• martes, 26 de marzo de 2019.

El "siglo de oro" de la piratería

Por: José Manuel Alcocer

En el siglo XVII la piratería en el Caribe alcanzó su mayor desarrollo. Era una actividad que se había convertido en otra fuente de riqueza para varios países europeos, tanto como lo fue el comercio de esclavos o las plantaciones en varias regiones del planeta. Las secuelas de la guerra de los Treinta Años en Europa (1618-1648) debilitaron el poderío naval español, lo que fue aprovechado por Francia e Inglaterra, y más tarde por Holanda.

La presencia filibustera en las costas de Campeche se inició recién comenzado el siglo XVII. En 1607 se tuvo conocimiento de una posible invasión, lo que motivó que se llevase a cabo una movilización militar para ahuyentar a los enemigos. En 1632 el puerto se vio nuevamente amenazado, esta vez por seis urcas en espera del arribo de algún bergantín, pero desistieron de su empeño. Un año después, Campeche sería atacado por una flotilla holandesa enviada por la compañía de las Indias Occidentales, con sede en Ámsterdam, con el objetivo de arremeter contra los puertos más importantes del Caribe español.

La villa era una población en armas, vigilante del horizonte marino, y que temía ver aparecer una vela desconocida. En 1644 se descubrió una flota de trece navíos de alto bordo, con 1 500 hombres bien armados y comandados por el filibustero Jacobo Jackson, quien se hacía llamar Conde de Santa Catalina. Una milicia llegada de Mérida y los vecinos de la villa se aprestaron a la defensa, intimidando al enemigo, que solamente pudo robarse algunas reses y ornamentos religiosos.

Otro episodio ocurrió el 27 de enero de 1661, cuando se presentó frente al muelle campechano una flotilla de trece naves al mando de Henry Morgan. Él no desembarcó, pero se apropió de dos fragatas de comercio que acababan de arribar. Dos años después, Campeche volvió a ser presa de otra acometida pirata por parte de Eduard Mansvelt, quien desde la Isla de la Tortuga (hoy territorio haitiano) organizó su expedición sobre Campeche.

Ese mismo año de 1663, la villa recibió la visita de dos filibusteros más: Bartolomé “El Portugués”, quien hurtó ganado y maíz, y Rock Brasiliano, que logró apropiarse de un navío. Las crónicas cuentan que todo lo recaudado en estos atracos se lo gastaron en las tabernas de la Isla de la Tortuga.

El 31 de marzo de 1672 Campeche sería nuevamente violentada con el amago del famoso pirata conocido como Lorencillo,[1] quien desembarcó por el barrio de San Román, donde prendió fuego a dos fragatas que se estaban construyendo en los astilleros y robó un buque procedente de Veracruz cargado de mercancías y 120 mil pesos en barras de plata. Al año siguiente, un barco encalló en las costas campechanas debido a una tormenta. Era comandado por uno de los piratas más sanguinarios: Jean-David Nau “El Olonés”, quien haciéndose pasar por muerto logró escapar de las autoridades españolas. Al igual que su vida, tuvo un final sangriento tras ser capturado y devorado por los indios antropófagos del Darién (en el actual Panamá).

En 1678 el inglés Lewis Scott reunió en la laguna de Términos una fragata, dos balandras y ocho piraguas; su tripulación estaba integrada por 205 hombres. Se dirigieron hacia Campeche y en forma secreta desembarcaron por el Platanar, situado a una legua del puerto. De ahí, 160 hombres se dirigieron hacia Campeche y en la madrugada del domingo 10 de julio atacaron sorpresivamente. Se apoderaron de la plaza, la saquearon y cometieron toda serie de excesos, como robarse la plata del Real Erario, que el encargado de la Contaduría, en su afán de salvarla, había echado en un pozo. La presencia de los piratas duró tres días, sin que fueran molestados por efectivos militares. Después se retiraron tranquilamente cargados de oro, plata, alhajas, géneros, objetos diversos y una fragata. El saqueo fue violento, pero lo que más consternó fue el secuestro de 250 familias y cien niños, por los cuales Scott pedía un elevado rescate que al final tuvo que ser pagado.

Uno de los recuerdos que aún está presente en la memoria de Campeche es la presencia de Lorencillo y Nicolás Agramont, debido al alto costo de vidas que implicó, su larga permanencia en la villa y la destrucción que causaron.

 

Esta publicación es un fragmento del artículo “Piratas en Campeche” del autor José Manuel Alcocer y se publicó íntegramente en la edición de Relatos e Historias en México, núm. 52.

 

[1] Continuamente se confunde en las crónicas a Laurens de Graaf con Lorenzo Jácome, llamado Lorencillo.

 

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