• 8-abr-2020.

Alfonso Quiroz Cuarón, pionero de la criminología en México

Se enfrentó al asesino de Trotsky y al Goyo Cárdenas
Bertha Hernández

 

Su dictamen le aseguró décadas de prisión al asesino serial Gregorio Goyo Cárdenas al demostrar que no era un enfermo inimputable

 

Encontró, muy joven, los caminos de la razón que llevan a descifrar la conducta delincuencial. Ese talento le valió para dar claridad a algunos de los crímenes más sonados del siglo XX: psicópatas fuera de control, asesinos seriales, magnicidas. Ningunos de ellos pudo ocultar a los ojos de Alfonso Quiroz Cuarón, pionero de la criminología en México, los oscuros mecanismos de sus acciones.

Chihuahuense, hijo de ferrocarrilero, Quiroz Cuarón nace en febrero de 1910. El asesinato de su padre influye en su futuro profesional. Dos de sus profesores de la preparatoria hacen un examen de personalidad al homicida: intentan demostrar que no se trata de un enfermo mental, al que no se puede aplicar la ley. Años después, Quiroz llegaría a la conclusión de que en ese momento se define su vocación.

Con dieciocho años, llega a la capital para estudiar en la Escuela Médico Militar. Al poco tiempo, presencia el revuelo armado por el asesinato de Álvaro Obregón en 1928. Como tantos otros, sigue con atención las investigaciones policiales y el proceso judicial. Al joven Quiroz le interesa especializarse en los estudios de personalidad de criminales, en comprender la utilidad de las necropsias. El futuro criminólogo encuentra así su camino.

En 1930 ya era practicante en el Servicio Médico Forense del Distrito Federal. Poco a poco asciende; se interesa por la traumatología y la sexología. Con sus maestros, que estudian a los reclusos en la penitenciaría de Lecumberri, se adentra en la psiquiatría forense y estudia en la UNAM. Al final resuelve no titularse de médico, sino de criminólogo, especialidad que nadie ha cursado antes que él. En el verano de 1940 ya es doctor en criminología y le toca enfrentarse a algunos de los delincuentes más sorprendentes de su tiempo.

 

El gran caso

Su salto a la fama no podía ser más notorio: en agosto de 1940, el revolucionario ruso León Trotsky es herido de muerte en su casa de Coyoacán. La misma noche del atentado, el juez Raúl Carrancá y Trujillo visita a Quiroz y lo invita a hacer el estudio de personalidad del atacante, que dice llamarse Jacques Monard. Junto con el perito José Gómez Robleda se enfrentan al magnicida.

Monard, no de muy buena gana, accede a que hagan el estudio de su personalidad. El proceso dura seis meses. Los peritos conversan con él, juegan a las cartas, escuchan el relato de sus sueños y los interpretan. Concluyen que, además de ser mitómano, Monard no era quien decía ser. Además, identifican vínculos amistosos con el muralista David Alfaro Siqueiros.

Con una grabación del asesino y la ayuda de una especialista en fonética, echan por tierra la versión de que el asesino de Trotsky era belga, y sí nativo de la zona española cercana a los montes Pirineos. Aun así, Quiroz Cuarón tardó una década en determinar la identidad verdadera de Monard: en Barcelona halla la verdad. Las huellas dactilares que el criminólogo ha llevado a Europa pertenecen a Ramón Mercader del Río, catalán, hijo de una notoria militante socialista.

 

Tras los criminales

El México de los años cuarenta y cincuenta es el escenario de crímenes brutales en cuyas investigaciones interviene Quiroz Cuarón. Su dictamen le asegura décadas de prisión al asesino serial Gregorio Goyo Cárdenas, al demostrar que no es un enfermo inimputable. Al contrario, demuestra que Higinio Sobera de la Flor, el Pelón, que un día de 1952 siembra el pánico en una enloquecida carrera por la capital del país que deja dos muertos, sí es un enfermo mental y no un sujeto extravagante consentido por su familia.

El criminólogo fundó el área de Investigaciones Especiales en el Banco de México para prevenir falsificaciones de papel moneda. En ese campo, su rival fue un famoso personaje: Enrico Sampietro, seudónimo del francés Alfredo Héctor Donadieu, cuya pista siguió durante ocho años y al que finalmente localizó escondido en Iztapalapa.

Fallecido en 1978, Quiroz Cuarón soñó mucho tiempo con la creación de una licenciatura en investigación policiaca, convencido de su utilidad. Ese sueño apenas ha empezado a convertirse en realidad.