La renuncia obligada del general Victoriano Huerta a la presidencia de México en julio de 1914, y la disolución del ejército federal, el 13 de agosto siguiente, pusieron un punto final (temporal) al uso de las armas para buscar la construcción parlamentaria del país. La variopinta composición social, así como las exigencias surgidas entre los combatientes durante los meses de guerra contra el régimen espurio, obligaron a que el líder de la revolución constitucionalista, Venustiano Carranza, expidiera el 1 de octubre una convocatoria para preservar su liderazgo político: llamó a una convención de jefes revolucionarios en el edificio de la Cámara de Diputados de la Ciudad de México.
Para entonces, su ruptura con el general Francisco Villa era evidente, y ante los diferentes representantes de la revolución indicó: “Ustedes me confiaron el mando del Ejército Constitucionalista, ustedes pusieron en mis manos el Poder Ejecutivo de la Unión; estos dos depósitos sagrados no pueden ser entregados por mí sin mengua de mi honor y sin ruina del país, a solicitud de un grupo de jefes descarriado
Don Venustiano no estuvo de acuerdo y cuadró a sus leales. La premisa del momento era: están conmigo o en mi contra. El Ejército del Noroeste, encabezado por Álvaro Obregón, y el Ejército del Noreste, al mando de Pablo González, no le dieron muchas vueltas al asunto: preferían al denominado Primer Jefe del Ejército Constitucionalista en lugar de la quimera convencionista, que al final del día no lideraba Eulalio, sino Villa. Así, los constitucionalistas se replegaron a regiones favorables como Veracruz, donde Carranza instaló su gobierno apoyado por el gobernador y comandante militar Cándido Aguilar. Mientras tanto, Villa avanzó en plan ofensivo desde Aguascalientes hacia la Ciudad de México. El 6 de diciembre la División del Norte y el Ejército Libertador del Sur, de Emiliano Zapata, entraron triunfalmente a la capital de la República.
El debate sobre el plan de guerra también tuvo sinsabores. El general Felipe Ángeles insistió en que se acosara inmediatamente a Carranza desde Puebla y se avanzara sobre Veracruz. Finalmente, en una controvertida decisión, Villa optó por presionar otros frentes como Guadalajara y Monterrey, además de ejecutar una gran ofensiva sobre el puerto de Tampico para hacerse de los ingresos petroleros en manos del ejército de Carranza. Si esto vislumbraba un plan nacional de la División del Norte, al final resultó inalcanzable debido a los diversos reveses militares.
El general Obregón, con todas las facultades de mando expedidas por Carranza, ordenó marchar de Veracruz hacia Puebla el 5 de enero de 1915, mientras que el presidente provisional de la Convención, Eulalio Gutiérrez, se desatendió de su alianza con Villa y afrontó graves problemas para mantener el orden en la capital de México. El 26 de enero la abandonó y se dirigió a San Luis Potosí, donde Eulalio supuso que podría reunir una fuerza alternativa capaz de enfrentarse con Villa y Carranza. Los suyos fueron derrotados y se exilió en Estados Unidos.
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Referencia:
Gerardo Díaz, “Las batallas del Bajío de 1915. La derrota de Pancho Villa frente a Álvaro Obregón”, Relatos e Historias en México, núm. 214, Agosto, 2026, p. 22-25.

