• 14-oct-2019.

Huerta en la defensa del gobierno de Porfirio Díaz

Pedro Siller

Su compadre y amigo Aureliano Urrutia lo recomendó con Porfirio Díaz cuando, tras el estallido de la revolución en 1910, comenzó la rebelión de los hermanos Ambrosio y Francisco Figueroa, en Guerrero, y la de Zapata en Morelos, en marzo de 1911; además acordó nombrarlo jefe de la campaña. La guerra fue como su luz salvadora. Era el popular general Rompope porque, decían sus soldados, estaba hecho de alcohol y huevos.

En el norte las pláticas de paz entre los representantes de Díaz y de Francisco I. Madero, supervisadas por José Yves Limantour, detuvieron las acciones de armas a partir de abril de 1911 y comenzó una temporada de negociaciones, aunque desde Guerrero y Morelos continuaba la amenaza directa a la capital de la República. Así, se supo que el gobernador de Morelos, Pablo Escandón, estaba prácticamente como rehén de Zapata en Cuernavaca y hubo mucha expectación por su suerte. Huerta fue el encargado de rescatarlo. Dice Urrutia:

El domingo siguiente a las 5 de la tarde, vi entrar un automóvil por la calzada del sanatorio, y al llegar recibí al general Huerta acompañado del gobernador de Morelos, don Pablo Escandón. Inmediatamente nos dirigimos a la calle de [la] Cadena a ver al señor presidente, quien nos recibió en el acto. Al saludarlo, el general Huerta, cuadrándosele con todo respeto, le dijo: “Acabé con todas las fuerzas que rodean a Cuernavaca. Dejé una guarnición en la capital del Estado, y vine a decirle que en un mes terminaría la campaña de Morelos. Aquí tiene usted al señor gobernador que se ha portado como hombre”. El señor presidente contestó secamente: ʻ“No regrese usted a Morelos, señor general. Desde este momento es usted el comandante militar de la Plaza y la Ciudad de México, y las tropas militares están a sus órdenesʼ”.1

Se acercaban días difíciles para Díaz, pues luego de la caída de Ciudad Juárez, los que habían sido sus más cercanos colaboradores y amigos evitaban acercarse a él. Así que un día el presidente pidió que Huerta fuera citado a una reunión en su casa, donde éste increpó duramente a don Porfirio respecto a la falta de firmeza con la que se combatía a las tropas revolucionarias, acusándolo abiertamente de complicidad con Madero. Limantour insistía en que la situación estaba irremediablemente perdida, “y si se atendía este punto [solamente de manera militar] los revolucionarios del sur vendrían sobre la capital sin que hubiera modo de detenerlos” además, no había dinero para reforzar al ejército, que era lo que proponía Huerta. La sesión terminó y pocos días después se vio que la opinión de Limantour había prevalecido, pues hubo inmovilidad en lo militar y se aceleraron las pláticas de paz. 

 

Esta publicación es un fragmento del artículo “Huerta en la defensa del gobierno de Porfirio Díaz” del autor Pedro Siller y se publicó íntegramente en la edición de Relatos e Historias en México, núm. 92