• 12-nov-2019.

Domingo 7

Alberto Sánchez Hernández

La polarización política que se produjo en las campañas electorales de 1940 estalló con violencia el domingo 7 de julio. Las confrontaciones anunciadas por la nueva estructura corporativa del Partido de la Revolución Mexicana, para apoyar a su candidato Manuel Ávila Camacho, provocó graves disturbios, manipulaciones del voto, intervención de la policía y el ejército, y en las principales ciudades del país los choques registraron decenas de muertos y heridos.

 

El general Juan Andreu Almazán, principal opositor, había logrado aglutinar un vasto movimiento antagonista con ramas desprendidas del frondoso árbol del PRM; y al amparo de una difusa ideología liberal y anticomunista, fue apoyado por laboralistas, militares, empresarios, y el recién nacido Partido Acción Nacional.

En la beligerancia de sus discursos electorales los partidos se acusaban mutuamente de poner en riesgo la libertad y de ser aliados de un campo u otro en el terreno internacional, para azuzar a sus huestes.

En la prensa mexicana, junto a los discursos partidarios, se leían los detalles del intento de asesinato de Trotski promovido por el gobierno soviético; o la persecución franquista en España, y las notas de la invasión nazi a París; de tal modo que los rasgos de aquellos regímenes cada partido los proyectaba en sus contrincantes, convirtiéndolos en enemigos. La polarización ideológica conducía inevitablemente al choque.

El 7 de julio, muy temprano, comenzaron las refriegas; el reglamento electoral disponía que los primeros en llegar a las casillas formarían la mesa de escrutinio, y algunos cronistas aseguran que la inmensa mayoría estaba en manos de la oposición por la mañana, aunque la situación se habría invertido por la tarde, al comenzar el recuento.

Si las circunstancias de la jornada electoral de 1940 merecen mayor espacio y múltiples enfoques, una idea de lo que ocurrió el domingo 7 la dejó escrita el general Gonzalo N. Santos en sus Memorias.

Santos recuerda que aquel día el subsecretario de Gobernación, Agustín Arroyo, le habló por teléfono: “Van dos veces que intenta el presidente de la República votar en la casilla que le toca y no lo ha podido hacer porque está en poder de la oposición y lo considera indecoroso, prefiere dar tiempo para ver si los partidarios de su candidato reaccionan”.

Se refería a la casilla de Juan Escutia 35 en la colonia Condesa, cerca de Chapultepec, a donde habían llegado los simpatizantes de Almazán.

 

Esta publicación es un fragmento del artículo “Domingo 7” del autor Alberto Sánchez Hernández y se publicó íntegramente en la edición de Relatos e Historias en México, núm. 11.