• 16-feb-2020.

A cien años del nacimiento del extraordinario compositor Álvaro Carrillo

Soy tan pobre, qué otra cosa puedo dar
Ricardo Lugo Viñas

 

Álvaro Carrillo realizó estudios en la escuela normal de Ayotzinapa, Guerrero, y más tarde se graduó como ingeniero agrónomo en la Escuela de Agricultura de Chapingo. Al mismo tiempo pulía su afición por la música.

 

En 1968 aparece en Estados Unidos el álbum Francis A. y Edward K., grabado por el cantante Frank Sinatra y el jazzista y director de orquesta Duke Ellington. Las piezas que integran el disco fueron seleccionadas por el afamado crooner y la música corrió a cargo del piano y la big band de Ellington. Una canción llama la atención sobremanera al público mexicano: Yellow Days. Se trata de la versión en inglés del bolero La mentira (1965), compuesto por el hijo predilecto de la Costa Chica de Oaxaca, el bohemio de la canción romántica, guerrerense por crianza y voz de oro del bolero mexicano: Álvaro Carrillo.

 

Oaxaca y Guerrero

 

Originario de Cacahuatepec, localidad ubicada en el litoral del Pacífico, Genaro Álvaro Carrillo Morales, heredero de la cultura afrodescendiente e indígena, vino al mundo hace exactamente cien años, el martes 2 de diciembre de 1919. Para él la música fue siempre un asunto cotidiano. Desde la más tierna infancia, su padre Francisco Carrillo, trompetista y director de la banda del pueblo, se esforzó por verter en su vástago todos los conocimientos musicales que poseía y lo animó a estudiar la guitarra, instrumento en el que destacaría años más tarde y del que se ayudaría para componer sus canciones.

El infortunio se ceba en el joven Álvaro y aún siendo un niño queda en la orfandad. La señora Teodora Alarcón acoge al pequeño como propio y se preocupa por que continúe con su entusiasmo por la música. Después, estudia la educación secundaria en San Pedro Amuzgos, Oaxaca. Durante ese periodo tendrá un importante contacto con la música tradicional de la Costa Chica, trovadores que interpretan chilenas, boleros y sones de Tierra Caliente.

Años más tarde, y luego de que ciertos conflictos en la zona obligaran a cerrar el internado rural en el que se encontraba, Álvaro se matricula en la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero. Ahí permanecerá entre 1935 y 1938. Será un importante líder estudiantil y se formará en las ideas marxistas-leninistas. Incluso, lustros después, ya con pleno reconocimiento a su carrera musical, Carrillo sería “secuestrado” y llevado a la montaña por el guerrillero, líder del Partido de los Pobres y también egresado de Ayotzinapa, Lucio Cabañas, quien lo ponderaba como hombre y como músico.

Durante su estancia en Ayotzinapa, Carrillo también se nutrió de la tradición musical guerrerense, particularmente de sus sones y chilenas. En ese periodo escribió su primera canción, titulada Celia, inspirada en una compañera estudiante de la que se había enamorado. Le siguió la pieza La amuzgueña. Hasta entonces, combinará su pasión por la música con sus intenciones de educarse como ingeniero agrónomo. En 1940 ingresa a la Escuela de Agricultura de Chapingo, en Estado de México.

 

El triunfo de la música

 

Es cierto que no destacó por sus estudios en ingeniería, pero sí en su cada vez más profundo dominio de la música y por su maestría en la composición de canciones complejas y poéticas. Carrillo es “de los pocos compositores con afortunadísimas frases contundentes en sus canciones”, asegura el investigador Pável Granados. Por estos años compone Sabor a mí, que será una de sus canciones más afamadas, traducida e interpretada por una pléyade de artistas en el mundo.

Tras graduarse de Chapingo en 1945 y ejercer un breve encargo en la Comisión Nacional del Maíz, en Ciudad de México, comienza a frecuentar la escena de poetas, bohemios y cantores que solían reunirse noche tras noche en algunos bares cercanos a la estación de radio XEW, para charlar y compartir sus composiciones, letras y poemas.

Ahí traba fructíferas amistades con músicos y agentes artísticos, como el trovador Carlos Madrigal, quien logró que el Trío Los Duendes grabara su tema Amor mío, que muy pronto se convertiría en un gran éxito. A partir de ese momento, Álvaro abandona para siempre su empleo como ingeniero y se consagra totalmente a la música, su verdadera vocación.