• jueves, 15 de noviembre de 2018.

¿Conocen los orígenes de Anillo Periférico?

Boulevard Miguel Ávila Camacho / Adolfo López Mateos / Adolfo Ruiz Cortines
Por: Gerardo Díaz

 

La modernización porfiriana trajo consigo diversos cambios en la vida privada y colectiva de la sociedad, lo cual se reflejó, sobre todo, en el desarrollo de la capital mexicana. Como centro político y económico por excelencia, llegaron a la urbe innovaciones como los automóviles, la pavimentación, el alumbrado eléctrico y nuevos estilos de edificaciones administrativas y particulares. Pero ello también propició la expansión de la mancha urbana que creó nuevas colonias y trazos para comunicarlas.

 

En las primeras décadas del siglo XX se planteó seriamente el problema de una urbe en constante crecimiento y con un medio de transporte que cada día se adoptaba en un mayor número de hogares: el automóvil. El arquitecto Carlos Contreras propuso en 1925 la construcción de dos arterias. Una rodearía a la ciudad y sus colonias más periféricas, delimitando de cierta manera el crecimiento urbano, y la otra conectaría los trazos centrales de la ciudad, permitiendo una mejor movilidad entre las colonias ya existentes.

 

Estas obras no se llevaron a cabo en los años inmediatos ni con las especificaciones de Contreras, pero ante el crecimiento del parque vehicular y la cada vez mayor concentración de habitantes en la urbe, la idea se retomó en las décadas de 1950 y 1960 para la creación, primero, del Viaducto Miguel Alemán –el mismo que entubó ríos– que conectaría importantes puntos de la metrópoli de oriente a poniente y viceversa, y posteriormente el llamado Anillo Periférico, que tendría la intención de rodear a toda la capital. Debido a su extensión de casi noventa kilómetros, contabilizando los tramos pertenecientes a Ciudad de México y Estado de México, esta ruta también es conocida con otras designaciones según la zona que cruza.

 

Entre los nombres más reconocidos destacan tres por su estrecha relación con los mandatarios que influyeron o dieron visto bueno a su realización, en una época en la que bautizar una importante vialidad u obra nacional con el nombre del presidente no era mal vista; por el contrario, mostraba la prosperidad del régimen.

 

En dirección norte-sur, el primero de estos trazos es el Boulevard Manuel Ávila Camacho (1940-1946), que colinda con los municipios mexiquenses de Tlalnepantla y Naucalpan, desde la autopista México-Querétaro hasta la intersección con Paseo de la Reforma, en la delegación Miguel Hidalgo.

 

El segundo es el Boulevard Adolfo López Mateos (1958-1964), que inicia en el punto anterior hasta la zona del Pedregal de la delegación Álvaro Obregón. Finalmente, una tercera sección llamada Boulevard Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958) cruza sobre la avenida de Insurgentes Sur hasta Canal de Chalco, límite entre Xochimilco e Iztapalapa.

 

A pesar de la ambición del proyecto y los años de inversión en él, esta vía no pudo cumplir su objetivo a cabalidad; por ejemplo, no conectó uniformemente la periferia y su trazo fue caótico en algunos sitios. Además, aprovechando su construcción, las zonas a sus costados pronto fueron explotadas y se desarrollaron conjuntos habitacionales en zonas como Ciudad Satélite, o plazas comerciales como Perisur, por dar únicamente un par de ejemplos.

 

Para inicios del siglo XXI esta vialidad ya estaba devorada por la ciudad y se convirtió en una calle más, al verse sobrepasado por mucho el límite que ambicionó marcar.

 

Terminada la regencia del Distrito Federal e iniciada una nueva etapa política en la ciudad, en 2001 se proyectó un ambicioso proyecto para otorgar un segundo nivel a una considerable proporción del Periférico. Entonces se comenzaron las obras que dieron paso a otra era constructiva de una vía que desde los sesenta se encuentra en constante adaptación y hasta hoy, con cuotas más o cuotas menos, se realizan obras similares para extender este nivel.

 

Pese a sus fallas, Anillo Periférico es la vialidad urbana por la que más automóviles transitan en el país y una arteria necesaria para comunicar el norte con el sur de la ciudad. Al transitarla se puede observar cómo el “segundo piso” es obligado a bajar a ras del suelo para no afectar el paisaje de las Torres de Satélite, además de las oficinas principales de nuestras fuerzas armadas, una montaña rusa, las televisoras, unos cincuenta centros comerciales e incluso la pirámide circular del área arqueológica de Cuicuilco. Eso sí: ahora hay que tener cuidado con las llamadas fotomultas.

 

 

La breve “Anillo Periférico” del autor Gerardo Díaz se publicó en Relatos e Historias en México número 117. Cómprala aquí.