• sábado, 23 de febrero de 2019.

¿Quién fue consejero de Iturbide y maestro de Juárez?

Por: Tomás Federico Arias Castro

 

La huella en México del presbítero costarricense Florencio del Castillo

 

 

Origen y formación

 

Nacido en la ciudad colonial costarricense de Ujarrás (perteneciente al cantón de Paraíso de la provincia de Cartago) el 17 de octubre de 1778, el joven Florencio fue hijo de la señora Cecilia del Castillo Villagra y del fraile Luis de San Martín de Soto, cura del lugar, razón por la que se le bautizó únicamente con los apellidos maternos.

 

A temprana edad viajó a Nicaragua, donde ingresó a la carrera eclesiástica en el Seminario Conciliar de León. Se ordenó como sacerdote en 1802 y laboró como profesor de geometría en ese centro de estudios. Para 1806 regresó a Costa Rica y fue nombrado párroco de Villahermosa (actual provincia de Alajuela). Por el deseo de continuar sus estudios canónicos, regresó en 1808 a León, donde se desempeñó como profesor de filosofía, examinador sinodal, promotor fiscal y vicerrector del citado seminario.

 

El primer diputado de Costa Rica

 

Fue en ese mismo 1808 cuando los ejércitos franceses invadieron España, produciendo la renuncia del monarca Carlos IV y su abdicación a favor de su hijo Fernando VII, el cual, a su vez, fue destronado a favor de José Bonaparte (hermano del emperador francés Napoleón), lo que ocasionó la organización del pueblo español en grupos de resistencia llamados juntas.

 

Dichos grupos organizaron en la ciudad de Cádiz la Junta Central en 1810, la cual convocó a Cortes (asamblea representativa) para enfrentar la invasión francesa. Para congregar a dicho órgano no solo se requirió a diputados del territorio peninsular español, sino también a legados de los virreinatos de las Indias en América.

 

Dado que la provincia de Costa Rica no contaba con la población suficiente para elegir a un representante, se unió al entonces partido de Nicoya (actual provincia de Guanacaste). Tras un sorteo en el que se colocó su nombre junto al de otro sacerdote y un jurista, el presbítero Florencio del Castillo resultó escogido como enviado costarricense.

 

Presidente de las Cortes de Cádiz

 

Tras un arduo viaje, Del Castillo arribó a territorio hispano, donde se juramentó ante las Cortes en el templo de San Felipe Neri en julio de 1811. Como quedó plasmado en las actas del órgano legislativo, se destacó por su oratoria, trabajo y sapiencia. Así, se convirtió en el primer diputado en la historia de Costa Rica.

 

Entre sus principales logros, sobre todo a favor de los indígenas, estuvo la abolición de cuatro crueles figuras: la encomienda, el repartimiento, el tributo y la mita, a lo que se unió no solo el éxito que tuvo para que varios pueblos costarricenses adquiriesen la categoría jurídica de ciudades, sino también el convertirse en uno de los 384 firmantes, en marzo de 1812, de la afamada Constitución de Cádiz, la primera norma fundamental de la historia española y de sus dominios.

 

No obstante, su impronta más destacada dentro de las Cortes fue la que recibió en 1812, cuando sus colegas lo designaron, respectivamente, secretario y vicepresidente de dicho órgano, hasta que en mayo de 1813 tuvo el honor de ser electo como su presidente.

 

En tierras mexicanas

 

Poco después de la disolución de las Cortes y el regreso de Fernando VII al trono español, y por recomendación de varios diputados novohispanos que conocieron bien su talento, el presbítero Del Castillo recibió el designio real como nuevo canónigo (autoridad del cabildo) de la catedral de Oaxaca. Por esta razón viajó a Nueva España en 1814, en lugar de a Costa Rica.

 

En los siguientes seis años se mantuvo en su canonjía oaxaqueña, hasta que los acontecimientos independentistas de 1821 le dispusieron un nuevo episodio.

