¿Dónde? Municipio de Camarón de Tejeda, Veracruz.
¿Cuándo? 30 de abril de 1863.
¿Quiénes? La 3raCompañía de la Legión Extranjera francesa al mando del capitán Jean Danjou, con aproximadamente 65 hombres / Tropas de la Guardia Nacional mexicana bajo el mando del comandante Francisco de Paula Milán, con aproximadamente 850 hombres.
¿Por qué? Para mantener abastecido al Ejército de Operaciones francés que asediaba Puebla, se ordenó a la Legión Extranjera que patrullara y resguardara el trayecto entre Veracruz y Córdoba que era asediado por fuerzas republicanas.
¿Qué pasó? En víspera del avance de un convoy francés de La Soledad hacia Córdoba, se ordenó a un regimiento de la Legión Extranjera que patrullara. Los miembros de la Guardia Nacional, que esperaban interceptar ese cargamento, los enfrentaron.
Resultado. La superioridad numérica mexicana destruyó casi por completo a las fuerzas francesas, que tuvieron 20 bajas, mientras que los supervivientes, en su mayoría heridos de gravedad, fueron tomados como prisioneros. Esta acción de significativo valor es conmemorada aún por el ejército francés. Aunque el convoy no fue interceptado, los prisioneros fueron canjeados más tarde por mexicanos cautivos.
A su llegada a México el 25de marzo de 1863, la Legión Extranjera francesa recibió una orden fundamental para el plan de invasión: garantizar la seguridad de las líneas de suministro entre
Veracruz y Córdoba, como parte del apoyo al ejército de operaciones que asediaba la ciudad de Puebla.
En un país geográficamente desconocido para ellos, esa fue una tarea brutal. En primera instancia, por las condiciones climáticas tropicales que no sólo los deshidrataba rápidamente, sino por las enfermedades endémicas de la zona como la fiebre amarilla, para la cual no tenían inmunidad previa. En segunda instancia, porque los mexicanos conocían a la perfección el terreno y atacaban por sorpresa en múltiples sitios con diferentes cuerpos de caballería. Por lo tanto, para atender eficazmente la defensa de esta línea de comunicación, los casi 2,000 soldados del regimiento extranjero tuvieron que fragmentarse, exponiéndose a quedar débiles numéricamente ante cualquier embate mexicano.
El regimiento se dividió en dos batallones con cuatro compañías cada uno. La primera se posicionó entre los pueblos de Atoyac y Paso del Macho; ahí recibió la tarde del 29 de abril la misión de asegurar el paso para un convoy que transitaría al día siguiente el camino entre La Soledad (hoy de Doblado) y Córdoba con diverso tipo de carga, desde municiones de sitio hasta pagaduría destinada a Puebla.
Para explorar el terreno se dispuso a la 3a Compañía liderada por el capitán Jean Danjou, un hombre curtido en diversos combates y cuya principal característica física imponía temor y respeto: una prótesis de madera que utilizaba en su mano izquierda tras perderla en Argelia. Un problema significativo de dicha compañía fue que se encontraba sumamente mermad y hospitalizada; sus hombres presentaban la temible fiebre y vómito. De hecho, el mismo Danjou, que no era su líder nominal, y los oficiales bajo su mando –subtenientes Napoleón Vilain y Clément Maudet– se presentaron como voluntarios.
Así, con tan solo la disposición de 65 hombres de los 120 que debían ser, Danjou preparó a su equipo durante la madrugada del 30 de abril y partió. A las siete de la mañana, la compañía empapada en sudor hizo un alto al percibir signos sospechosos: ¡enemigos y a caballo! Con valor, calaron bayoneta y adoptaron una formación de cuadro para enfrentar al enemigo. Éste resultó abrumadoramente superior; era la caballería de la llamada Brigada del Centro comandada por el coronel Francisco de Paula Milán, fuerte en 200 jinetes y seguramente con la infantería pisándole los talones.
Los bravos franceses rechazaron un par de ocasiones el intento de quebrar su cuadro. Para su fortuna, el enemigo tenía poca experiencia militar y se intimidó con su férrea formación que logró tirar a más de uno de su caballo, causándoles la muerte. Danjou vislumbró un tejado, era una precaria casita abandonada en las inmediaciones del poblado más próximo: Camarón. Aprovechando la confusión del enemigo tras el mortal intercambio de fuego, logró que sus hombres se refugiaran ahí; se parapetaron en el interior y abrieron aspilleras en las paredes para hacer fuego.
Eran ya las nueve de la mañana. Estaban completamente rodeados por el enemigo y sus suministros perdidos en la caótica retirada. Una hora después, los hombres de Milán enviaron un parlamentario en el que informaron la inminente llegada del resto de la brigada, fuerte en 650 infantes. La respuesta fue seca: “tenemos municiones; no nos rendiremos”. ¿Qué crees que pasó después? Sigue leyendo el artículo completo en la revista núm 213.
¿Cómo citar este artículo?
Gerardo Díaz, “No nos rendiremos. La batalla de Camarón, 30 de abril de 1863 ”, Relatos e Historias en México, núm. 213, Julio, 2026, pp. 74-77.

