• miércoles, 22 de mayo de 2019.

Santa, Santa Mía

Los inicios del cine sonoro
Por: Fernando Cruz Quintana

En 1931 se exhibió en México la primera película grabada directamente con sonido. Su realizador, Antonio Moreno, logró un notable éxito con la segunda adaptación de Santa, la novela de Federico Gamboa, protagonizada por actores reconocidos y con tema musical de Agustín Lara: era el comienzo de una gran industria.

 

Poco más de treinta años transcurrieron entre la llegada del cinematógrafo a México y el fin de la etapa silente del cine nacional. En noviembre de 1931 comenzó la filmación de la que se considera la primera película sonora mexicana: Santa, dirigida por el español Antonio Moreno.

Previo al estreno de Santa, algunas circunstancias habrían de guiar la transición del cine mudo hacia el sonoro. En 1927 el elemento acústico en la cinematografía se consolidó con el estreno de El cantante de jazz (Alan Crosland), filme estadunidense que por primera vez presentó algunas escenas en donde el sonido se incluía como parte de la cinta. Esta película sentó un precedente que revolucionaría la manera de hacer cine en todo el mundo.

Esta película constituyó la segunda adaptación cinematográfica de la novela homónima de Federico Gamboa, ya que en 1918, Luis G. Peredo había filmado una versión silente. Además de Antonio Moreno en la dirección, se contó con el camarógrafo canadiense Alex Phillips y los actores Lupita Tovar (para el papel de Santa), Carlos Orellana (Hipólito), Donald Reed (Marcelino) y el cubano Juan José Martínez (torero “Jarameño”).

Aparte de contar con este grupo tan destacado de cineastas, productores y actores, se justificó la aparición del sonido en el cine nacional con la inclusión del célebre cantante Agustín Lara, quien fue el encargado de realizar el tema de la cinta. Aquella canción inolvidable que acompañó el estreno de la película aún reverbera en los oídos del pueblo mexicano.

Emulando las dotes de una verdadera santidad, Santa realizó el milagro de crear una audiencia encantada con su propio cine y auspició el inicio de la industria cinematográfica nacional, que tan sólo unos años más tarde se consolidó como uno de los sectores productivos más importantes de todo el país. En el altar de las obras predilectas del pueblo mexicano, Santa tiene un lugar privilegiado. Mito fundacional del cine sonoro, el relato de la joven abandonada que tiene que probar suerte en el mundo prostibulario quedará por siempre grabado en la memoria de México: Santa, alabada sea su historia.

 

Esta publicación es un fragmento del artículo “Santa, Santa Mía” del autor Fernando Cruz Quintana y se publicó íntegramente en la edición de Relatos e Historias en México, núm. 41.

 

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