La primera historia de México I

Fray Juan de Torquemada y su vida

Antonio Rubial García

Cuando abrimos un libro sobre historia de México, lo primero que salta a la vista es el relato cronológico que se inicia con los pueblos originarios, especialmente con el imperio mexica; luego, una segunda parte sobre la conquista española, con el tema principal de la toma de México-Tenochtitlan por las huestes de Hernán Cortés y de sus aliados indígenas. En esa secuencia, el tercer momento esencial es la evangelización y la conversión de los nativos al cristianismo que llevaron a cabo los frailes mendicantes.

El énfasis en esos tres procesos, especialmente en los siglos XV y XVI, en todas las historias de México –incluidos los libros de texto oficiales para primarias y secundarias– fue expuesto por primera vez en *Monarquía indiana*, el libro de Torquemada publicado en 1615.

Un peninsular acriollado

Muy poco sabemos de la vida de este fraile y los historiadores han recurrido a diferentes fuentes para poderla reconstruir, entre otras los propios datos que dejó sobre su vida a lo largo de su obra y los que recopilaron algunos miembros de su propia orden. Miguel León Portilla, coordinador de la mejor documentada edición de la *Monarquía indiana*, piensa que fray Juan nació en la villa de Torquemada, en Castilla, alrededor de 1562, pero se desconocen tanto los nombres de sus padres y hermanos como su condición social y económica; sin embargo, ésta no debió ser muy desahogada, pues la familia se vio obligada a emigrar a Nueva España, lugar a donde el joven Juan llegó cuando tenía entre nueve y diez años. Desde entonces se asentó en la Ciudad de México, pues según su testimonio “se crio en ella” y la consideró su patria.

En 1579 ingresó en la orden franciscana y en la provincia del Santo Evangelio hizo su noviciado y sus estudios de gramática, retórica, filosofía y teología en el convento de la capital virreinal, siendo uno de sus preceptores el religioso nahuatlato fray Juan Bautista; por su propio testimonio sabemos también que Torquemada aprendió náhuatl con Antonio Valeriano, por lo que es evidente que desde entonces estuvo en contacto con el colegio de Santa Cruz en Tlatelolco; este espacio, donde el sabio indígena enseñaba, tendría una importancia clave en el futuro de Torquemada.

Sus actividades como misionero

En 1587 fray Juan recibió la ordenación sacerdotal y poco después fue enviado a las misiones del norte, a la Nueva Galicia, donde fray Andrés de Ayala y otros dos religiosos fueron asesinados por unos indios en Huaynamota. Los rebeldes fueron capturados y a Torquemada se le encargó la administración de sus últimos auxilios espirituales antes de ser ahorcados, rituales que los reos rechazaron.

A su regreso de aquel lugar, sus superiores lo enviaron a Tlaxcala, a Texcoco, al valle de Toluca y a la provincia de San Pedro y San Pablo de Michoacán; en esos lugares admiró los edificios y vestigios de las civilizaciones nativas y es posible que por entonces surgiera su interés por conocer las antigüedades de los indios. Su cercanía con la nobleza indígena le permitió además la consulta de sus códices y la recuperación de su memoria histórica. En Texcoco conoció a los descendientes de Nezahualcóyotl, a Antonio Pimentel y a los hermanos Alva Ixtlilxóchitl; en Tlaxcala contactó al hijo de Diego Muñoz Camargo, quien le facilitó la obra de su padre. Como guardián en el convento de Zacatlán conoció la tradición de los totonacas y en Tulancingo, donde igualmente fue guardián, debió escuchar las historias sobre las míticas Tula y Teotihuacán.

En 1602 publicó en la imprenta del colegio de Santa Cruz en Tlatelolco la vida de fray Sebastián de Aparicio, un hermano lego cuyo cuerpo incorrupto se encontraba en el templo de San Francisco de Puebla y cuya vida viajera como recolector de limosnas, plagada de milagros y obras de caridad, lo llevó hasta las tierras de los chichimecas. Con ese texto los franciscanos pretendían dar inicio a su causa de beatificación en Roma.

Un religioso comprometido

Desde el siglo XVI uno de los grandes problemas urbanos de la capital virreinal fueron las inundaciones, tema del que se ocuparon tanto el ayuntamiento capitalino como los virreyes. En 1604 se dio una de estas catástrofes y el marqués de Montesclaros encargó a los franciscanos fray Juan de Torquemada y fray Gerónimo de Zárate reforzar y elevar las calzadas de Guadalupe y Chapultepec, así como construir un gran dique, el de San Cristóbal Ecatepec, entre los lagos de Zumpango y Texcoco. Durante cuatro meses se llevaron a cabo los trabajos en los que participaron indígenas trasladados desde regiones distantes, sin recibir remuneración alguna. El hecho de elegir a frailes como sobrestantes de las obras no sólo se debió a la necesidad de propiciar un mejor trato hacia los indios trabajadores, sino también porque las buenas relaciones que los religiosos tenían con los caciques podían facilitar el acopio de los materiales, así como el manejo de la mano de obra y su manutención por parte de las comunidades. De esa forma no se cargaba al erario el costo de la obra, pues éste recaía totalmente sobre los indios.

En ese mismo año de 1604, fray Juan fue enviado como parte del grupo que estuvo a cargo de la fundación de la provincia de Zacatecas, territorio que hasta entonces había sido una custodia dependiente de la de San Pedro y San Pablo de Michoacán. Después de haber sido pacificados los chichimecas, se aceleró la explotación de los centros mineros del norte, para lo cual se hacía esencial la consolidación de las misiones franciscanas y jesuitas en esas regiones. En ese contexto se dio la creación de la nueva provincia de Zacatecas, al igual que la de Santiago de Jalisco tres años después, acto en el que Torquemada también estuvo, como lo atestigua su presencia en Guadalajara en ese tiempo. Las recién fundadas provincias franciscanas se unieron a las ya existentes de Michoacán, México, Yucatán, Guatemala y Nicaragua, con lo cual dicha orden se volvía la más extendida de la América Septentrional.

Sigue leyendo y conoce qué hizo Fray Juan de Torquemada cuando fue elegido guardián en el convento de Tlatelolco…

¿Cómo citar este artículo?
​Antonio Rubial García, “La primera historia de México. Fray Juan de Torquemada y su Monarquía indiana”, Relatos e Historias en México, núm. 216, Octubre, 2026, pp. 38- 


*Antonio Rubial García
Doctor en Historia por la UNAM e investigador del Instituto de Investigaciones Históricas de esa casa de estudios. Es miembro del SNII (nivel 3) y de la Academia Mexicana de la Historia. Se especializa en historia cultural y social de Nueva España, así como en cultura en la Edad Media. Fue reconocido con el Premio Nacional de Artes y Literatura (2022). Entre sus libros más recientes se hallan: El cristianismo en Nueva España. Catequesis, fiesta, milagros y represión (2020), La justicia de Dios. La violencia física y simbólica de los santos en la historia del cristianismo (2011), El paraíso de los elegidos. Una lectura de la historia cultural de Nueva España (1521-1804) (2010) y Monjas, cortesanos y plebeyos. La vida cotidiana en la época de sor Juana (2005). Junto a diversos especialistas, ha coordinado La Iglesia en el México colonial (2013) y Cuerpo y religión en el México barroco (2011), entre otras obras.