A principios de la década de 1920 el conocimiento de la mayoría de las personas mexicanas acerca de Italia era superficial. Se le pensaba, sobre todo, como el corazón del mundo católico y sede del papado romano. Sólo la élite ilustrada asociaba a Italia con la cultura clásica y renacentista que tanto admiraba, y estaba al tanto de sus novedades políticas y expresiones artísticas en boga. Incluso, en algunos círculos intelectuales se reivindicaba una tradición latina que emparentaría a Italia con la América hispana y lusitana. Las esporádicas noticias sobre Italia en la prensa mexicana, provenientes casi siempre de medios estadunidenses, daban cuenta del carácter violento de las milicias del Partido Nacional Fascista (PNF), fundado en 1919 por Benito Mussolini, y de su creciente fuerza política. Hasta que las noticias se acrecentaron con la Marcha sobre Roma, realizada por los “camisas negras” del PNF en octubre de 1822, que como resultado de esta expresión de fuerza, el rey Víctor Manuel III nombró primer ministro a Mussolini. La prensa mexicana, se estaba hablando de manera extensa y favorable “del despertar político, intelectual y literario” de Italia, con excepción de algunos periódicos que creían que el fascismo era la versión italiana del conservadurismo mexicano. En las conversaciones se hablaba de las supuestas semejanzas entre ambas naciones, a saber, religión, gusto por las artes y monumentos, colores de las banderas, clima, carácter de sus habitantes e, incluso, la forma de bota de los respectivos territorios. Italia se había puesto de moda en México.
(…) ¿Sabes en qué ciudad mexicana se fundó la primera organización fascista, solo tres semanas después de que Mussolini asumiera el cargo? Cuyo propósito era contrarrestar el radicalismo emanado de la Revolución.
La aparición de núcleos fascistas en varias ciudades propició que el liderazgo nacional se trasladara a la Ciudad de México. El 9 de diciembre de 1922 se realizó en esa capital una asamblea de “personas honorables y de representación social” convocada por el ingeniero, cineasta y periodista Gustavo Sáenz de Sicilia. El organizador declaró que había recibido adhesiones de al menos cien mil personas de todo el país. En la reunión se acordó la fundación del Partido Fascista Mexicano (PFM) y se redactó un manifiesto con su programa general, el cual fue ampliado en abril de 1923.
Gustavo Sáenz de Sicilia, apodado el Gallo, fue el primer presidente del PFM, aunque para abril de 1923 había sido relevado por el veracruzano Guillermo Pous, dirigente también de la Unión de Sindicatos de Agricultores del país (integrada por terratenientes), la cual se adhirió al partido. Según Sáenz de Sicilia, para febrero de ese año el PFM contaba con 100,000 militantes y 420 oficinas en todo el país; 36 agentes recorrían el país para reclutar nuevos miembros y 7 periódicos locales se habían adherido a su causa, de ahí que estimara que en seis meses serían más de un millón de afiliados
PERO SE EXTINGUIÓ AL AÑO SIGUIENTE
Casi de inmediato surgieron rumores acerca de los objetivos e intereses del PFM que a la postre también resultaron exagerados. Se dijo que se trataba de un partido compuesto por miembros conservadores de la clase alta, que, a diferencia de su homólogo italiano, no se dedicaba a golpear obreros ni a arrancar banderas rojinegras de los establecimientos en huelga. Incluso, se insinuó que su verdadero líder, desde las sombras, era el delegado apostólico Ernesto Filippi. Según el historiador Franco Savarino, esa sospecha, a pesar de su falsedad, fue el verdadero motivo por el cual el presidente de la República, Álvaro Obregón, decidió echar del país al representante del Vaticano, y no por presidir la ceremonia de colocación de la primera piedra del monumento a Cristo Rey en Silao, Guanajuato, como se ha dicho. Es probable que, en efecto, Obregón haya utilizado aquel rumor como un pretexto más para la expulsión; después de todo, las relaciones entre el gobierno mexicano y la Iglesia católica estaban ya deterioradas y empeorarían a partir de entonces hasta llegar a la guerra religiosa de 1926 a 1929.
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También se publicó que el PFM recibía recursos de las empresas petroleras extranjeras y de los hacendados de la Unión de Sindicatos de Agricultores, y que postularía a un candidato a la presidencia de la República para las elecciones de 1924. Con ese propósito el clero católico mexicano y el estadounidense habrían proporcionado un millón de pesos destinado a crear un periódico en la capital del país, y diez millones más para la campaña. También se rumoró que el PFM estaba aliado con Félix Díaz quien, supuestamente, preparaba un levantamiento armado. Los hechos posteriores sugieren que tales señalamientos tampoco tenían fundamento. Asimismo, hubo rumores de que el PFM se había sumado al levantamiento armado encabezado por Adolfo de la Huerta para de- rrocar al gobierno de Obregón, entre diciembre de 1923 y febrero de 1924. Sin embargo, no existe evidencia que los sustenten; de hecho, es bastante probable que sean falsos, en virtud de que por esos meses el naciente partido no estaba en condiciones de comprometerse con una empresa militar. En cambio, se sabe que De la Huerta tenía mala opinión del movimiento, al que consideraba “un grito de guerra del elemento conservador contra el pueblo mexicano que apoya el progreso del proletariado hacia la mejora social”.
Los fascistas mexicanos fueron seducidos por el discurso anticomunista y por la pretensión fascista de constituir una alternativa, tanto para el temido socialismo como para el materialismo e individualismo capitalistas. Carleton Beals, un militante comunista que se convirtió en corresponsal de la influyente revista estadounidense Current History, la cual publicaba amplios reportajes sobre temas internacionales, algunos de ellos reproducidos por periódicos mexicanos. Realizó un estudio comparativo entre el fascismo mexicano y el italiano publicado en la revista estadounidense “Current History”, durante su estadia de dos años en nuestro país, siendo testigo ocular del ascenso del PNF.
Unos días antes de las elecciones presidenciales celebradas en julio de 1924, el representante de Italia en México, Giovanni Batista Mocenigo, señaló que el Partido Fascista Mexicano era…
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¿Cómo citar este artículo?
Jesús Hernández Jaimes, “Partido Fascista Mexicano. El primero en América Latina (1923)”, Relatos e Historias en México, núm. 210, Abril, 2026, pp. 50-61.

