman en florín, sable, claymore, catana, macuahuitl, etcétera. El adiestramiento en ella era tan cotidiano y necesario, como las actividades deportivas escolares de la actualidad.

Se sabe que griegos y romanos tenían a los mejores instructores en el uso de las armas; sin embargo, son los tratados europeos del siglo XVI los que comienzan a generar el arte escrito de la supervivencia y con el transcurrir de los siglos se perfeccionarían diferentes escuelas con sus guardias y estocadas. Así, los grandes maestros tomaron popularidad continuando la leyenda de los espadachines hasta las guerras napoleónicas, donde el único sable que dominaría sería el de la caballería, pues prácticamente toda la infantería ya estaría equipada principalmente con armas de pólvora.

La caballería es precisamente el último vestigio de las espadas en un importante campo de batalla. Transcurre durante la Primera Guerra Mundial con sus finos corceles y brillantes sables. Tristemente, el resultado para este antiguo grupo de élite fue una completa masacre producto de las armas de repetición automática y el bestial fuego de artillería.

Pero la tradición militar no murió con su despropósito en el campo de batalla. Los colegios de guerra continuaron practicando con el sable, aunque de forma segura y con fines deportivos, pues además de fortalecer físicamente a los uniformados, su uso fomenta la agilidad mental, destreza y autocontrol. En México este adiestramiento continuó en el Colegio Militar por medio de justas con reglamentación basada en puntos de toque.