Las bicicletas Niña hermosa

Jaime Bali Wuest

Las bicicletas, consideradas hoy uno de los vehículos consentidos del siglo XXI, fue motivo de gran revuelo desde la primera ocasión en que alguien fue capaz de construir y conducir un ingenio de dos ruedas, utilizando los pies que se alternaban tocando el piso para lograr el impulso. Lo anterior ocurrió cuando apenas corrían los últimos años del siglo XVIII. Más adelante la Revolución Industrial haría posible la creación de un nuevo modelo, cuando en 1845 un obrero escocés que respondía al nombre de Kirkpatrik Mac Millan creó un mecanismo que permitió la incorporación de pedales a una de las ruedas que, accionados con las piernas, dieron lugar al nacimiento del ciclista moderno.

 

 

La segunda mitad del siglo XIX vería la aparición de las bicicletas con llantas de caucho y la aplicación de la transmisión de cadena para darle la velocidad que hoy conserva; después, el señor Dunlop aportó los neumáticos inflables, más tarde mejorados por los hermanos Michelin.

 

La imagen de la bicicleta que hoy conocemos responde básicamente a los modelos que técnicos e industriales de diferentes países lograron y consolidaron en los primeros años del siglo XX. Este fabuloso artilugio, resultado del avance técnico y científico de la humanidad le abrió nuevos horizontes a la comunicación. Hizo que las personas de escasos recursos pudieran contar con un vehículo para transportarse del hogar a su trabajo y cubrir las necesidades del transporte elemental en lugares alejados, además de servir al mismo tiempo de medio de transporte para actividades de trabajo como lechero, afilador de cuchillos, repartidor de periódicos, etc. (como ocurrió en México).

 

En México la bicicleta fue un acontecimiento extraordinario, reservado primero para las capas medias y altas de la población. Su llegada causó furor y se convirtió en uno de los pasatiempos favoritos de los jóvenes, los paseos se pusieron de moda y las mujeres, aun las más tradicionales, terminaron montándola a la usanza moderna (no había otra forma de hacerlo) pasando las piernas por arriba del cuadro, lo que significó un fenómeno liberador para la mujer de esa época.

 

En muchas ciudades y pueblos la bicicleta se volvió el vehículo preferido. Prácticamente todas las ciudades y pueblos del altiplano mexicano se convirtieron en lo que algunos llamaron equivocadamente pueblos bicicleteros. Fue tal el auge de este vehículo que al terminar la primera mitad del siglo XX se organizó por primera vez la vuelta ciclista conocida como “la vuelta a México”.

 

Sin embargo la modernidad mal entendida, con el arribo aparatoso de automóviles y camiones terminó por sacar a las bicicletas de las calles y bajó considerablemente su uso. Hoy la bicicleta ha vuelto a nacer, es uno de los ingredientes necesarios para recomponer el medio ambiente y la mejor convivencia de los ciudadanos. El artilugio de dos ruedas impulsado únicamente por los pies en el suelo, convertido hoy en magnífico artefacto aerodinámico, nos permite volver a decir felizmente “las bicicletas niña hermosa son las que andan por ahí…” 

 

"Las Bicicletas" con el Mariachi Silvestre Vargas

 

 

 

“Las bicicletas Niña hermosa” del autor Jaime Bali Wuest y se publicó íntegramente en la edición de Relatos e Historias en México, núm. 6.