• martes, 25 de junio de 2019.

Calle de Tacuba

Por: Edgar Tavares López

Tacuba es una de las tres calles más antiguas de la Ciudad de México. A su vera se construyeron notables obras como el Palacio de Minería, el Palacio Postal (esquina Eje Lázaro Cárdenas), dos inmuebles relevantes en los números 2 y 4 de la calle de Marconi (esquina con Tacuba); y por supuesto el espléndido recinto que alberga al Museo Nacional de Arte, que ocupó el lugar del antiguo Hospital de San Andrés.

 

Los jesuitas establecieron en la calle de Tacuba un noviciado (1626), fundado por Melchor de Cuellar, llamado en principio de Santa Ana y desde 1676 de San Andrés, el cual se convirtió con el tiempo en un colegio jesuita. A su casa de ejercicios se le nombró Aracoeli y fue dedicada en 1750. Poco después, al ser expulsados los jesuitas de la Nueva España, y con motivo de la peste de viruela, el arzobispo Núñez de Haro y Peralta destinó el edificio para ser la sede de un hospital (1779) que llegó a ser a mediados del siglo XIX el más importante de la capital; en aquel entonces se consideraba inconveniente su ubicación en la parte más poblada de la ciudad por estar rodeado de casas contiguas o colindantes.

Algunas fotografías antiguas nos muestran que tenía una fachada larga de dos niveles dividida en ocho módulos delimitados por pilastras tableradas; sus ventanas inferiores y superiores lucían marcos de cantera de gran acento y forma barroca. Una gruesa cornisa y sobrio pretil remataban el inmueble. Contaba en su interior con cuatro patios carentes de corredores, en cambio, dos de ellos tenían sembrados árboles y flores. La sección para enfermos varones la formaban ocho salas altas y ventiladas (tres de medicina, tres de cirugía, dos de enfermedades venéreas); la correspondiente a las mujeres eran sólo cuatro (sala de medicina, sala de cirugía y dos de gálico o sífilis).

Su templo sufrió varias transformaciones, fue redecorado a fines del siglo XVIII, restaurado en el XIX, rehecho hacia 1866 y, finalmente, demolido en 1867 a causa de haber sido velados en su interior los restos mortales del archiduque Maximiliano de Habsburgo. Cuenta la leyenda que don Benito Juárez pidió quedar solo junto al cadáver, durante media hora.

 

Esta publicación es un fragmento del artículo “Calle de Tacuba” del autor Edgar Tavares López y se publicó íntegramente en la edición de Relatos e Historias en México, núm. 14.