 

Consejero de Iturbide

 

Una vez instalado como presidente de la llamada Regencia a fines de septiembre de 1821, Agustín de Iturbide convocó a una junta de autoridades eclesiásticas para definir el rumbo de las relaciones de estas con el naciente gobierno autónomo. Asunto que, en lo referente al obispado de Oaxaca, recayó en el presbítero Del Castillo, quien viajó a la capital mexicana para representar a dicha diócesis.

 

Para febrero de 1822 y debido, de nuevo, a su intelecto, el costarricense resultó electo como uno de los cuatro diputados suplentes del antiguo Reino de Guatemala en el primer Congreso constituyente de la historia mexicana, pues dicho territorio había sido invitado a participar en dicha asamblea, designio que mantuvo hasta junio, cuando fue invitado por Iturbide, emperador de México desde mayo de ese año, a formar parte de su consejo de Estado, lo cual aconteció por la profunda impresión que dicho religioso le ocasionó en la junta eclesiástica, así como en el órgano constituyente.

 

Un mes después, en julio de 1822, Del Castillo integró el séquito de sacerdotes oficiantes de la ceremonia de coronación del ahora llamado Agustín I en la Catedral Metropolitana de Ciudad de México. Se mantuvo en el importante cargo de consejero hasta marzo de 1823, cuando se produjo la caída del llamado Primer Imperio mexicano.

 

De vuelta a Oaxaca

 

A mediados de 1823, Del Castillo regresó a la diócesis oaxaqueña y se reincorporó a su puesto canonical.  Dados los conflictos políticos que México afrontaba por aquella época, Oaxaca había optado por separarse del país y conformar su propio Congreso provincial –el primero de su historia–, resultando elegido el costarricense como diputado y primer presidente de dicho ente.

 

Sin embargo, tras una serie de negociaciones políticas, en septiembre de 1823 las autoridades oaxaqueñas depusieron su separatismo –no apoyado de por sí por Del Castillo– y se reincorporaron al resto de la nación mexicana, la cual había adoptado un modelo de república federal. Como resultado, Oaxaca estableció su primer Congreso constituyente en 1824, del cual no solo formó parte Del Castillo, sino que fue nombrado su presidente. Así, se emitió la pionera Constitución política del estado en enero de 1825.

 

Con posterioridad, el religioso desempeñó varias funciones públicas en esa entidad: catedrático en Derecho Constitucional (1825-1834), el primero de la historia oaxaqueña; integrante de la Junta Calificadora de Imprenta (1827); diputado del segundo Congreso constitucional (1827-1829) y coautor del Código Civil (1827-1829), que fue el primero de la historia mexicana. A ello se unió su candidatura, en 1829, a obispo de las diócesis de Oaxaca y Puebla, así como al arzobispado de México, las que no se materializaron.

 

Maestro de Juárez

 

Para marzo de 1830, el presbítero asumió la dirección del Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca –creado en 1826–, hecho culmen de su carrera docente y que propició su asistencia a la ya citada evaluación académica del joven estudiante de Jurisprudencia Benito Juárez. Para 1831, la relación entre ambos se estrechó aún más, pues Juárez fue nombrado por Del Castillo como catedrático de Física y miembro de la junta directiva del instituto.

 

En el mismo 1831 el costarricense fue designado canónigo chantre (principal dirigente del coro) de Oaxaca. En 1832, un retrato suyo fue colocado en la sala magna del Instituto de Ciencias y Artes, del cual dimitió en abril de 1834, asumiendo entonces como nuevo gobernador de la sagrada mitra (máxima autoridad interina) del obispado oaxaqueño.

 

 

Esta publicación solo es un extracto del artículo "Consejero de Iturbide y maestro de Juárez" del autor Tomás Federico Arias Castro que se publicó en Relatos e Historias en México número 124. Cómprala aquí