• 18-jul-2019.

Ser o no ser “fifí”

Marco A. Villa

 

¿De dónde viene exactamente el término fifí?

 

 

“Cuando en la mesa llegó el turno de hablar de México”, la anfitriona dijo que la capital “es ciertamente un pequeño París, de lo que tenía completa razón”, escribió la noruega Margaret Ann Plahte en la carta que envió desde La Habana en abril de 1911, en la víspera de su arribo a nuestro país. Al imaginar esta estampa de finales del Porfiriato, es preciso mencionar que el largo periodo presidencial del general Díaz se caracterizó por su empeño y el de los círculos aristócratas que lo respaldaban en permear la cotidianidad urbana nacional de los sofisticados vientos europeos –principalmente lo francés– en cuanto a moda, arte y costumbres.

 

Funcionarios y diplomáticos, algunos intelectuales y empresarios, más una legión de profesionistas prósperos que aspiraban a ser parte de la alcurnia, fueron seguramente los fifís de aquella época. Presumían estilo, derroche, autenticidad y frenesí. Y es que quizá no había alguno de ellos que no se postrara ante los ecos culturales provenientes de la Ciudad de la Luz y de otras capitales europeas.

 

Pero, ¿De dónde viene exactamente el término fifí? Para la Real Academia Española se trata de una persona presumida que gusta de seguir modas. Para el Diccionario de Oxford es alguien que “tiene modales y actitudes delicados y exagerados”. Sin embargo, encontramos una referencia más precisa en el cuento Mademoiselle Fifi de 1882, escrito por el francés Guy de Maupassant, en el que al personaje Wilhem d’Eyrik le venía este sobrenombre “de su coquetería, de su talle delgado que se diría hecho por un corsé, por su cara pálida donde su naciente bigote aparecía apenas”, y por usar la expresión en francés “fi, fi doc”, que significa algo así como “vete de aquí”. Otra versión de su origen la empalma con la voz francesa fifille, que nombra a una niñita, nenita o hijita.

 

Ya en el siglo XX, el término tiene su peculiar historia ligada a la prensa. En el otoño de 1920, por ejemplo, en Ciudad Victoria, Tamaulipas, veía la luz El Fifí. Bisemanario Humorístico, con noticias, frases, dichos y anuncios. En la capital mexicana el concepto daba también de qué hablar y así lo demostraba el poeta jalisciense Salvador Escudero –quien fuera incondicional de Adolfo de la Huerta durante sus andanzas militares y políticas–, quien incluyó en su Imprecación al fifí, publicado en El Universal Ilustrado hacia 1925, estos versos: “Tu destino es el fútil destino de bailar/ de beber a sorbitos tu cocktail en el bar […] Fifí privilegiado del bastón y el clavel”.

 

Y como hemos visto en fechas recientes, el concepto no solo sigue vivo en pleno siglo XXI, sino que además sigue causando controversia.

 

 

La breve "Ser o no ser fifí" del autor Marco A. Villa se publicó en Relatos e Historias en México número 129. Cómprala aquí