• martes, 23 de octubre de 2018.

¡Vamos al cine! Les recomendamos “Medianoche”

Tito Davison, 1949
Por: Marco A. Villa

 

Con las actuaciones del consolidado Arturo de Córdova y unas jóvenes Marga López y Elsa Aguirre, esta cinta emuló las grandes producciones del film noir estadounidense de mediados del siglo XX

 

 

La medianoche, ese tiempo recóndito que parece correr lentamente entre la transición de los días cuando da cabida a las pasiones amorosas, incluso inusuales y prohibidas, es a la vez el espectral horizonte que cobija las conductas ilícitas de quienes hacen de la oscuridad el refugio de sus delitos, como en el caso de Daniel Benítez, el orgulloso catrín que tras su sofisticada apariencia nos muestra un poco del temperamento de un líder de la mafia mexicana de mediados del siglo XX, para quien los autos de lujo, el séquito de secuaces resguardando sus espaldas, las encarnadas enemistades con los detectives, el amor de una bella cantante de cabaré y las inevitables persecuciones propias de su oficio, son elementos imprescindibles de una forma de vida en constante riesgo.

 

Para Daniel, interpretado por Arturo de Córdova en Medianoche, cinta de 1949 dirigida por el cineasta de origen chileno Óscar Herman Davison (1912-1985), cada anochecer da la apariencia de serle lo suficientemente extenso para dar rienda suelta a su negocio, en el que lo mismo caben el tráfico de drogas que el de diamantes entre México y Estados Unidos, una preocupación añeja que en ese entonces era parte obligada en las historias que abultaron la versión mexicana del género del cine noir, caracterizado principalmente por enmarcar las historias gansteriles en las que el criminal era un antihéroe y su coprotagonista una suerte de mujeres fatales, aquí interpretada por una jovencísima Elsa Aguirre bajo el nombre de Cora. Desde luego que, siendo una cinta enmarcada en las costumbres nacionales, el comportamiento de la bella cantante de cabaré, amante y cómplice de un criminal debía ser sancionado por las buenas consciencias… y quizá no le falta razón cuando dice acongojada: “A los hombres siempre se les permite borrar el pasado, a las mujeres nunca”.

 

Pero en este México que en el que las mafias parten las noches y “bailan con doña Juanita” –según acusa un policía–, la sociedad condena y a la vez permite la redención de los “malos”, así que Daniel “recibe” su oportunidad. Mientras huye entre los paisajes esteparios de una ciudad en la que todavía la vegetación cactácea del valle de México flanqueaba las carreteras que conectaban a la capital con las entidades colindantes, a bordo de un lujoso camión con ruta México-Morelia-Uruapan-Guadalajara, para de ahí embarcarse con rumbo a Ensenada, adopta la personalidad de su secuestrado, el profesor de primaria Florentino Mendizábal. Dicho sea de paso, mientras ejerce su oficio aclara lo que a las nuevas generaciones les podría parecer un mito: que la educación a mediados de siglo entraba a golpes y reglazos. Sin embargo, en esta nueva vida, sus hábitos criminales lo perseguirán, al punto de verse quemando un campo mazatleco de amapola o con la posibilidad de traficar droga. Por si fuera poco, también se enamora de Rosita, interpretada por Marga López. En adelante, el camino será de osados cambios para todos.

 

Cabe destacar que esta cinta en trabajaron José Revueltas y Tito Davison, se percibe el bajo mundo criminal, consecuencia y contraparte de la modernidad que distinguió al sexenio de Miguel Alemán, así como el nacionalismo que desde los treinta de esa centuria buscó “educar al indio” y hacerlo entrar en el juego de las normas sociales dispuestas para el mexicano del momento.

 

Vale la pena destacar la mancuerna que Davison hizo con el director de fotografía Gabriel Figueroa, quien para entonces ya gozaba de prestigio y reconocimiento después de diecisiete años de carrera en su oficio; incluso, había trabajado con John Ford en El Fugitivo, la exitosa cinta norteamericana filmada en 1947.

 

 

La sección Vamos al Cine con la reseña de la cinta “Medianoche” del autor Marco A. Villa, se publicó en Relatos e Historias en México número 117. Cómprala aquí.