• 27-nov-2021.

¡Vamos al cine! Les recomendamos “Chernobyl”

(Johan Renk, 2019)

La Redacción

El pasado abril se cumplieron 35 años de esta tragedia; por ello, la traemos a la memoria recomendándole esta multipremiada serie.

 

Fue, al mismo tiempo, la tragedia de la muerte y de la sobrevivencia. En menos de 36 horas, miles de ciudadanos soviéticos residentes en la localidad ucraniana de Pripyat hicieron maletas para nunca volver, convirtiéndose en los primeros refugiados atómicos de Europa a consecuencia de la explosión de la central eléctrica nuclear “Vladimir Ilich Lenin”, ocurrida el sábado 26 de abril de 1986. Se trataba del peor accidente de la historia nuclear y quizá también “la causa real del colapso de la Unión Soviética”, como dijera el entonces secretario general del Comité Central del Partido Comunista de la URSS: Mijaíl Gorbachov.

En la víspera del accidente, varios técnicos de la planta también llamada Chernobyl recibieron la orden de probar un sistema de autoalimentación con un reactor, con lo que podrían ahorrar energía. Enseguida desactivaron los sistemas de seguridad y comenzó el experimento pasada la una de la madrugada. Minutos después, el piso comenzó a temblar y de inmediato se produjeron varias detonaciones en el centro del reactor, cuya tapa de miles de toneladas salió disparada.

Rápidamente, una poderosa corriente de vapor radioactivo liberó uranio y grafito en un radio de cientos de metros. Y desde el enorme hoyo que se abrió, se disparó una llama cargada de partículas tóxicas de cerca de un kilómetro hacia el cielo ucraniano, quedando a merced de los vientos que en pocos meses propagaron los altos niveles de radiación a otros destinos. “El estallido fue multicolor, brillante. Naranja, azul, rojo sangre; un arcoíris. ¡Fue hermoso!”, recordaría un operador.

Es probable que no pocos en Pripyat hayan pensado lo mismo, dado el furor con el que salieron de sus moradas para atestiguar el espectáculo, según se observa en Chernobyl, la serie de cinco capítulos rodada mayormente en la central nuclear lituana de Ignalina, planta hermana de la del siniestro. Hay que recordar que Pripyat fue levantada en los setenta para albergar a los varios miles de trabajadores de Chernobyl y sus familias, además de ser considerada la ciudad del futuro, dada la relevancia del proyecto nuclear de la URSS, del que formaba parte importante.

El director de la serie, el sueco Johan Renck, comentó que lo peligroso fueron “las mentiras, la arrogancia y la supresión de la crítica”, lo que devela el tono de su producción en torno a la postura sigilosa del gobierno soviético ante el acontecimiento. Para muchos otros, la URSS también incurrió en tergiversaciones y negligencia: el dato de víctimas oficiales apenas cercano a las 31 personas, la falta de medidas clínicas adecuadas, la celebración del 1 de mayo siguiente que expuso a miles a altas dosis de radiación, entre otras situaciones.

Aunque con su carácter de ficción, la serie da cuenta de algunas de esas circunstancias y a la vez honra a la ucraniana Svetlana Alexiévich, ganadora del Nobel de Literatura (2015), quien a fines del siglo XX recogió en Voces de Chernobyl sentidos testimonios de la tragedia nuclear y sus efectos. Asimismo, se destaca el rol de la comunidad científica soviética, encabezada por Valeri Legásov, que trabajó desde su trinchera para contener la catástrofe, al igual que el de los cientos de miles de liquidadores que contribuyeron a contener, calle por calle, casa por casa, en bosques y aldeas, los efectos en las semanas posteriores.

 

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Chernobyl