• domingo, 9 de diciembre de 2018.

El 13 de noviembre de 1973 falleció el actor Arturo de Córdova

Por: Gerardo Díaz

 

Arturo de Córdova fue galardonado con tres premios Ariel a lo largo de su carrera.

 

 

Histrión entrañable de la época de oro del cine mexicano, galán de voz provocativa y postura intimidante, ese fue don Arturo, cuyos verdaderos apellidos fueron García Rodríguez. Nacido en Mérida en 1907, poco conservó de su acento regional, pues siendo descendiente de padres cubanos, pronto se convirtió en ciudadano del mundo. Cuando tenía siete años, se mudó con su familia a Estados Unidos. Ya entrado en la adolescencia, vivió en Argentina hasta casi la mayoría de edad, cuando fue enviado a Suiza para estudiar idiomas.

 

De regreso a Sudamérica, ingresó a la agencia United Press, donde destacó por su exquisita dicción. En busca de nuevas oportunidades de proyección, decidió emprender un viaje y, retomando sus orígenes, llegó a Yucatán. Allí no solo se enamoraría de su tierra natal, sino también de su primera esposa. Casó a los veintiséis años en Mérida, donde gracias a su experiencia consiguió empleo en la radio. Muy pronto la XEW de la capital de la República se haría de sus servicios y ese sería el parteaguas en su carrera.

 

De ser la voz detrás del micrófono se convirtió en la gran estrella de la pantalla. Inició su carrera actoral en 1935 en la película Celos, dirigida por el cineasta de origen ruso Arcady Boytler. Fue en esa época que decidió, por consejo profesional, cambiar su nombre a Arturo de Córdova para no sonar tan común y en homenaje a la ciudad argentina que tanto disfrutó de adolescente.

 

El empuje en la taquilla, sus capacidades histriónicas y la cantidad de cintas filmadas, lo hicieron un ser excepcional del cine nacional e internacional; incluso llegó a firmar un contrato con Paramount Pictures para actuar en películas como Por quién doblan las campanas (1943), dirigida por Sam Wood; Rehenes (1943), de Frank Tuttle; La rubia de los cabellos de fuego (1945), de George Marshall, y El pirata y la dama (1944), donde compartió créditos con la ganadora del Oscar Joan Fontaine. Interpretó igualmente papeles en producciones de España, Argentina y Venezuela.

 

Con el paso de los años, logró dejar atrás su imagen de galán para impresionar en películas de cineastas como Roberto Gavaldón. Destacó En la palma de tu mano (1950), por la que recibió un premio Ariel como mejor actor, y Él (1952), dirigida por Luis Buñuel. Fue particularmente alabado por su trabajo en El esqueleto de la señora Morales (1959), debido al excéntrico personaje al que dio vida a sus 53 años, el cual rayaba entre la locura y la comedia.

 

Al final de su carrera se divorció de su primer gran amor y en 1964 casó con la también consagrada actriz Marga López, con quien pasaría los últimos días de su vida. Dejó tras de sí una carrera tan excepcional como difícilmente igualable.